2020, 2021 y 2022 están siendo unos años bastante locos; marcados, para empezar, por una pandemia global. Por eso, pensamos que muchos fenómenos extremos son el fruto del apocalipsis que parece que se avecina. En meteorología, de hecho, no nos quedamos cortos con estos fenómenos. Rayos casi tan extensos como toda la península ibérica, lluvias de iguanas, una borrasca que el año pasado cubrió de blanco zonas de España que casi no recordaban la nieve… Y ahora, por si todo eso fuera poco, llega la nieve en el desierto del Sáhara. 

Suena a desastre, pero lo cierto es que ahora estamos tan vigilantes que hasta lo más simple puede parecernos una excepción. La nieve en esta zona del mundo es rara, sí. Pero no es ni mucho menos algo excepcional. De hecho, ni siquiera está claro que el cambio climático esté empeorando la situación, según ha explicado en The Conversation el profesor de geografía física Jasper Knight.

Pero entonces, ¿por qué ocurre? ¿Cómo puede ser que un lugar tan seco y cálido como el desierto del Sáhara experimente nevadas de vez en cuando? Pues, básicamente, por algo muy simple. Porque no siempre es seco y cálido.

Calor por el día y frío por la noche

Los desiertos en general, no solo el del Sáhara, se caracterizan por tener temperaturas muy elevadas durante el día, pero mucho más bajas por la noche.

Esto se debe principalmente a dos motivos. Por un lado, a su superficie desnuda, sin apenas vegetación. Suelen estar cubiertos básicamente por arena, que absorbe el calor procedente de la radiación solar y lo libera inmediatamente al aire circundante, pero no es eficiente reteniéndolo. Por eso, mientras que el sol incide sobre ella, las temperaturas son muy elevadas, pero en cuanto este se esconde bajo el horizonte las temperaturas caen en picado.

El suelo desnudo y el aire seco son la causa de la bajada de temperaturas por la noche

Ahora bien, este no es el único factor. Recordemos que en las playas tropicales también hay solo arena y la temperatura se mantiene alta por la noche. Pero allí la humedad es elevada. Y en los desiertos, por lo general, el aire es muy seco. Si hay agua en forma de vapor en el aire se necesita más energía para calentarlo, pero también al revés, para que se disipe. Sin embargo, cuando el aire es seco, no hay nada que amortigüe esos cambios de temperatura.

Ahora bien, si hemos dicho que el aire es seco y para que haya nevadas se necesita humedad, ¿a qué se debe la nieve en el desierto del Sáhara? 

Las causas de la nieve en el desierto del Sáhara

Según explica Knight en su artículo, el aire húmedo llega desde el océano Atlántico, el mar Mediterráneo y el océano Índico, por ciclones de baja presión en el norte del Sáhara durante el invierno y lluvias monzónicas en el sur durante el verano. Por lo tanto, si bien el centro del desierto es muy árido, en su periferia sí que puede acumularse humedad.

Además, la cordillera del Atlas, más alta que el resto del desierto y muy cercana al Atlántico, actúa como una trampa de ese aire húmedo. Por eso, esta es la zona en la que se suele concentrar la nieve en el desierto del Sáhara. Desde que comenzaron los registros en los años 70, ha habido nevadas en 1979, 2016, 2017, 2018, 2021 y ahora en 2022. Esta última, ocurrida en enero, ha sido muy ligera, nada que ver con la intensa nevada de 2018, en la que se alcanzaron hasta 30 centímetros de nieve.

El aire húmedo llega desde el océano Atlántico, el mar Mediterráneo y el océano Índico

De hecho, un dato curioso es que en el Atlas hay algunas estaciones de esquí. Sí, normalmente usan nieve artificial, pero si están ahí es porque saben que a veces llega la de verdad.

Pero aun así resulta llamativo que hubiese 27 años sin nieve en el desierto del Sáhara y luego hubiese tantas nevadas seguidas. Esto lleva a pensar que el cambio climático haya podido tener algo que ver. No obstante, el experto explica que no se puede saber fácilmente, básicamente porque no hay datos.
Al ser una zona muy extensa y poco poblada durante mucho tiempo no hubo un seguimiento meteorológico. Ahora sí que hay satélites atentos a lo que ocurre en la región, pero hay un periodo de la historia no demasiado lejana que es una incógnita. Podría ser interesante recoger testimonios, al fin y al cabo no hace tanto tiempo. O incluso evidencias antropológicas para épocas más antiguas. Pero de momento no se ha hecho, por lo que no es posible saber si el cambio climático es un desencadenante de la frecuencia de la nieve en el Sáhara. Lo que sí sabemos es que es desencadenante de otras muchas cosas, por lo que sobran los motivos para combatirlo.