Hace diecinueve años, Spider-Man llegaba a los cines de la mano de Sam Raimi. Se trató de un experimento que no sólo celebró lo mejor del cómic, sino que llevó al cine de superhéroes a un nuevo nivel. Para entonces, ya había un pequeño y desordenado universo de adaptaciones, sin demasiado exitoso. 

Durante los ’90, las adaptaciones de Batman de Tim Burton y Blade de Stephen Norrington había causado sensación. Pero además, habían dejado claro que el cine de superhéroes podría tener a futuro una considerable importancia. En el 2000, X Men de Bryan Singer se había estrenado con buenas críticas y una taquilla considerable. No obstante, la película se consideró menor y aunque después logró convertirse en una franquicia irregular, no llenó las expectativas.

No se trataba de una buena época para las películas de superhéroes. Todavía se consideraba un género específico dedicado a un público minoritario y salvo excepciones, no demasiado atractivo para las productoras. Y tal vez por eso, el triunfo de Spider-Man fue tan significativo. En su estreno, el 3 de mayo del 2002, el film de Sony Pictures logró un éxito de taquilla tan considerable como para convertirse en un hito. 

De hecho, se convertiría en una de las películas más rentables de ese año, solo superada por El Señor de los Anillos: Las Dos Torres ($ 936 millones) y Harry Potter y el Cámara secreta ($ 878 millones). También obtendría el récord en convertirse en el primer film de la historia en recaudar más de 100$ millones en su primer fin de semana. Como dato curioso, fue la adaptación superheroica más rentable del cine, sólo superada por su tercera parte estrenada en el 2007. 

Pero al personaje de Spider-Man le llevó un largo trecho llegar al cine. Y en especial, encontrar su lugar como uno de los grande éxitos del cine de entretenimiento. Entre disputas legales y un complicado historial de proyectos fallidos que casi lleva al traste la adaptación, el trepamuros de Nueva York fue un proyecto casi providencial. 

Y lo fue, porque sin duda se trató de una confluencia afortunada entre un elenco ideal y un director competente para lograr un film brillante. A pesar de la incapacidad de plasmar la historia de Spider-Man en todo su complejidad, Raimi logró crear una historia poderosa. Y una, que además, mostró el camino para una franquicia que se ha convertido en una de las grandes rarezas del cine actual.

Spider-Man, la araña pende de un hilo: del cómic al cine

Durante más de treinta años, hubo al menos cuatro proyectos para llevar la historia de Spider-Man al cine. El primero fue The Amazing Spider-Man (1977), producida por Columbia Pictures y dirigida por E. W. Swackhamer. Para la ocasión, Nicholas Hammond llevó las mallas de Peter Parker/Spider-Man. Con mínimo éxito, el film llegó a la TV gracias a CBS el 14 de septiembre de 1977.

El segundo y también fallido intento por adaptar la historia de Peter Parker, se estrenó en 1978. Titulada Spider-Man Strikes Back, de nuevo con Nicholas Hammond como el trepamuros de Nueva York. Posteriormente, en 1981 Spider-Man: The Dragon’s Challenge, fue el intento más serio de adaptar la historia del superhéroe para el cine. No obstante, la película tropezó con numerosos obstáculos y terminó por ser de proyección limitada y un fracaso de taquilla. 

Durante los años ochenta, Cannon Films, Carolco Pictures / MGM y Columbia Pictures, hicieron algunos intentos de cristalizar el proyecto. Incluso, en una ocasión, un guion de James Cameron fue considerado como parte las opciones para el argumento. Pero al final, una serie de litigios por licencias y la presión de los estudios por un éxito de taquilla, evitó una posible filmación. 

Spidey finalmente en el cine 

Tal vez por el largo recorrido a través de fallidos intentos de adaptación y fracasos financieros, la adaptación de Sony era todo un reto. Para la ocasión, se escogió a Sam Raimi (The Evil Dead y Army of Darkness), para dirigir lo que debía ser una film de origen. 

El director, que más de una vez insistió era un fanático del cómic, desarrolló el guion de David Koepp (Jurassic Park) como un proyecto personal. Admitiría después, que lo hizo imaginando una versión de Peter Parker en una etapa de “transición” de la adolescencia a la adultez. Siento que hay una gran expectativa que tengo que cumplir”, dijo Raimi en 2001. “Todo lo que puedo hacer es lo que hace que el personaje funcione para mí. (Llevar al cine) lo que me atrajo cuando leí los cómics. Trato de llevar eso al cine en la película de Spider-Man y espero que atraiga a todos los demás”. 

El resultado fue una película con un tono e identidad propia que sorprendió a los seguidores más escépticos. Para la ocasión, el actor Tobey Maguire encarnó a Peter Parker desde cierta sutileza tímida. Le acompaña un elenco que incluía a Cliff Robertson como el tío Ben y Willem Dafoe como el villano Duende Verde. Fueron elecciones arriesgadas, en especial, cuando Sony presionaba para un elenco más conocido, en busca de un éxito de taquilla instantáneo. 

Pero Raimi insistió en su visión. De hecho, fue el director quien dotó al personaje de todo su aire de hombre que descubre sus poderes casi por accidente. La fórmula de la historia de origen de Raimi cautivó a los fanáticos y de hecho, creó una mirada mucho más humana sobre los superhéroes. 

Llena de momentos icónicos y convertida en una forma de narrar historias con sensibilidad e ingenio, Spider-Man de Sam Raimi es un hito cinematográfico. Uno que además, demostró el valor del cine de superhéroes y la forma de crear una narración atractiva de historias hasta entonces consideradas infantiles. 

Todavía restaban décadas para llegada de las grandes aventuras de Marvel o la solemne sobriedad de Zack Snyder. Pero fue Raimi el que dotó de identidad, valor y sentido del poder a la grandes épicas en papel. Un logro que aun se mantiene intacto en todo el valor que brinda a la cultura pop.