En el sexto episodio de La Casa del Dragón, Rhaenyra Targaryen recorre los pasillos de la Fortaleza Roja apenas horas después de dar a luz. Tiene un aspecto agotado y enfurecido, pero realista. El cuerpo hinchado y el paso torpe por los dolores de atravesar un brutal proceso físico. El personaje apenas puede sostenerse en pie y la cámara sigue, con crudo detalle, el rastro de sangre que deja su paso al caminar. 

Al otro lado del continente ficticio de Poniente, Laena Targaryen sufría los dolores del parto, pero el suyo se volvió un evento trágico. Incapaz de alumbrar a pesar de los esfuerzos del maestre, la esposa del príncipe Daemon decidió inmolarse con el fuego de su dragón Vhagar. Algo que evitó que tuviera que morir de forma sangrienta, como lo ocurrido con la reina Aemma en el primer episodio de la serie. 

Ambas secuencias fueron analizadas fuera de pantalla por expertos médicos conocedores de los cambios del cuerpo de la mujer durante el parto. El elemento se convirtió en un punto de especial interés para la producción. Para el escritor Ryan Condal, se trató de una manera de comprender “el poder de las mujeres en una época brutal”. El contexto del argumento también incluyó investigar las condiciones de la medicina relacionada con los partos en el medievo, escenario referencial de la serie. El resultado fueron secuencias profundas, dolorosas, pero impecables, sobre el hecho de dar a luz en medio de condiciones espantosas. 

El dato convierte a la serie en toda una rareza en la cultura pop. De hecho, podría considerarse una de las contadas ocasiones en que se muestra en la televisión la condición de una parturienta desde una perspectiva tan descarnada. Lo cual no deja de ser asombroso en una producción que despertó preocupaciones por su probable argumento misógino.

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Una nueva perspectiva para las mujeres en La Casa del Dragón

En realidad, La Casa del Dragón ha prestado un minucioso interés a sus personajes femeninos. La producción ha contado con varias directoras para algunos de sus capítulos clave. La maternidad, lo erótico, lo sexual y, en especial, la intimidad desde la perspectiva de las mujeres, se han convertido en un punto importante del argumento. Algo que ha ido creciendo a medida que Rhaenyra, su personaje principal y centro de casi todos los eventos, se ha ido haciendo adulta. 

A la vez, la producción se aseguró de crear un entorno seguro para sus actrices y actores. Tanto para alejarse de las resonantes y frecuentes críticas del set de Juego de Tronos, como para analizar la historia desde perspectivas nuevas. 

El resultado es una óptica sobre las mujeres por completo distinta y mucho más profunda de lo que podía suponerse en una trama basada en violencia machista. Después de todo, la gran premisa de La Casa del Dragón está vinculada al rechazo a la figura de una reina. Pero el equipo creativo detrás de la cámara evitó que esa noción sobre el poder se extendiera a los intérpretes de los rostros clave de su historia. 

Casa del dragón

Lo que incluyó contratar coordinadores de intimidad para varias de las escenas más complicadas. Con más razón cuando la exploración sobre la sexualidad se equipara al poder en varias de las escenas más importantes de la serie. Para Emily Carey, que interpreta a la joven Alicent, la decisión de analizar respetuosamente las escenas de sexo fue primordial.

 En una entrevista a Newsweek, comentó que en el momento de rodar las escenas de intimidad con Paddy Considine tenía apenas 17 años. El giro argumental, que ocurrió en el capítulo cuatro de La Casa del Draagón, fue definitivo para comprender a la reina y sus decisiones futuras. Por lo que requirió toda la ayuda posible para que la secuencia no fuera traumática o agresiva. Pero, gracias a la directora Clare Kilner y a su equipo de coordinadores, pudo interpretar el duro momento en la vida de Alicent sin problemas. 

La madurez de una historia polémica 

Concretamente, fue Kilner quien cuidó todos los detalles para evitar que la imagen de una jovencísima Alicent en la cama con Viserys I apelara al morbo. La decisión incluyó mostrar el mínimo de desnudez (en este caso, solo al actor) y enfocar el rostro de Carey. Eso brindó a la secuencia de La Casa del Dragón una notable madurez y una exploración consciente sobre el desamparo que sufre el personaje. 

Algo similar ocurrió con la Rhaenyra de Milly Alcock en el mismo capítulo cuatro. En la trama, su tío Daemon la lleva a recorrer las calles de Poniente y, también, a una "casa de placer". Al final, termina por crear una situación sexual que no llega a consumarse, pero que pudo resultar muy incómoda para la actriz. Kilner comentó en House of the Dragon: Inside the Episode, de HBO, que su intención fue mostrar el poder de la princesa sobre su cuerpo. También, analizar la conexión emocional y física que mantuvo más tarde con Ser Criston Cole (Fabien Frankel).

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La realizadora insistió en que, tanto en la escena del retorcido juego sexual con Daemon como en la escena sexual con Criston, mostró el punto de vista de las mujeres. Un matiz que definió al personaje de formas por completo nuevas y que profundizó en cómo la producción analiza a sus personajes femeninos.

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