No podemos dudar de los avances conseguidos por el feminismo en los últimos años. No obstante, hay ámbitos que parecen resistirse a la lucha de las mujeres por la igualdad. La salud menstrual es uno de ellos. A día de hoy, para los medios la regla sigue siendo rosa, ligera y feliz –también para las apps para la regla–. Nos hablan de que con su nuevo producto estaremos más cómodas e incluso podremos hacer el pino, pero no nos cuentan que la regla no debería doler o que la mayoría de nosotras lo último que queremos hacer durante esos días es brincar.

No se habla de la endometriosis, que puede tardar en diagnosticarse hasta nueve años, de los efectos secundarios de la píldora anticonceptiva, de los síntomas de la menopausia y cómo mitigarlos o del Virus del Papiloma Humano. La salud de las mujeres parece ser completamente irrelevante para el ámbito médico y para la sociedad en general, salvo en una ocasión: cuando hay dinero de por medio.

Hace ya varios años que las usuarias disponemos de aplicaciones móviles para controlar nuestro ciclo menstrual, aproximadamente desde que a algún listo le pareció que eso podía ser un buen negocio. Sin embargo, en muchos casos se trata de espacios hostiles y poco desarrollados. Espacios infantiles de color de rosa, muy bonitos y llenos de flores y mariposas. Así es como se imaginan los señores la regla. Y así es como desarrollan unas apps para la regla poco útiles que no demuestran esfuerzo alguno por combatir los tabúes del ciclo menstrual. Hablemos de aplicaciones para la regla.

Lo que son y lo que deberían ser las apps para la regla

Cuando hablamos con Irene Aterido, sexóloga y consultora en sexualidad, salud y género, lo primero que nos deja claro es que “la menstruación no se puede predecir”. Pero, si no se puede saber exactamente cuánto dura el ciclo menstrual, ¿tienen sentido las apps para la regla?

Para ella, lo fundamental es que se garanticen los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres, uno de los cuales es el “derecho a una educación sexual, menstrual, veraz, sin sesgos y con la última evidencia”. Aterido sostiene que “gracias a las apps para la regla, a las webs de información menstrual y a las redes sociales se ha roto un paradigma donde los ginecólogos monopolizaban el discurso sobre nuestro ciclo menstrual”. Y esto es muy importante.

“El ciclo menstrual es un hecho humano universal que tiene muchísimas facetas culturales, sociales y económicas” y las mujeres “deberíamos ser las primeras expertas en nosotras mismas”. Para ello, Aterido apuesta por la alfabetización menstrual, una cuestión en la que este tipo de aplicaciones podrían tener un papel fundamental.

La salud de las mujeres en manos de hombres

Sin embargo, la mayoría de las apps para la regla no están en absoluto orientadas hacia esa alfabetización menstrual tan necesaria. Más bien se trata de espacios de color rosa con estética infantil en los que registrar los días de regla para poder hacer predicciones sobre la misma. Como bien señala Aterido, “mucha gente lo que cree es que va a calcular cuándo le viene la regla para hacer o no hacer actividades”. “Esto es lo que hay que cambiar”.

Este gran error de base tiene mucho que ver con la falta de paridad en el desarrollo de este tipo de proyectos. En Clue y Flo, dos de las apps para la regla más usadas y mejor catalogadas globalmente, los equipos directivos siempre han estado dominados, cuando no formados exclusivamente, por hombres. Flo fue fundada por un equipo de cuatro varones y los puestos de mayor responsabilidad continúan hoy en manos masculinas.

En el caso de Clue, la fundaron tres varones y una mujer, Ida Tin. La propia Tin declaró su intención de revolucionar la salud reproductiva y hacerse hueco en un sector, el de la tecnología, dominado por hombres. Más allá de si Ida Tin ha conseguido sus objetivos o no, la organización sigue sin ser transparente con la información sobre su equipo después de nueve años de actividad. Aunque este panorama ya ha empezado a cambiar con el surgimiento de nuevas aplicaciones independientes.

La esperanza es lo último que se pierde

Foto por Erol Ahmed en Unsplash

Más allá de las apps para la regla de diseño anticuado, cada vez existen más personas haciendo auténticos esfuerzos por ofrecer a las usuarias un interfaz adecuado y lleno de información para su salud menstrual. Lo que nos acerca un poco más a proyectos beneficiosos y útiles para las mujeres. Estas apps para la regla “deberían educar realmente en la ciclicidad y acabar con todos los mitos” que rodean a la regla, nos recuerda Irene Aterido. Ella misma ha colaborado con Cicla, un proyecto español formado por un equipo de mujeres que están preparando una nueva aplicación.

Para Aterido, la aplicación menstrual ideal debería “recoger todas las opciones anticonceptivas, considerar distintos estilos de vida y no vincular tanto el ciclo a la reproducción”. Algo con lo que coincide Analía Fukelman, fundadora de la aplicación argentina Lunar. Su proyecto surgió, precisamente, con el ánimo de cubrir la necesidad de las mujeres de conocer su ciclo menstrual, mucho menos atractiva para las grandes empresas que el control del ciclo. “La temática ciclo menstrual estaba cooptada por los modelos que eran más rentables económicamente”, es decir, por “el negocio de la fertilidad”. Su intención fue “tratar el ciclo menstrual sacando del centro la cuestión reproductiva y tomándolo como un ritmo vital que le ocurre a un cuerpo durante un montón de años”.

Más allá de la fertilidad

Dejar de concebir el ciclo menstrual solo como algo a lo que es necesario prestar atención para evitar o buscar un embarazo es imprescindible para que el desarrollo de este tipo de aplicaciones esté orientado a fomentar el autoconocimiento y la alfabetización menstrual. Enfocarse únicamente en el negocio de la fertilidad puede resultar muy rentable para sus desarrolladores, pero no tiene en cuenta a las usuarias.

En 2017 fue muy sonado el caso de Natural Cycles, que se convirtió en la primera aplicación certificada como método anticonceptivo en Europa. La app, basada en la temperatura corporal como predictivo de la fertilidad, fue denunciada por un hospital en Estocolmo a la Agencia Sueca del Medicamento por la cantidad de embarazos no deseados que tuvieron lugar tras su uso. Y eso sin contar con la cantidad de enfermedades de transmisión sexual registradas. El conocimiento y el bienestar de las usuarias deben ser centrales en el desarrollo de las aplicaciones de control del ciclo menstrual para evitar que las mujeres se expongan a riesgos innecesarios.

Irene Aterido añade que es imprescindible “preguntar a las usuarias qué necesitan”. Sin duda, la opinión de las usuarias, canalizada por equipos feministas, apropiados y especializados, será clave para dejar atrás una idea equivocada y perjudicial sobre la regla y comenzar la revolución del conocimiento menstrual. Es hora de decirle adiós a la sangre color pastel y a la obsoleta conversación sobre el olor de las nubes.

Jonathan Borba / Unsplash

El problema de los datos que no podía faltar

El mundo de las femtech, productos y servicios tecnológicos centrados en la salud de las mujeres, está de moda. La consultora Frost & Sullivan estima que este mercado valdrá 50.000 millones de dólares en 2025. Y, como no podía ser de otra manera, los datos son una parte fundamental del negocio.

Cada día se registran millones de datos de alto valor a través de las aplicaciones de control menstrual. Datos delicados relacionados con la salud de miles de mujeres que resultan muy atractivos para las empresas. Pero ¿les permiten las apps para la regla sacar tajada de ello? La respuesta es sí. Al menos en la mayoría de los casos.

El pasado año, la organización independiente Consumer Reports evaluó la transparencia de cinco populares aplicaciones de control menstrual. Entre ellas se encontraban Flo y Clue. La investigación concluyó que existe un enorme riesgo para las usuarias en lo que respecta a la protección de sus datos personales. Según los datos, ninguna de las apps para la regla garantiza que la información registrada sea usada únicamente para los fines inicialmente pretendidos. Lo que se debe a que todas ellas comparten los datos obtenidos con terceros para, por ejemplo, fines publicitarios. Y una vez esa información se encuentra en manos ajenas, ya no es posible saber lo que se hace con ella.

No obstante, el estudio señala que la aplicación Flo hizo cambios en su política de privacidad en 2019. Estas modificaciones se dieron a raíz de un artículo del Wall Street Journal que relacionaba a la app con Facebook, red social conocida por sus escándalos sobre uso indebido de datos. En la actualidad, Flo ha reducido a uno los socios con los que mantiene contacto para ofrecer publicidad dirigida. El resto de apps menstruales evaluadas cuentan con seis o más cada una.

Datos proporcionados por los desarrolladores. Extraídos de App Store.

Tener tus datos de salud menstrual protegidos es posible

Las aplicaciones para controlar las fases del ciclo menstrual que tienen detrás a grandes corporaciones suelen buscar el éxito rápido y el rédito económico a través de la venta de los datos de sus usuarias. Algo que no sucede tan a menudo cuando se trata de proyectos independientes que tienen como meta el bienestar de las mujeres y la alfabetización sobre su ciclo.

La aplicación argentina Lunar destaca especialmente por su política de privacidad y de tratamiento de datos, que, como afirma su fundadora Analía Fukelman “nos ha traído problemas para el desarrollo comercial”. En un mundo diseñado para comprar y vender, en el que priman la inmediatez, la opacidad y el éxito, proteger un activo tan valioso como los datos de salud de las usuarias resulta todo un reto. “Nos ha costado un poco más hacer las cosas así, pero aprendimos otros caminos y hay personas que lo valoran bastante”, destaca Fukelman. No obstante, muchas veces los proyectos independientes de apps para la regla no están exentos de otros riesgos.

La regla y las pseudoterapias

Como señala la sexóloga Irene Aterido, “las terapias menstruales a veces tienen un enfoque naturista, esencialista”. Todas estamos acostumbradas a la asociación de las fases del ciclo menstrual con las fases de la luna, aunque es algo que no tiene evidencia científica. Para Aterido, se trata de una metáfora con un elevado interés didáctico. “En terapia siempre usamos metáforas” y las fases lunares o las estaciones se usan a menudo en ámbitos pedagógicos para explicar el ciclo menstrual.

Sin embargo, un enfoque demasiado naturalista del ciclo menstrual puede conducir fácilmente a las pseudoterapias, abriendo una puerta muy peligrosa. Al hablar con Analía Fukelman sobre Lunar, nos cuenta que su propuesta es interdisciplinar y ofrece “puertitas para ver distintos tipos de información, todas al mismo nivel”. Pero sabemos de sobra que no toda la información está al mismo nivel, y mucho menos cuando hablamos de ciencia.

El esfuerzo del proyecto por huir de la fragmentación a la que el sistema somete a los cuerpos, especialmente los de las mujeres, y su voluntad por rescatar la propia experiencia tienen mucho valor. Pero es imprescindible mantener fuera del ámbito de la salud todas aquellas terapias que no cuentan con evidencia científica que las sustente.

La revolución de la salud menstrual parece estar a la vuelta de la esquina y a todas nos alegra dejar atrás los mitos y supersticiones que siempre han rodeado la regla para empezar a aprender sobre nuestros cuerpos y nuestros ciclos. Es importante que iniciemos bien este camino.