Los pedos vaginales constituyen un fenómeno bastante común. La inmensa mayoría de las personas con vagina han experimentado alguna vez esa salida involuntaria de aire, especialmente durante las relaciones sexuales o el ejercicio físico. Sin embargo, a veces se dan con tanta frecuencia que pueden llegar a ser bastante molestos. No porque causen dolor, sino porque provocan cierta vergüenza a quien los padece.

¿Pero a qué se deben los pedos vaginales? ¿Existen factores de riesgo por los que unas personas los padecen más que otras? Y, muy importante, ¿se pueden evitar de alguna manera? Para responder a todas estas preguntas quizás sería necesario contar con más investigación científica, pues es cierto que en internet hay bastante información, pero normalmente se trata de casos anecdóticos. Además, muchas personas sienten tanta vergüenza que nunca llegan a consultar con un profesional.

De hecho, la mayoría de estudios científicos sobre pedos vaginales los analizan como causa secundaria de, por ejemplo, anomalías del suelo pélvico. De cualquier modo, no parece que sean graves ni que, por lo general, requieran ningún tipo de tratamiento o intervención. Solo suele ser necesario llegar a ese punto cuando van asociados a otros trastornos y no es lo más habitual. Ahora bien, veamos qué es lo que se sabe de momento sobre ellos.

¿Qué son los pedos vaginales?

Los pedos vaginales, también conocidos como flatus o flatulencias vaginales, son salidas súbitas y sonoras de aire que se dan a través de la vagina.

Al contrario que los anales no suponen la liberación de gases derivados de ningún tipo de fermentación ni reacción de descomposición, por lo que generalmente no huelen mal. Simplemente es aire.

Se suelen dar por movimiento de aire acumulado en la cavidad vaginal, por ejemplo durante el ejercicio

Los pedos vaginales son bastante comunes con el ejercicio físico, ya que los movimientos a veces provocan la liberación de aire que se había acumulado en la cavidad vaginal. De hecho, muchas personas refieren haberlos experimentado mientras practicaban yoga. También pueden producirse cuando se introduce algún objeto en la vagina, precisamente por lo mismo. Hay aire acumulado y este se desplaza al introducir y extraer el objeto. Por ejemplo, según explican en un artículo de Everyday Health revisado por la ginecóloga Kara Leigh Smythe, es habitual que ocurra en las revisiones ginecológicas, cuando el doctor introduce un espéculo o un ecógrafo en la vagina.

Y si sumamos ejercicio físico e introducción de objetos en la vagina es inevitable pensar en las relaciones sexuales con penetración. Efectivamente, también es una de las situaciones en las que más se producen los pedos vaginales.

En ninguno de estos casos suponen preocupación, aunque sí pueden dar lugar a situaciones algo incómodas, especialmente si son muy sonoros. Y es cierto que no hay formas de prevenirlos, más allá de evitar las posturas en las que más se generen. Sin embargo, al ser inocuos, no debería cundir el pánico.

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Factores de riesgo

Los pocos estudios que existen han encontrado diferentes factores que hacen a una persona más o menos propensa a experimentar pedos vaginales.

Por ejemplo, se ha observado que son más comunes en jóvenes, más aún si tienen un índice de masa corporal bajo. También parece ser que se dan con más frecuencia en embarazadas y personas menopáusicas.

Según algunos estudios, son más comunes en jóvenes con un índice de masa corporal bajo

En el caso del embarazo pueden empeorar después, ya que a veces se generan lesiones en el suelo pélvico y prolapsos. Se conoce así al desplazamiento de un órgano de su lugar. En el caso del embarazo es común que ocurra con el útero, que puede descolgarse ligeramente. Esto puede provocar síntomas como incontinencia urinaria, dolor durante las relaciones sexuales, disminución del placer en las mismas y, sí, también pedos vaginales.

De hecho, muchos de los estudios existentes sobre este tema se realizan con casos de mujeres que acudieron al hospital por causas relacionadas con un prolapso o cualquier lesión del suelo pélvico y ahí sí que reconocieron experimentar pedos vaginales.

Aunque en algunos casos se pueden requerir cirugías, generalmente se soluciona realizando ejercicios para el fortalecimiento del suelo pélvico, como los ejercicios de Kegel, o utilizando pesarios. Estos son unos dispositivos de plástico o goma que se colocan en la vagina y sirven como apoyo para sostener los órganos o tejidos que se han desplazado. Cabe decir que estos desplazamientos son comunes tras un parto, pero también se pueden dar en otras circunstancias, como la carga inadecuada de mucho peso, el estreñimiento frecuente o algunas lesiones durante el ejercicio físico.

Para terminar, en casos raros los pedos vaginales pueden darse por una fístula en la vagina. Esta es una apertura anómala que conecta la vagina con otros conductos, como la vejiga, el colon o el recto. En estos casos los pedos vaginales sí que pueden ir acompañados de secreciones o mal olor y, por supuesto, habría que consultar con un médico, pues podría ser necesaria una cirugía.

Pero que no cunda el pánico. Todos estos son casos raros. Generalmente los pedos vaginales no son más que una situación un poco vergonzosa sin ninguna implicación patológica. Por eso, más que buscar una solución, sería bueno trabajar esa incomodidad para que en algún momento deje de serlo. O, al menos, que sea un motivo de risa para las personas que forman parte de esa relación sexual. Hay pocas cosas más bonitas que reír durante el sexo. Esta podría ser una buena excusa.