Tal vez el noruego Eskil Vogt (n. 1974) solo hubiese dirigido otro largometraje, Blind (2014), con anterioridad a The Innocents (Eskil Vogt, 2021), un thriller psicológico de terror que ha obtenido una mención especial a la mejor película en la Sección Oficial Fantástica del Festival de Sitges. Pero su carrera como guionista no es, sin duda, nada desdeñable.

Tras escribir cinco cortos y realizar dos de ellos, los titulados Une étreinte (2003) y Le étrangers (2004), estampó su firma en cinco libretos de Joachim Trier: Reprise (2006), Oslo, 31 de agosto (2011), El amor es más fuerte que las bombas (2015), Thelma (2017) y The Worst Person in the World (2021). Por supuesto, el de Blind y el de The Innocents también son suyos.

“Creo que la primera idea que tuve [sobre la segunda] fue qué pasaría si un grupo de niños estuviese jugando y algo mágico ocurriese”, nos detalla Eskil Vogt”, y entonces, fuesen por caminos separados a sus hogares, y pensaras: «¿Esto ha sucedido de verdad? ¿Ha sido real o su imaginación?». Me interesaba hacer una película en la que eso fuese real, en la que esa magia fuese real”.

La larga búsqueda de los niños protagonistas de ‘The Innocents’

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“Fui tonto para dirigir una película con cuatro chavales en el reparto”, bromea, “y eso es porque no pensé cuando estaba escribiendo el guion en las dificultades prácticas, dado que eso habría acabado con el desarrollo de la idea. Necesitas estar abierto cuando escribes. Y necesitaba encontrar a cuatro niños y debían ser excelentes o la película no tendría oportunidad de ser buena y caería en picado como una piedra”.

“Le dedicamos un año a la búsqueda del elenco, buscando niños y trabajando con ellos”, prosigue Eskil Vogt, “y me forcé a mí mismo a estar completamente abierto para el casting, porque necesitas cantidad para encontrar calidad”. Así, el equipo de Eskil Vogt estuvo tanteando a niños de ambos sexos y de cualquier etnia. “Eso hizo que viésemos a miles de personas, y entonces encontramos a estos niños”.

Y luego dieron con la novata Alva Brynsmo Ramstad, que interpreta a Anna. “Mirando atrás, creo que, si no la hubiésemos encontrado, no puedo ni imaginarme qué habría sido de la película”. Y su personaje estaba escrito como un joven, y el cambio se debe, según el director de The Innocents, a la mente abierta que tuvieron durante el casting, y a lo pacientes que se mostraron “para aprender” con él. “Y, cuando rodamos, fue todo estupendo; como trabajar con profesionales”.

Las posibilidades del género de terror según Eskil Vogt

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Me encanta que en el género del horror uno pueda ser más visual. No es poleo, café y charla; uno puede hacer más cine puro, como [Alfred] Hitchcock lo llamaría. Menos diálogo y una serie de imágenes y sonidos que te meten en una película”, declara Eskil Vogt. “Pero, incluso sabiendo cuando escribía el guion que se trataba de una película de terror y que me encantan estas películas, siempre me interesan los seres humanos, su psicología, sus dramas, y siento que necesito explorar eso. Así que es lo que pensaba cuando escribía”.

Las elecciones dramáticas aumentan la hondura de los personajes y pueden hacer que todo sea mejor, más profundo y relevante”, continúa. “Pero también puedo disfrutar con una película como las del giallo con una mala actuación porque hace que uno se divierta con los asesinatos debido a que no cree en los personajes en ese sentido”. Y puntualiza: “Sin embargo, cuando yo hago un largometraje, no quiero eso. Quiero trabajarlo a todos los niveles. Y puedo fallar, pero intento hacerlo lo mejor que puedo”.

Por qué hacer cine

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“Acabábamos de terminar el rodaje [de The Innocents] cuando la pandemia golpeó a Noruega, de modo que ya estábamos montándola. Y el efecto desagradable de la pandemia es que demoró mucho la posproducción de una manera muy frustrante, especialmente porque estábamos trabajando con Suecia para la edición de sonido y yo no podía ir allí”, explica Ekil Vogt. “Pero lo peor fue otra cosa. Me gustan mucho las proyecciones de prueba con público; ejerzo un control creativo total y no les tengo miedo”.

“Me gusta asistir a las proyecciones de la película que he hecho con una audiencia porque, si se la enseñas a tus colegas, las cosas se complican pero, si se la muestras al público, reaccionan espontáneamente, y eso es siempre muy útil”, admite el cineasta. “Y, por culpa de la pandemia, no pude hacerlo. Y la frustración de no poder proyectar la película así fue grande. Conque me resultó un placer enorme ir al Festival de Cannes y hacer un pase con montones de personas. Y es lo que le recuerda a uno que eso es por lo que hacemos cine; por qué trabajamos durante meses en estúpidos detalles de sonido. Porque el cine es fantástico”.

Los referentes de Eskil Vogt como director

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El realizador noruego nos dice que Alfred Hitchcock (La soga), Michelangelo Antonioni (Blow-Up), Andrei Tarkovsky (Stalker), Brian de Palma (Misión a Marte), Robert Bresson (Un condenado a muerte se ha escapado) o Ingmar Bergman (Secretos de un matrimonio) son algunos de sus directores favoritos. Pero sus referentes para la elaboración de The Innocents han sido otros.

“Soy un gran cinéfilo, amo las películas. Así que, normalmente, durante el proceso de escritura siempre tengo una lista de películas que quiero revisitar”, nos confiesa Eskil Vogt. Para este filme galardonado en el Festival de Sitges, Akira [Katsuhiro Ôtomo, 1988], por ejemplo. “Pero, cuando estaba desarrollando la idea, hablaba con la gente acerca de ella, sobre la magia de la infancia, e intentaba explicarle a mi productor aquello en lo que estaba trabajando, que se trata de un grupo de niños que descubre que tiene ciertas habilidades, y me quedé pensando: «¿Estoy haciendo lo que todo el mundo está haciendo ahora mismo?».

“Porque hay muchas historias como esa”, reconoce. “Y tuve que revisar para darme cuenta de que mi película no es sobre eso; no es una metáfora de la pubertad: mi cuerpo está cambiando, cosas extrañas están ocurriendo… Mi película es sobre la infancia, sobre la magia de la infancia, y no tiene nada que ver con las otras películas, y no sentí que necesitase revisarlas”.

“De manera que lo que hice fue volver a algunos de los grandes clásicos del cine sobre la infancia”, nos cuenta Eskil Vogt, “de los que hay algunos muy buenos de España, como dos de Víctor Erice, El espíritu de la colmena [1973] y El Sur [1983], y algunas películas francesas, como Ponette, de Jacques Doillon [1996]… Las cuales me recordaron que una obra puede ser muy cinemática si tienes a un actor infantil que sea realmente bueno. Es muy cinemático solo verle la cara, los pensamientos y las emociones que revela”. Y remata: “Si podía manejarlo y hacer eso, sería un material estupendo, y me animó a pensar que podría conseguirlo”.