Este año, más de un televidente se sorprendió cuando encontró a la antigua niña adorable de la televisión estadounidense Punky Brewster como una madre divorciada. La plataforma por suscripción Peacock trató de apuntalar su debut con la reinvención de un clásico de los ochenta. La serie, que intentaba reavivar el fenómeno y mostrar al personaje encarnado por Soleil Moon Frye como una adulta, fue un experimento arriesgado. Uno que incluía ampliar el mundo de la serie original para incluir a una Punky Brewster lidiando con problemas reales y dos hijos. El resultado fue un desastre de crítica y audiencia que terminó por ser cancelado al finalizar su primera y única temporada. 

Por otro lado, Kevin Smith se llevó algunos sinsabores en una circunstancia parecida con otro clásico de los ochenta. El escritor y director tomó la querida serie animada He — Man y los Masters del Universo y la dotó de una nueva historia de origen. Además, incluyó algunos giros sorprendentes y trató de avivar el interés, a través de un hilo narrativo por completo distinto al origen. De inmediato, se enfrentó a la polémica y al malestar de millones de fanáticos que se quejaron en redes sociales del cambio. Smith incluso se vio en la obligación de debatir en público los motivos por los cuales su adaptación reinventó el material original. 

La serie clásica de los ochenta, conocida por su simplicidad narrativa y su arraigo en toda una generación fue el ejemplo para voces críticas del fenómeno de los reboot. Hubo comentarios de fans sobre lo innecesario de su transformación. Mientras algunos se preguntaban si era necesario dotar de una historia nueva a un argumento básico. 

Pero más allá de la incomodidad del público y las observaciones de la crítica, hay una pregunta sin respuesta. ¿A qué se deben los fracasos de ambas producciones? En especial, cuando otro recordado clásico como Padres forzosos, regresó a Netflix con una reinvención exitosa como lo fue Madres forzosas. ¿En qué fallaron unas y en qué acertó la otra? La cuestión parece tener relación directa con la percepción sobre la integridad del material original. Pero también con el hecho del enfoque de producciones que intentan replantear lo que hizo famosa a una serie o a otra. 

¿A eso puede atribuirse el fracaso y la crítica de Punky Brewster y la nueva versión de Masters del Universo? Tal vez no todo es tan sencillo. O al menos, no tan evidente como parece. 

La historia sencilla de un clásico de los ochenta

En la década de los ochenta, las cuatro temporadas de Punky Brewster causaron furor. La química entre la jovencísima Soleil Moon Frye y su padre en la ficción, el actor George Gaynes, deslumbró a una generación. Se trataba de una serie sencilla enfocada en la crianza que además no tenía mayores ambiciones que las de divertir

Pero la combinación entre un argumento inocente y un final feliz para una huérfana encantadora fue suficiente para apuntalar el éxito de clásico de los ochenta. Se trató de un raro equilibrio que se mantuvo intacto en sus posteriores repeticiones. De modo que la decisión de la plataforma streaming de NBC Universal de traer a una de sus series insignes de vuelta no pareció del todo descabellada. 

Con críticas demoledoras, una audiencia cada vez más baja y un elenco desmotivado, la serie fue cancelada sin mayores explicaciones

Sí parece serlo el hecho de enfocarse en una Punky Brewster adulta, con problemas muy mundanos y la maternidad a cuestas. Y a pesar de que la misma Soleil Moon Frye se encargó de encarnar al personaje, la serie no pudo sostener el recuerdo de la original. Criticada por superficial, tediosa y, en el mejor de los casos, un intento desganado de recuperar la magia original, la serie fue un fracaso inmediato. Los antiguos fans lamentaron la pérdida de la conexión de la actriz con el público y que el proyecto se intentara llevar a cabo sin Henry, una ausencia notoria que el programa nunca pudo soslayar. 

Al final, la serie que recuperaba los clásicos de los ochenta cayó por su propio peso. Con críticas demoledoras, una audiencia cada vez más baja y un elenco desmotivado, la serie fue cancelada sin mayores explicaciones.

El poder del universo no fue suficiente 

Cuando Kevin Smith anunció que sería el creador de una serie de Netflix de Masters del Universo de Mattel, hubo revuelo entre fans. En especial, cuando el escritor dejó claro que era un seguidor del clásico original de los ochenta. Eso garantizaba, al menos, una evidente fidelidad a la recordada producción de la década de los ochenta. Smith insistió en varias entrevistas que su intención era dotar al protagonista animado de “personalidad y una sólida historia de origen”. También mencionó que tenía “ideas formidables” para traer de vuelta el programa para una nueva generación. 

Pero cuando el programa se estrenó en junio de este año, la expectación se convirtió en decepción. La premisa de Smith parecía haber desvirtuado un punto sensible del argumento y transformarlo en algo por completo distinto a la versión original. A pesar de su recorrido través del planeta Eternia y el mundo de la magia, la serie estaba más interesada en sus personajes. Y no precisamente con los que la audiencia se esperaba reencontrar. 

¿Por qué fracasaron los intentos de renovar ambos clásicos?

De hecho, uno de los puntos de debate fue la forma en la que Smith jugó con las expectativas de los fans. La promesa sobre toda una serie de historias basadas en los queridos personajes se desvirtuó en lo que pareció un personal punto de vista de Smith. El resultado fue un recorrido nuevo, con puntos altos, pero en general un fracaso narrativo en los más importantes. 

Kevin Smith debió salir a la defensa del show y sus decisiones en medio de una polémica malsonante. La discusión acabó en un enfrentamiento directo entre los fanáticos y el showrunner, en la que este último animó al público “a madurar”. Para cuando la segunda y conclusiva parte de la serie se estrenó, el entusiasmo fue mínimo y de hecho, pasó desapercibida en la oferta de Netflix. Es muy poco probable que sea renovada para una tercera temporada. 

¿Por qué fracasaron los intentos de renovar ambos clásicos de los ochenta? Quizás se trate del hecho que un argumento vinculado a la nostalgia no acepte revisiones. O incluso, de algo más simple: tanto He-Man como Punky Brewster son iconos generacionales. A pesar de ambas producciones, lo más probable es que no haya una manera respetuosa de reinventar un tesoro de la infancia. Una lección que parece haber quedado clara este año.