Joker, de Todd Phillips, sorprendió a buena parte de la audiencia y crítica por una razón: no se parecía a ningún film del género de superhéroes. De hecho, una de las críticas insistentes hacia el argumento, era alejarse tanto del centro motor de lo superheróico como para resultar insólita. Con su aire subversivo, rupturista y fuera de lo común, era más una historia sobre la desesperación que sobre un villano. Por supuesto, también era una producción adulta con claras referencias al cine de Martin Scorsese. De inmediato, lo que parecía un experimento afortunado se comprendió en una reflexión sobre lo cinematográfico. Y en especial, un nuevo tipo de percepción sobre los héroes de la pantalla grande y su trascendencia. Lo mismo ocurre con The Batman de Matt Reeves, una historia de origen que abre la puerta a una nueva dimensión sobre el cruzado de Gotham.

Pero más allá de eso también es una rareza en la forma de estructurar el género de superhéroes. En esta ocasión, Reeves utilizó una fórmula muy semejante a la de Phillips. El resultado es una visión sobre uno los grandes personajes del cómic en un mundo nuevo. The Batman, más que cualquier otra cosa, es un homenaje al cine de terror. También es un experimento visual que responde a una serie de inquietudes por completo nuevas de un género que da algunas señales de fatiga. 

La película de Reeves, además, se enfrentaba a la encrucijada de lidiar con una trilogía considerada icónica como la dirigida por Christopher Nolan. A la vez, a la poderosa versión de Ben Affleck. Para el director y co guionista, el reto era narrar la historia de Batman a un público que recuerda con mucha nitidez sus últimas encarnaciones. Además, de construir todo un nuevo panorama alrededor del personaje.

¿Cómo hacer algo semejante sin perder la esencia de una figura esencial dentro de la cultura pop? La decisión de Reeves fue ingeniosa. Emparentar su película con el cine de terror. El resultado es un recorrido a través de los códigos del género que reformula al de superhéroes. Solo para crear algo distinto y que tiene su propia vertiente. 

La oscuridad en todas partes 

Para plantear una idea semejante, Matt Reeves recurrió a dos percepciones distintas sobre Batman. En primer lugar, lo planteado tanto por Frank Miller en Batman, año uno, como la visión de Darwyn Cooke en Batman, Ego. Las dos interpretaciones de Batman, coinciden en un punto de vista. El cruzado de Gotham es una criatura oscura, a mitad de camino entre lo moral y la sed de venganza. 

También es una que utiliza el miedo como una herramienta, una idea que hereda directamente de Batman: Long Halloween de Jeph Loeb. Para hacer confluir las variadas líneas argumentales en un solo punto de vista, Matt Reeves recurrió a lo íntimo. Y también, a lo simbólico de la oscuridad interior. De modo que todo alrededor del personaje se sostiene sobre esa reconstrucción de la idea del mal, el bien y lo siniestro. 

El resultado, es una Gotham en penumbra con aires góticos y que se desploma sobre un centro corrompido. Batman no sólo debe luchar contra los criminales. También debe hacerlo con las capas superpuestas de penumbras morales. Reeves mostró ese tránsito a través de largas tomas de calles tenebrosas, en las que la música de Michael Giacchino crea una atmósfera temible. Batman, de hecho, es una figura siniestra, que emerge de portales y espacios vacíos oscuros. Uno que pareciera materializarse con lentitud en medio de una lenta sucesión de sombras. 

Por si eso no fuera suficiente, hay secuencias enteras que homenajean a películas icónicas del cine de terror. Desde la evidente conexión con toda la saga Saw hasta la inquietante visión del terror de John Erick Dowdle en The Poughkeepsie Tapes. La película usa los espacios para crear la sensación claustrofóbica del terror interconectado con el centro invisible del personaje. La forma en que la cámara observa con detenimiento los movimientos pausados del personaje, es una herencia directa de Ari Aster. Lo mismo que el silencio inquietante mientras la cámara observa con atención el rostro del personaje, tomado de Jonathan Demme. Poco a poco, la película se reconstruye como un tributo a lo terrorífico con un curioso centro heróico. 

Érase una vez un coche diabólico, un asesino en serie y un monstruo al acecho

Claro está, el gran referente de Matt Reeves ha sido David Fincher. De El Club de la Pelea (cuyo final el film homenajea en su propia conclusión) hasta Zodiac. La influencia de los planos lentos y asfixiantes de Fincher está en todas partes. También, en su forma de mirar la conducta violenta de Enigma (Paul Dano), cuya venganza va desde lo privado a una apoteosis de horror a escala colectiva. Cada punto en la película de Reeves, se encamina a mostrar como el mal puede transformarse en una oleada. A la vez, de construir una concepción del bien y del mal como elemento filosófico que se ensambla con una idea perturbadora sobre lo moral. 

También, hay espacio para las largas tomas fijas y certeras de John Carpenter. Reeves homenajea al director en la primera gran secuencia de la película, en la que Gotham debe enfrentarse a la presencia de justiciero inclasificable. De la misma forma que Carpenter en Halloween, cada puerta y corredor se convierte en un espacio terrorífico. Pero el mayor homenaje llega con el batimóvil, convertido para la ocasión en una versión estilizada de Christine. Con sus líneas largas, anticuadas y el poderoso rugido del motor, el batmóvil es una bestia que embiste y tiene una aparente vida propia. 

Batman, que desaparece y aparece, cuyo alter ego está recluido en una torre en lugar de una mansión, bien podría ser el sucedáneo de un vampiro clásico. Una especie de versión estilizada al estilo de Only Lovers Left Alive de Jim Jarmusch. De hecho, hay un fuerte elemento gótico en la película, que recuerda de manera inevitable a Mimic de Guillermo Del Toro. También, a los terrores cuidadosos de Doctor Sueño de Mike Flanagan. 

The Batman, vinculado a su lado más inquietante 

El Batman interpretado por Pattinson, todavía no ha superado el duelo por la muerte de sus padres. Es un monstruo a medio crear, del que apenas vemos su rostro humano. Uno que hace que los policías de Gotham retrocedas. Una criatura inexplicable que avanza con paso lento y el pesado sonido de sus botas. Un Batman emparentado con un tipo de realismo tan firme, que hace que todo su mensaje subsecuente sea sobre el terror.

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Para Matt Reeves, algo está claro: Batman es una criatura a mitad de camino entre graduaciones morales. Y The Batman, con toda su carga de películas de terror y códigos de lectura semiótica, es una demostración de esa perspectiva.