El iPad mini pedía a gritos una renovación. Pese a que en 2019 Apple nos sorprendió con la llegada de una nueva versión del iPad mini (la quinta generación numerada), la estrategia de la compañía se había caracterizado por mantener el mismo diseño desde su lanzamiento durante cuatro generaciones completas, con pequeñísimos cambios.

Esta era una arma de doble filo. Por un lado, se trataba de uno de los iPad más potentes del momento, pero seguía cargando a sus espaldas con un diseño con botón home y marcos superiores e inferiores grandes, que sin duda perjudicaban enormemente el punto más interesante del dispositivo: su tamaño.

Además, el resto de la gama ya había emprendido un camino diferente. El iPad Pro 2018 llegó al mercado con un diseño sin bordes, más angular y con Face ID. Apple, posteriormente, repitió esta estrategia con el iPad Air del año pasado, que prescindía de Face ID en favor de Touch ID pero, a pesar de ello, la compañía se las había ingeniado para aplicar un diseño similar al del Pro.

Ambos movimientos dejaban al iPad mini en un terreno complicado: por un lado se mantuvo el diseño clásico y parte de las características intrínsecas del iPad de entrada, pero con un precio que le convertían en un opción un poco más complicada de recomendar que la del mencionado modelo de entrada (más barato).

Además, el iPad mini de quinta generación seguía incluyendo el mismo tipo de pantalla. Y su compatibilidad con dispositivos de entrada en forma lápiz estaba limitado al primer modelo del Pencil y al conjunto de accesorios Lightning.

Quizás en 2019 era un poco pronto para esperar una renovación del iPad mini como la que hoy tenemos entre manos. Tanto el sistema de construcción como el diseño en ese momento estaban destinados a la gama Pro, cuyo precio (y prestaciones) distaba bastante del resto de la gama, aunque no su utilidad intrínseca.

Sin embargo, cuando en 2020 Apple renovó el iPad Air y puso en marcha este nuevo diseño que venía a unificar la gama (aunque con diferencias), sabíamos que el iPad mini iba a seguir el mismo camino tarde o temprano. Y es que, aunque el modelo más pequeño de iPad tiene menos recorrido en el mercado que el resto, el nicho de usuarios que son amantes del mini pedía a gritos aprovechar mejor el tamaño de la pantalla. Y eso pasaba irremediablemente por eliminar el botón home y estrechar los bordes.

Y esto es lo que Apple ha puesto sobre la mesa. El nuevo iPad mini, la sexta generación desde su lanzamiento inicial, trae consigo un nuevo diseño. Quizás nuevo no es la palabra si lo comparamos con el resto de gama iPad, pero sin duda sí lo es para el más pequeño de la casa. La estrategia es similar a la del iPad Air que analizamos el año pasado. La misma, en realidad. Y no tendremos que esperar muchos años para ver la jugada repetida con el iPad más barato.

La mejor forma de definir el iPad mini de sexta generación es hacerlo como un iPad Air en miniatura en términos de diseño. Ambos montan la misma pantalla Pantalla Liquid Retina True Tone cuya única diferencia es el tamaño de la misma. Mientras que el iPad Air tiene un panel de 10,9 pulgadas, el del iPad mini cae hasta las 8,3 pulgadas. Al mantener el mismo diseño de dispositivo en un conjunto más pequeño y compacto tenemos algún beneficio adicional: el peso del iPad mini es de solo 297 gramos, mucho menos que los 450 gramos del Air. Y eso se nota mucho en la mano.

Siendo alguien que ha probado ambos modelos, puedo decir que las diferencias en el uso y en llevar y traer ambos iPad de un lado a otro son la noche y el día. Y todo ello sin sacrificar sus capacidades, pues ambos ofrecen exactamente las mismas funcionalidades. Es más, examinando las especificaciones de ambos, el iPad mini ofrece incluso más valor hoy en día que el iPad Air del 2020.

Una de las principales diferencias la encontramos en la conectividad 5G, que en nuestras pruebas ofrece los mismos resultados que tenemos en terminales como el iPhone 12. En el centro de Madrid, alcanza los 280Mbps de forma sostenida, muy por encima de lo que necesitamos para ver contenidos en streaming en 4K o para el trabajo diario.

Mismo chip A15 Bionic que el iPhone 13, potencia asegurada

El iPad mini es un equipo formidable para el trabajo en el día a día. Quizás su tamaño de pantalla no es lo suficientemente generosa para trabajar en vídeo o foto con la misma comodidad que en otros modelos con la pantalla más grande –ese a que el dispositivo es compatible con el Pencil 2 de Apple, que se lanzó con los modelos Pro–. Pero sí permite ser usado como un auténtico todoterreno gracias a la potencia extra del chip A15 Bionic, que recordemos que es el mismo que monta los iPhone 13 y 13 Pro con algunas variaciones para adaptarlo al dispositivo.

Esto permite que el equipo trabaje con un poco más de soltura que el iPad Air en todas las situaciones e incluyendo la edición de vídeo en 4K, que se puede verter directamente de una cámara profesional al iPad gracias a que Apple ha incluido USB-C en el más pequeño de la casa.

Por eso, aunque decimos que su pantalla no sea tan cómoda para un trabajo gráfico intensivo, es el equipo perfecto para el trabajo en movilidad. Tanto por su peso muy reducido como por increíble potencia y la soltura con la que trabaja en todas las situaciones en las que podemos ponerle a prueba. Eso sí, hay que tener en cuenta que el iPad mini desecha por completo el Smart Connector, por los que su compatibilidad con teclados y accesorios se limita al Bluetooth.

El nuevo iPad mini no hace concesiones ni en calidad de pantalla ni en autonomía

Su pantalla es, además, más nítida que la del iPad Air puesto que la Liquid Retina del iPad mini, gracias a la reducción de sus pulgadas efectivas, disparan su densidad de píxeles hasta los 326 píxeles por pulgadas. Mantiene, eso sí, el brillo máximo en los mismos valores que su hermano mayor (500 nits típicos), P3 y la gama cromática completa.

Respecto al iPad Air también ganamos el Encuadre Centrado, la función que hace que el iPad “te siga” cuando haces una videollamada o amplíe el plano cuando aparece un nuevo sujeto en escena.

La autonomía, por otra parte, es una de las cosas que más nos ha sorprendido: la batería del iPad mini ha aguantado perfectamente todo lo que le hemos echado encima, y si bien el uso intensivo del 5G o la edición de vídeo (la exportación, más bien) es bastante demandante, cualquier usuario encontrará colmadas su expectativas en este apartado en una jornada diaria. Además, Apple ha incluido un cargador de 20W con el iPad mini, por lo que las cargas son bastante rápidas pese a que, oficialmente, no tiene algo parecido a lo que consideramos carga rápida.

El resto de opciones que ofrece el iPad mini son intrínsecas a toda la gama. iPadOS 15 es el culpable de unificar la experiencia de uso entre todos los dispositivos, y en nuestras pruebas no hemos encontrado diferencias entre trabajar con un dispositivo a otro. Por ello, la puesta en valor del iPad mini sigue siendo, sin duda, su portabilidad y su tamaño.

Puede que el que tenga un iPhone Pro Max encuentre un absurdo el iPad mini respecto a la pantalla extra que ganamos. O que aquel que busque consumir contenido se le quede corta, pero sin duda este iPad mini encaja perfectamente en el nicho de consumidores que busca un equipo compacto en movilidad para trabajar. Y que por más pequeño que sea permita realizar cualquier tipo de tareas, incluso aquellas hasta ahora limitadas al iPad Pro.

El USB-C y las mejoras en la cámara son quizás el apartado más interesante que buscará el usuario profesional, pero la compatibilidad con el Apple Pencil 2 también abre la puerta al trabajo creativo; cuya mayor limitación estará, como es lógico, en el tamaño de pantalla.

iPad mini de sexta generación: ¿merece la pena?

Entonces, ¿merece la pena? Bueno, depende. El iPad mini es un equipo capaz y está muy por encima de la media en todas las situaciones. Pero su tamaño compacto y su pantalla de 8,3 pulgadas son el punto más importante a tener en cuenta en la decisión de compra. iPadOS 15, el chip A15, el USB-C y el Pencil 2 ofrecen todo y más de lo que cualquier usuario puede esperar, pero cada uno tendrá que examinar si el tamaño del mini le basta o se adapta a lo que realmente necesita.

El equipo en sí es una auténtica delicia en el día a día. Es tremendamente cómodo de usar para leer textos y trabajar en movilidad en tareas básicas –responder correos, organizar equipos, revisar documentos, etc.–. Recordemos, eso sí, que no tiene ninguna funda oficial de Apple con teclado ni Smart Conector, por lo que su compatibilidad única con teclados Bluetooth o cable vía USB-C lastran un poco sus opciones como oficina portátil.

No obstante, también puede ser un gran aliado de creativos o profesionales de la foto o el vídeo, para los que iPad Pro se les hace grande, el iPad Air poco potente o quieran algo compacto para la movilidad. La excelente calidad de su pantalla, además, le hace ganar puntos en este campo.

Sea como sea, cualquier usuario va a encontrar en el iPad mini de sexta generación un equipo perfecto tanto en posibilidades como en autonomía. Y, por tanto, la única duda que dejará a la mayoría es si el tamaño de su pantalla será suficiente para colmar sus necesidades. En todo lo demás, e incluso en las características de su pantalla, es un equipo sobresaliente. Quizás la opción más recomendable en relación precio/prestaciones, y más con el nuevo diseño, con el que por fin un iPad mini es mini sin que eso suponga más bordes que pantalla.

Es, en definitiva, el iPad mini que todos estábamos esperando. Y especialmente, aquellos que usuarios que buscábamos un iPad mini sin tener que renunciar a nada.