En el tema de las criptomonedas nadie se pone de acuerdo. Unos apuntan a una regulación que ponga como centro del sistema los modelos basados en blockchain. Otros se van al otro lado de la mesa y niegan la mayor respecto a la cadena de bloques financiera. Mientras, los 6,8 km² de Gibraltar quieren convertirse en el epicentro de las criptomonedas con un movimiento que bien podría ser una jugada magistral. También podría suponer una bomba de relojería para el enclave británico en el Mediterráneo.

De esta manera, y desde hace unos meses, Gibraltar ha iniciado un paso más para convertirse en los reyes de las cripto. Todo sin el visto bueno de la FCA –regulador financiero británico– que, pese a no tener jurisprudencia en esta manteria en la región del sur de Europa, apunta al peligro al que se expone la región.

Valereum, empresa tecnológica de intercambio de criptos, lanzó una oferta de compra del 80 % del accionariado de la Bolsa de Valores de Gibraltar. Funcionando de una forma similar que la compra de empresas, la adquisición de una parte mayoritaria de parqué de la región es un paso que va mucho más allá de una simple transacción. Funcionando como un efecto mariposa, en el momento en el que Valereum tome posesión de su puesto –y nada parece indicar que los reguladores echen para atrás esta operación– se producirá un antes y un después en total de los mercados bursátiles.

La tecnológica, con sede en Gibraltar y fundada por Richard Poulden, centra su actividad en el intercambio de monedas de curso legal por criptomonedas: Bitcoin, Dogecoin, Cardano, Ethereum y Tether. Por supuesto, también a la inversa. El objetivo de Valereum en el momento de la adquisición será el de trasladar su actividad a la Bolsa de Valores de Gibraltar. Será el primer mercado bursátil del mundo en aceptar criptomonedas para operar en los mercados regulados de acciones.

¿Tendrá un efecto bola de nieve para el resto de mercados? Es un hecho asegurado, aunque no está claro si será positivo o negativo. Los reguladores no se ponen de acuerdo en este punto.

Huyendo del sanbenito de los paraísos fiscales con una bomba de criptos en las manos

Foto por Maxim Hopman en Unsplash

Gibraltar ha sido uno de los históricos en el listado de los paraísos fiscales financieros. En marzo de 2021, España sacaba a la región de su listado tras un acuerdo tributario con el país. Pero aún hoy, la región independiente pero bajo el ala protectora de Reino Unido, sigue huyendo de la mala fama.

Un tercio de la economía de Gibraltar está centrada en el sector financiero. Casi 2.900 millones de euros gestionados por 82 empleados

Con la idea de quitarse la capa de paraíso fiscal, desde hace 3 años Gibraltar viene trabajando en la propuesta Blockchain Rock para ser el centro financiero del planeta; al menos en lo que a criptos respecta. Un sistema de filtrado de compañías blockchain a las que se les ha abierto la puerta de la región con un permiso de licencias para operar libremente. Desde su fundación, solo 14 han obtenido este permiso. Lo que para Gibraltar supone toda una garantía para asegurar el buen hacer de su próximo movimiento.

La compra de Valereum podría ser la guinda de un pastel que lleva cociéndose desde 2018. Un pastel que podría explotar en cualquier momento según los reguladores británicos. O también podría salir muy bien y ser la referencia para los próximos años para el resto de mercados.

Un tercio de la economía de Gibraltar está centrada en el sector financiero. Casi 2.900 millones de euros gestionados por 82 empleados–el total de funcionarios con los que cuenta para esta división– en un país de apenas 33.000 habitantes. Si bien es cierto que desde la Bolsa de Valores de Gibraltar se ha confirmado que su decisión está asegurada para luchar contra cualquier problema sobrevenido, los reguladores internacionales no lo tienen del todo claro especialmente si las criptos van a entrar a jugar en la liga de los mercados internacionales.

Apuntaban Albert Isola, ministro de Servicios Digitales, Financieros y Servicios Públicos de Gibraltar en declaraciones a The Guardian, que el sistema de filtrado y licencias es una garantía de buenas prácticas. Uno que intenta evitar los errores de Malta. La puerta de entrada al lavado de dinero cortesía de unas reglas muy laxas en la gestión de empresas bitcoin. Es precisamente el hecho de abrir la puerta a los mercados regulados los criminales digitales –y anónimos– lo que preocupa a los reguladores.

Un sistema sostenido en 4 empleados

La región incluso podría enfrentarse a grandes sanciones internacionales a fin de bloquear la permeabilidad de sus decisiones al resto de mercados. Desde Valereum apuntan a que los procesos implantados aseguran la veracidad de las operaciones y su legalidad. Unos procesos que, por cierto, están gestionados con un equipo de apenas 4 empleados: mejor tecnología que humanos que puedan pervertirse o equivocarse.

En esta línea, Gibraltar no cuenta con el respaldo ni de Reino Unido, ni de muchos reguladores internacionales. Londres daba la orden hace apenas unas semanas de prohibir cualquier operación de Binance en el país. Una decisión que apenas ha afectado a la tecnológica con sede en Islas Caimán precisamente por este mismo dato. Decía el regulador británico que las criptos no son un sistema de inversión válido para su sistema; que debe ser protegido ante esta nueva ola. Estados Unidos, Alemania y España también se han posicionado ligeramente en contra de las nuevas tendencias financieras; sus primeros pasos han venido de la mano de regular los anuncios que pregonan la actividad de las empresas vinculadas.

Pero en la cúspide está China, que siendo uno de los principales mercados de minado de criptomonedas ha pasado a prohibir cualquier actividad de las mismas en su territorio. Al otro lado, El Salvador, con una medida que no está claro si juega en la liga el marketing, aprobando el Bitcoin como su segunda moneda de curso legal. Con un 70% de la población sin acceso a un sistema financiero estándar, la idea de implantar bitcoin como moneda oficial se antoja una decisión populista para algunos sectores.