Después de todo, Anna Delvey/Anna Sorokin vendió los derechos de su historia por $320.000 dólares. Eso después de desfalcar a varias personalidades de la jet set neoyorquino. Por su parte, Simon Leviev/Shimon Hayut, acusado de estafar al menos a tres mujeres apenas pagó con cinco meses de prisión. En la actualidad, vive una vida de lujos que no duda en compartir a través de sus redes sociales. Al mismo tiempo, sus víctimas luchan por pagar sus deudas y reconstruir su vida.

Ambos programas de villanos muestran un lado poco explorado sobre el mundo criminal. También figuras que tanto en el ámbito documental como en la ficción, parecen ser encantadoras e incluso seductoras. Por extraño que parezca, tanto Anna Sorokin como Shimon Hayut encarnan una especie de ambición colectiva. 

No solo convertirse en figuras reconocidas a través de esa gran conversación virtual de las redes sociales. También en un tipo de criminal que al final termina por evitar el castigo con habilidad, artimañas o inteligencia. Y aunque tanto uno como el otro caso sorprendieron y desconcertaron al público también lograron cautivarlo. 

Una pareja de ladrones de cuidado que asombra al público 

Por supuesto, se trata de un interés morboso sobre cómo dos personas en apariencia comunes pudieron urdir engaños a una escala desconcertante, así como convertirse en villanos. Shimon Hayut, logró engañar a un número indeterminado de víctimas, haciéndose pasar por un heredero de la industria del diamante israelí. Más desconcertante aún, logró reunir considerables cantidades de dinero para crear una estafa a escala monumental. 

Una que logró sostener por más de veinte años y que solo ahora parece amenazada por la notoriedad del documental que le denuncia. Aun así, el gran debate no se basa en los trucos y manipulaciones que Hayut utilizó a lo largo de su carrera criminal. Buena parte de la audiencia concentró su atención en las víctimas y en la pregunta de cómo ser engañadas. Incluso en medio de un escándalo mayúsculo, el estafador parece tener todas las posibilidades de triunfar. 

Al otro extremo, Anna Sorokin se convirtió en los últimos años en una curiosa estrella mediática. Una que comenzó su ascenso con una red estructurada de engaños que logró captar a buena parte de la alta sociedad de Nueva York. Sorokin estafó a varias de las grandes familias de la ciudad y también, a bancos, curadores, artistas y figuras simbólicas de la cultura. ¿Cómo lo logró? ¿Qué hizo que una desconocida inmigrante rusa pudiera hacerse pasar por una heredera alemana? La serie de Shonda Rhimes es tan ambigua como su personaje y no ofrece respuestas claras. En realidad, muestra el breve ascenso de su personaje como una inversión de tiempo, esfuerzo, manipulación y engaños. Y también una buena dosis de encanto que da otra cara a los villanos.

Entre Hayut y Sorokin hay una línea paralela evidente. Los crímenes de ambos se basan en una completa indiferencia hacia la ley y una estructura de desfalco creada a la medida de sus víctimas. Tanto uno el como el otro, también fueron estrellas de redes sociales. Figuras brevemente rutilantes de escenarios en los que fueron admirados y aclamados. De algún modo, aún lo son. 

Hayut se ha tomado el impacto del documental con una actitud ufana y desafiante que desagrada pero también, interesa al público. El mismo día del estreno del documental El estafador de Tinder, el criminal respondió en sus redes sociales a sus críticos. En medio del debate sobre su culpabilidad, se apresuró a insistir en que daría su versión “de forma respetuosa y oportuna”. No lo ha hecho aún y aunque sus redes sociales ahora son privadas, su actitud sigue siendo la de un hombre que no tiene nada que temer. 

Lo mismo ocurre con Sorokin. En el 2019 fue encontrada culpable de estafar por 200.000 dólares a bancos, hoteles, galerías y una larga lista de instituciones más. Eso, entre docenas de engaños relacionados con todo tipo de desfalcos a pequeña escala. La serie de Shonda Rhimes muestra a su personaje como una criatura manipuladora, poderosa y sagaz. De hecho, durante buena parte de la trama, Sorokin (interpretada por Julia Garner) se muestra como una hábil artista del engaño. El argumento gira en la forma como la periodista Vivian Kent (Anna Chlumsky) trata de desentrañar la red de mentiras que rodean a Anna.Pero también, hay un evidente interés en mostrar que se trató de un plan magistral basado en la audacia y la inteligencia de Anna. La combinación convirtió a la serie en un éxito. 

Los villanos ganan de vez en cuando 

¿A qué se debe el interés colectivo por delincuentes que utilizaron la manipulación y la mentira para sus crímenes? Tal vez se trate del hecho, de la percepción sobre la estafa como un delito que implica cierta colaboración y anuencia de la víctima. O también, un interés evidente y poco disimulado de nuestra cultura por los villanos reales capaz de salirse con la suya. Cual sea la respuesta, una cosa es obvia: hay una condición esencial que une a Hayut y Sorokin. La capacidad de ambos para ser epítomes de un tipo de éxito grotesco que el público trata de entender con esfuerzo. 

¿Se trata de una mirada a la oscuridad de nuestra sociedad? De la misma forma que la cultura que rodea a los asesinos en serie, el interés por la estafas y los villanos no es reciente. Y tampoco, parece que se extinguirá pronto. Una idea preocupante que por ahora parece reflejar una tendencia curiosa contemporánea. La de creer que al fin y al cabo, algunos criminales pueden utilizar su encanto para salirse con la suya.