Protagonistas de memes, juegos de PlayStation y miles de videos en TikTok, los gatos son animales adorados en casi todo el mundo. Y es casi, porque existe una isla ubicada a unos cuantos kilómetros del Polo Norte donde están vetados. Una ley que data de 1992 impide que los gatos puedan habitar en Svalbard, un archipiélago noruego donde las temperaturas superan los -40 grados Celsius.

De acuerdo con la legislación local, la presencia de gatos está prohibida en las islas que conforman Svalbard . Las autoridades consideraron en su momento que era muy peligroso que los felinos vivieran en las islas debido a la propagación de la rabia y la equinococis quística presente en zorros y roedores de la región. En años recientes, los gatos también representan una amenaza para algunas especies de aves, por lo que es imposible introducirlos de contrabando.

Pese a que los gatos están prohibidos en Svalbard, existe una excepción a la regla. Kesha, un gato anaranjado que arribó al pueblo de Barentsburg. Según los lugareños, el felino fue declarado como zorro polar por sus dueños originales, por lo que las autoridades no realizaron una inspección exhaustiva. Años más tarde, y sabiendo que se trataba de un animal prohibido en la isla, nadie realizó reclamos.

Svalbard no es lugar para gatos, aunque existe uno

Bahía de Longyearbien, el asentamiento más grande de Svalbard. Foto Joxean Koret (Wikimedia Commons)

Lo interesante de Kesha no es que viviera de ilegal en Svalbard, sino que tuvo que soportar climas adversos y peleas con animales locales. Nadie sabe qué ocurrió con sus dueños originales, ya que el gato prefería vivir en una casa abandonada. Un reporte de Big Picture indica que Kesha se quedaba a dormir en la casa de un joven, sin embargo, durante el día se movía libremente por la isla y se alimentaba en un comedor comunitario o de lo que le ofrecían los turistas.

Un artículo publicado en Russia Beyond menciona que Kesha fue introducida por los rusos a finales de la década del 2000. Nadie sabe con certeza su origen o edad, aunque se estima que cumplió 12 años en 2020. El diario ruso Komsomolskaya Pravda reportó a finales de ese año que la popularidad de Kesha aumentó durante la pandemia. "Un gato que vive en los confines de la Tierra ha inspirado y apoyado a personas en situaciones difíciles", comentaba.

gatos
Kesha, el único gato que sorteó la prohibición en Svalbard. Foto: Big Picture

Lamentablemente, Kesha murió a comienzos de 2021 y con él, la única evidencia de un gato que vivió más de una década en una isla prohibida. Si bien existen reportes de otros gatos que habitan Barentsburg, ninguno ha ganado notoriedad como lo hizo este peludo anaranjado. Curiosamente, Kesha no solo violó la regla que impide a los gatos habitar Svalbard, sino también la que prohíbe morir en alguna de sus islas.

Svalbard no solo es conocida por su política anti-gatos o por tener un almacén subterráneo que alberga miles de semillas para preservarlas en caso de una catástrofe mundial. El archipiélago también tiene una política que "impide morir" en sus islas. La ciudad de Longyearbyen — la más grande — prohíbe enterrar a los difuntos debido a que el permafrost evita la descomposición de cadáveres. Es posible que Kesha haya sido cremado y sus cenizas se encuentren en una urna en casa de sus últimos dueños.

No solo Svalbard, Islandia, Nueva Zelanda y Australia tampoco quieren a los gatos

Gatos en Islandia
Un gato en Reikiavik. Foto: Helgi Halldórsson (Wikimedia Commons)

Aunque Reikiavik es conocida como una ciudad donde los gatos viven cómodamente, los felinos no gozan de esa popularidad en otras partes de Islandia. Un reporte de NPR menciona que algunos pueblos implementarán un toque de queda a partir de las 10 PM que impedirá a los gatos deambular por las calles. Egill Bjarnason, periodista de Hakai Magazine, mencionó en una entrevista que el toque de queda se gestó a partir de la idea de obligar a los dueños de gatos a mantenerlos en casa siempre.

La medida, considerada como radical por organizaciones protectoras de animales, tuvo que replantearse y surgió la idea de un toque de queda. Al igual que Svalbard, los gatos son un peligro para las especies de aves marinas, ya que atacan a los polluelos en los nidos. Ecologistas cuestionan si imponer una prohibición para moverse libremente tendrá un efecto adverso. No obstante, Bjarnason también apunta que a los gatos se les considera animales molestos y la gente no los quiere en su patio trasero.

Prohibición total y cercas electrificadas

Reja para gatos en Australia
Reja electrificada a prueba de gatos en Australia. Foto: Greensborough Vets

Un pueblo de Nueva Zelanda fue más allá y propuso en 2018 una prohibición a los gatos. Al igual que en Islandia y Svalbard, las autoridades de Omaui aseguraron que los peludos eran una amenaza para las aves, insectos y reptiles del lugar. Oficiales pidieron esterilizar, colocar un microchip y registrar a su gato en las oficinas de gobierno. Tras su muerte, los dueños no podrían tener otro gato.

Durante ese año, Australia dio un paso más radical e instaló una cerca eléctrica de 44 kilómetros en un santuario de vida silvestre. La cerca protegerá a mamíferos en peligro de extinción, amenazados por la presencia de gatos, zorros y conejos salvajes. Atticus Fleming, administrador del refugio, contó a BBC que tan solo en esa área había entre 50 y 60 gatos salvajes que comerían unos 70.000 animales nativos por año.

Aunque el santuario es la zona más grande libre de gatos en Australia, el país tiene que lidiar con una sobrepoblación de gatos salvajes que amenaza la conservación de algunas especies.

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