Un nuevo estudio, recién publicado en la revista Gut por científicos de la Universidad China de Hong Kong, señala a la composición de la microbiota intestinal como responsable de la aparición de COVID persistente. 

La COVID persistente es uno de los grandes misterios de la pandemia. Se considera que alrededor del 15% de las personas que pasan la COVID-19 pueden desarrollar secuelas, consistentes en la persistencia de algún o algunos síntomas seis meses después de la infección. Se sabe que no está necesariamente asociado ni a la carga viral ni a la gravedad. De hecho, hay personas que pasaron la enfermedad asintomáticas y vieron cómo sus síntomas comenzaban, en realidad, una vez negativizados sus test. Algunas llevan incluso desde principios de la pandemia con síntomas como debilidad, insomnio, dolor de cabeza o falta de aire. Otras se cansan con algo tan simple como subir unas escaleras o dar un paseo.

Por todo esto, muchos científicos intentan encontrar una solución. Pero para dar con la solución, primero hay que entender la raíz del problema. Y sigue habiendo bastantes dudas al respecto. Podría deberse a una respuesta excesiva del sistema inmunitario o quizás a daños permanentes en algunas de las muchas células que pueden verse afectadas en la infección. De hecho, ese daño celular podría también ser el resultado de una respuesta inmunitaria exagerada. Sin embargo, también se investigan otras teorías. Por ejemplo, los autores de este estudio sabían que se ha encontrado cierta relación entre la composición de la microbiota intestinal y el transcurso de la infección por coronavirus. ¿Podría tener también relación con la COVID persistente? Eso es lo que intentaron averiguar a través de un estudio observacional y, por ahora, parece ser que sí que hay cierta relación. 

La relación entre microbiota intestinal y COVID persistente

Para la realización de este estudio, sus autores analizaron muestras de heces de 106 pacientes con determinados grados de gravedad de COVID-19, así como de 68 personas que no habían pasado la enfermedad. 

Dichas muestras se recogieron en el día del ingreso (el día 0 del estudio para los que no estuvieron enfermos), y también 1 mes y 6 meses después. Además, hubo 11 personas a las que se tomaron muestras 9 meses después. Es importante remarcar que puede parecer extraño que hablemos de ingreso si los pacientes tenían diferentes grados de gravedad. No obstante, cabe destacar que las infecciones tuvieron lugar entre febrero y agosto de 2020. Y que esta fue una época de la pandemia en la que muchas personas se ingresaban simplemente para que pudieran mantener el aislamiento. 

Los datos y las muestras de heces se tomaron en pacientes con COVID-19 ingresados con diferentes niveles de gravedad y personas que no pasaron la enfermedad

Se analizaron las muestras de heces para analizar la proporción de las diferentes bacterias y hongos que las componen. Pero también se analizaron datos sobre los pacientes concernientes a su edad, su género o la presencia de patologías previas. También si habían tomado algún fármaco en ese periodo. Y, por supuesto, se tuvo en cuenta qué pacientes desarrollaron COVID persistente y cuáles no. Esto se averiguó mediante encuesta a los pacientes y mediante una prueba de caminata para analizar la capacidad aeróbica y la resistencia. 

Vieron que no hubo diferencias con respecto a la edad, el género o las afecciones previas entre quienes desarrollaron COVID persistente y quiénes no. Pero la cosa cambiaba para la microbiota intestinal. Es cierto que la de todos los pacientes varió con el ingreso. Sin embargo, poco después ya era comparable a la del grupo control que no había pasado la enfermedad. Pero quienes tuvieron COVID persistente mantuvieron esos desajustes en el equilibrio entre determinados microbios.

Los microbios ‘culpables’

Al analizar la composición de la microbiota intestinal a los 6 meses, se vio que los pacientes con COVID persistente tenían significativamente menos F. prausnitziiy Blautia obeum. Y también una mayor abundancia de Ruminococcus gnavus y Bacteroides vulgatus. La primera se considera beneficiosa, mientras que las segundas son de las consideradas como hostiles. Esto es importante porque generalmente en una microbiota intestinal saludable los microbios beneficiosos se encuentran en una proporción que mantiene a raya a los que no lo son. Pero este no era el caso.

También se vio que se podía hacer una diferenciación mucho más precisa. Y es que comprobaron que, según los síntomas que persistieran en cada paciente, se modificarían los niveles de unos microbios u otros. Por ejemplo, quienes tenían síntomas respiratorios tenían una cantidad más elevada de Streptococcus anginosus, Streptococcus vestibularis, Streptococcus gordonii y Clostridium disporicum. Todas estas son bacterias de las consideradas oportunistas hostiles, que aprovechan situaciones de bajada de defensas o enfermedad para actuar.

Incluso encontraron composiciones microbiana características de síntomas concretos

También cabe preguntarse cómo puede afectar la microbiota intestinal a la recuperación de una enfermedad. Y para responder a esto no podemos olvidar que la composición microbiana de nuestro intestino está estrechamente relacionada con el funcionamiento de nuestro sistema inmunitario. De hecho, en este estudio también comprobaron que en los pacientes con COVID persistente a los 6 meses se habían agotado microbios conocidos por potenciar la inmunidad. Es, por ejemplo, el caso de Bifidobacterium pseudocatenulatum, F. prausnitzii, R. inulinivorans y Roseburia hominis. 

Y aún cabe una última pregunta. ¿Qué fue antes? ¿El huevo o la gallina? O, lo que es lo mismo, ¿la COVID persistente afectó negativamente a la microbiota intestinal o un mal equilibrio de la microbiota fue el desencadenante de la COVID persistente? Para los autores del estudio la clave podría estar en esto último. Y es que ya al inicio del ingreso los pacientes que acabaron desarrollando secuelas tenían una peor riqueza microbiana en su intestino.

Por todo esto, parece ser que los científicos que buscan las causas de la COVID persistente mirar de cerca a la microbiota intestinal. Es cierto que es solo un estudio observacional, de modo que no se pueden establecer los motivos de todo esto. Y que tampoco hubo muchos participantes. Habría que hacer nuevos estudios más completos. Pero, si los resultados se mantienen, podría tener un dato predictivo de la COVID persistente. Y, además, podría ser que la administración de trasplantes fecales o fármacos dirigidos a enriquecer la microbiota intestinal fueran uno de esos empujoncitos que necesitan los enfermos con secuelas para mejorar. Tendremos que estar muy pendientes a la evolución de esta línea de investigación.