Los microplásticos procedentes de los recipientes en los que guardamos bebidas y alimentos, así como los que vuelven hasta nosotros a través de alimentos de origen marino, se encuentran mayoritariamente en nuestro sistema digestivo. No obstante, también se han encontrado en fluidos como la leche materna o la sangre. Ahora, por si eso fuera poco, se han detectado también en lo más profundo de los pulmones.

Bueno, en realidad, ya se había hecho con anterioridad. No obstante, en un estudio recién publicado en Science of the Total Environment se analiza por primera vez la composición de esos microplásticos. Las muestras se han tomado de pulmones humanos, tanto de cadáveres como de tumores pulmonares de pacientes vivos. En todas esas personas se encontraron microplásticos.

Pero lo más llamativo es que cuanto más profundas se hubiesen extraído las muestras más microplásticos se encontraban. Cabría esperar algo así de fragmentos de plástico muy pequeños, pero lo cierto es que eran sorprendentemente grandes para haber sido inhalados. Ahora solo queda saber cómo afecta a nuestra salud la presencia de esos microplásticos. En las cantidades en las que se han encontrado quizás no sea preocupante, pero si no frenamos el consumo de este tipo de materiales podrían llegar a ser más. Será mejor actuar antes de que sea demasiado tarde. 

El impacto de los microplásticos sobre la salud

Cuando se comenzó a hablar de la contaminación causada por los plásticos hace décadas se puso la vista en las piezas completas de este material que llegan al mar, causando graves perjuicios a su fauna.

Las imágenes de gaviotas con peines en el estómago, peces atrapados en aros de refrescos o ballenas asfixiadas con bolsas de plástico recorrieron todo el mundo con el fin de concienciar sobre este problema. Pero pronto se supo que había un peligro con un mismo origen, pero mucho menos visible: los microplásticos.

Se consideran microplásticos los fragmentos de menos de 5 milímetros de diámetro

Se considera como tal cualquier fragmento de plástico con un diámetro menor de 5 milímetros. Pueden ser primarios, cuando se confeccionan ya de este tamaño, como las partículas de algunos productos cosméticos, o secundarios, cuando proceden de la degradación de piezas de plástico más grandes. Precisamente por ser tan pequeños, pueden pasar desapercibidos, pero también pasan mucho más fácil al organismo de estos animales. Especialmente las especies filtradoras acaban absorbiendo grandes cantidades de microplásticos. Estas pueden pasar al sistema digestivo de los animales más grandes que se alimentan de ellas y también de los propios seres humanos. Se han encontrado grandes cantidades de microplásticos en alimentos como el marisco. ¡E incluso en la sal!

Todo eso sin contar los microplásticos que podrían pasar a nuestro sistema digestivo a través del agua embotellada y otros alimentos presentes en recipientes de este material. Existen regulaciones para controlar la cantidad de plástico que liberan estos materiales y que, con un buen uso, no se rebasen los niveles considerados peligrosos. Pero, si lo sumamos a otras fuentes, la cantidad podría descontrolarse. Por eso, se han llevado a cabo numerosos estudios tanto para analizar los efectos de los microplásticos sobre la salud como para controlar la cantidad de estos que se puede encontrar en el sistema digestivo de los seres humanos. 

Pero parece que no solo están en el sistema digestivo. También se han hallado en otros lugares, como los pulmones. Y eso, aunque no lo parezca, cambia mucho las cosas.

Giulia Bretelli (Unsplas)

Un hallazgo inesperado en los pulmones

Aunque se suele hablar sobre todo de la ingestión de microplásticos, estos también pueden llegar a nuestro organismo por inhalación, o incluso a través de la piel dañada.

Precisamente porque se pueden inhalar no es raro que se encuentren en los pulmones. No obstante, este estudio ha encontrado dos datos innovadores. Por un lado, la composición de esos microplásticos. Se analizaron 13 muestras de tejido pulmonar, en 11 de las cuales había hasta 39 partículas de microplásticos, todas con al menos 3 micras de diámetro. Las más abundantes estaban compuestas de polietileno, que es el tipo de plástico más común en botellas y envases. Sin embargo, también había resinas, como las de las pinturas, y nylon, habitual en las fibras de prendas de vestir. 

El polietileno fue el tipo de plástico más encontrado en los pulmones

El segundo dato llamativo fue que la cantidad de microplásticos era mayor cuanto más profunda era la muestra pulmonar. Esto  es raro, puesto que precisamente al fondo se encuentran las vías respiratorias más estrechas, primero los bronquiolos y en su extremo los alvéolos. Cabría esperar que estos hubiesen servido como filtro, pero no fue así. De hecho, si bien el conducto alveolar tiene un diámetro de aproximadamente 540 μm y una longitud de 1.410 μm, se encontraron partículas de microplásticos de hasta 2.475 μm de largo y 88 μm de ancho. Esto, según indican los autores del estudio, procedentes de la Escuela de Medicina Hull York, es curioso, porque "es demasiado grande para estar presente, pero está presente de todos modos".

¿Cómo influye todo eso en nuestra salud respiratoria? No se sabe. Pero absolutamente todas las personas cuyos pulmones se analizaron tenían microplásticos en su interior. Solo por eso, vale la pena estudiar cuáles pueden ser sus efectos a este nivel. Quizás nos estábamos dejando una parte importante. Y es que estos materiales tienen propiedades sorprendentes, además de un precio muy económico, por eso nos gustan tanto. Pero esas propiedades pueden volverse contra nosotros y aprovecharse para llegar a los lugares más recónditos de nuestro propio organismo. Eso ya es bastante menos agradable.