Soybean car. Automóvil de soja. Suena a algo moderno, sostenible, ecológico. Pero ya en 1941, un tal Henry Ford propuso fabricar coches con piezas de plástico sostenible creado con soja, trigo, cáñamo, lino y otros materiales. Una manera de abandonar los metales y los plásticos fabricados con petróleo. Una idea pionera para la primera mitad del siglo XX. En una época en la que la concienciación ambiental todavía no era un tema popular.

Fabricar un vehículo con plástico de soja, plástico sostenible. Unir la agricultura con la industria. Crear automóviles más seguros y sustituir los metales, cada vez más escasos en la antesala de la Segunda Guerra Mundial. Henry Ford es el padre de la producción en masa. En su caso, de coches a motor. Y en gran parte, es el responsable de popularizar el automóvil entre las clases populares. Vamos, que es uno de los causantes de que casi todo el mundo tenga vehículo a motor en la actualidad.

Curiosamente, el responsable de popularizar un medio de transporte contaminante, tuvo la idea de fabricar automóviles sostenibles. Al menos en su fabricación. Abandonando el acero y el aluminio por plásticos sostenibles que crecían en la tierra con mayor rapidez que se extraía petróleo de las profundidades y con menor impacto en la naturaleza. Algo que entonces todavía no era un tema del que hablaren los fabricantes de coches a motor.

El químico Robert Boyer con una maqueta del coche de soja y el chasis en miniatura. Fuente: V-8 Times

Henry Ford tiene una idea

Mucho se ha hablado de Henry Ford. Así que poco vamos a desvelar que no se haya contado ya de su biografía. Su gran hito, fabricar el Ford T en 1908. No era el primero de la Ford Motor Company. Pero sí inició una serie de éxitos empresariales. Un automóvil innovador con volante a la izquierda, motor y transmisión cerrados y suspensión mediante muelles. La clave de su éxito, era fácil de manejar y de reparar. Relativamente barato de comprar y que se fabricaba en masa, mediante cintas de ensamblaje. En 1914 ya se habían vendido 250.000 unidades. 472.000 en 1916. Su precio original era de 825 dólares de la época. Y para 1916, su precio había bajado hasta los 360 dólares estadounidenses.

Luego vendrían el Ford A de 1927, y en la década de 1930 empezaron a proliferar varios modelos de automóviles Ford. Para entonces, la Ford Motor Company era ya un gigante de la industria de la automoción. Y tras varios proyectos acertados y otros más polémicos, Ford siguió buscando nuevas fórmulas para innovar en sus vehículos. Una de estas innovaciones se presentó en 1941 en Dearborn, Michigan, en una feria abierta al público.

En Dearborn Days, la feria comunitaria anual de esa localidad, un 13 de agosto de 1941 se presentaba el automóvil de soja, el soybean car. Un vehículo a motor recubierto por plástico de soja. Catorce paneles que hacían que el coche fuera más ligero. En concreto, pesaba unas 2.000 libras, 1.000 libras por debajo de lo habitual en la época, según explica la página oficial del museo Henry Ford. “Se desconocen los ingredientes exactos de los paneles de plástico porque no existe ningún registro de la fórmula en la actualidad”. Pero según explica The New York Times, el plástico de soja de ese prototipo estaba fabricado con semillas de soja, trigo y maíz. Otros medios añadieron más ingredientes a la lista, como el cáñamo o el lino.

Robert Boyer y Henry Ford con su automóvil de plástico en su presentación en 1941. Fuente: Henry Ford Museum

El automóvil de soja

Fibra de soja impregnada con una resina fenólica con formaldehído. Este era el ingrediente principal del plástico de soja del soybean car según apuntó a la prensa Lowell E. Overly, el principal diseñador y constructor del automóvil de soja de Ford y que tuvo la ayuda del químico Robert A. Boyer. El proyecto surgió en 1938 y se gestó en el Laboratorio de la soja de Greenfield Village. Allí se gestó el plástico ecológico de soja. Y en cuanto al diseño del chasis, corrió a cargo de Eugene T. Gregorie, que aparece mencionado en la patente de este automóvil de 1940.

Sin embargo, la patente no menciona los materiales de elaboración, por lo que podemos deducir que se fabricaron con tubos de acero. Eso sí. Se trataba de un chasis moderno y ligero que gastaría menos combustible. También ofrecía suspensión mejorada en las ruedas. Y, en definitiva, era más fácil de construir, barato y duradero.

Desgraciadamente, en la actualidad no hay ningún prototipo ni modelo físico del automóvil de soja de Ford. Tan sólo fotografías del vehículo en su presentación allá por 1941 y alguna imagen del chasis. Una de las mejores fuentes para conocer este coche adelantado a su tiempo es una entrevista realizada en 1988 por Rusty Davis a Lowell E. Overly para la revista especializada V-8 Times. Seis páginas ilustradas con maquetas del soybean car, su estructura metálica y, finalmente, su prototipo terminado con un diseño moderno muy propio de los años 30 y 40 del siglo pasado.

El interior del coche de plástico de Ford. Tubos de acero. Un diseño ligero y moderno. Fuente: Henry Ford Museum

Overly fue una de las piezas clave para hacer realidad el “automóvil de plástico hecho de soja”, como lo llamó la prensa y el gran público. Precisamente, la entrevista antes mencionada se titula Henry’s Plastic Car, el coche de plástico de Henry. Por Henry Ford. En dicha entrevista nos explican que ya en los años 30, Ford empleaba plástico derivado de la soja para algunas piezas interiores. De ahí a extender el plástico de soja a todo el vehículo, había que dar un gran salto. Ni siquiera el soybean car logró su objetivo al 100%.

Lowell E. Overly empezó a trabajar para Ford en 1925. En 1938, el propio Henry Ford se interesó en emplear productos agrícolas en sus vehículos. De ahí que Overly, ingeniero de profesión, colaborase con el químico Robert Boyer en el Laboratorio de la soja de Greenfield Village, creado en 1929 por el propio Ford para investigar sobre nuevos materiales de origen agrícola. Para 1931, ya tenían una manera de crear el material a partir de la soja. Y para 1938 ya tenían disponibles algunas placas de plástico de soja a modo de muestras.

Ya está aquí la guerra

La Segunda Guerra Mundial fue una de las causantes de que el coche de soja se hiciera realidad. Y, por desgracia, también fue la responsable de que el experimento finalizara antes de tiempo, sin llegar a la fase de producción en masa. La segunda Gran Guerra requería de materias primas como el acero para crear las grandes máquinas de guerra. Tanques, aviones, barcos, submarinos… No había lugar para los automóviles privados. Así que si Henry Ford apostó por alternativas en forma de plástico de soja no fue por convicciones ecologistas. Buscaba no depender del acero, tan escaso entonces.

Lowell E. Overly conduciendo el coche de plástico de Ford. Fuente: Henry Ford Museum

La soja crecía en la tierra. El acero había que extraerlo de las minas. No era tan mala idea, pues, fabricar coches de plástico de soja si lograbas así no depender del acero y, al mismo tiempo, crear vehículos más ligeros, que consumieran menos y fueran más baratos de fabricar. Pero a pesar del prototipo presentado en el verano de 1941, todavía había camino por recorrer. Ese prototipo todavía dependía del acero en su interior y en los remaches que unían las partes plásticas.

Pero la participación de Estados Unidos en la Segunda Guerra Mundial, tras el ataque a Pearl Harbor a finales de ese mismo 1941, hizo que el proyecto del coche de soja se paralizara. El único prototipo fue a parar al interior de las instalaciones del Departamento de diseño de Ford. Y, según el artículo de V-8 Times dedicado a este vehículo, probablemente se desmontó para que sus componentes de acero se emplearan en la maquina bélica, tan necesaria entonces. El resto de piezas tal vez fueron destruidas por Eugene T. Gregorie, diseñador principal y socio de Ford.

El soybean car o coche de soja de Henry Ford de 1941 fue un adelantado a su tiempo. Una solución sostenible ante una necesidad, la falta de materias primas. Si no fue a más se debió a las limitaciones técnicas de la época. El moldeado de plástico no estaba tan avanzado como en la actualidad. Pero hoy en día, poco a poco vamos conociendo innovaciones en este terreno, como piezas de automóvil fabricadas con granos de café. Los bioplásticos son el futuro de una industria que debe dejar atrás viejos materiales, difíciles de reciclar y de aprovechar de nuevo. En una realidad en la que lo sostenible es cada vez más necesario si queremos mantener nuestro ritmo de vida sin exprimir los recursos disponibles hasta su agotamiento.