La Casa del Papel regresa y ya tenemos un primer vistazo. El tráiler ha dejado claro parte de lo que podemos esperar en la quinta y última temporada. Pero la saga del robo más audaz y estrafalario pareció alargarse indefinidamente. Y aunque el show sigue disfrutando de una enorme popularidad, hay una pregunta inevitable. ¿Era necesario extender el argumento hasta que comenzó a tocar extremos irrisorios?. ¿Qué ocurre cuando la popularidad y la audiencia determinan la duración de un programa? 

En especial, La Casa de Papel sufrió un fenómeno que durante años ha formado parte de los ciclos de éxito de las grandes series. Lo que comienza como un triunfo argumental, puede convertirse con facilidad en un desastre narrativo. Y hacerlo por la necesidad de los guionistas y productores de extender más de lo necesario la duración de historias con un núcleo concreto. 

¿Era necesario que una serie que se movía en el ámbito de las heist movies tuviera que volverse una combinación poco clara de géneros?. ¿Debían ser asesinados personajes en mitad de una estructura narrativa sólida sólo por mantener la atención de la audiencia? La quinta temporada de La Casa de Papel es un cierre para una narración que tomó giros disparatados y se convirtió en una mezcla confusa. 

Pero lo ocurrido con la serie española insigne en Netflix no es el primer (ni seguramente el último caso) de lo que el ámbito televisivo tiene incluso una clasificación. ¿Cuando “salto el tiburón” La Casa de Papel? La pregunta vale la pena un análisis. 

La Casa de Papel y Días felices, dos aspectos de la misma crisis de ideas

Durante la década de los años ’70, la serie Días felices de Garry Marshall se convirtió en la favorita del público. Con la producción, la tradicional sitcom estadounidense alcanzó un nivel novedoso de humor, narración y puesta en escena. Pero alrededor de 1977, comenzó a tener un evidente declive de sintonía que coincidió con una deslucida quinta temporada

En cualquier otra circunstancia, la serie habría sido cancelada o finalizada. Pero Días Felices era una institución televisiva. De modo que los guionistas tomaron una decisión desesperada. Una además que haría historia: incluir un hecho inexplicable y novedoso para aumentar los números de audiencia. La decisión incluyó una escena en la que uno de los personajes saltaba un tiburón mientras hacía esquí acuático. ¿Disparatado? Por supuesto. ¿Efectivo? Sin duda. La serie recuperó la atención del público y se mantuvo hasta la temporada once en antena. 

Pero la anécdota sirvió para englobar la forma en que las producciones tratan de alargar éxitos de audiencia desvirtuando la trama. Eso, a costa de la calidad y también de la integridad de la historia. Desde entonces, se llama “saltar el tiburón” a las decisiones narrativamente inconsistentes que los guionistas toman para alargar la vida de las series

Puede que hasta hace unas décadas el fenómeno no fuera tan notorio, pero en plena edad dorada de la televisión y las plataformas streaming, se hace evidente. Series como Elite, Lucifer, House of Cards e incluso, la emblemática Game of Thrones, sufrieron — y sufren — por decisiones sin sentido que alargan su duración en pantalla. Y aunque algunos motivos sean debatibles, la idea de las rupturas en argumentos sólidos en busca del favor del público, siempre es preocupante. 

En la época en que las series son eventos televisivos de considerable factura, “saltar el tiburón” es una idea preocupante. Te dejamos algunos ejemplos de series que han perdido fuelle y nunca se han recuperado del todo de malas decisiones creativas: 

La Casa de Papel

Netflix

¿Era necesidad que ocurriera algo más luego del robo Fábrica Nacional de Moneda y Timbre?. Es una pregunta con varias respuestas, pero lo que era el músculo central de la serie, terminó por derrumbarse de manera incómoda. No sólo por las diferentes capas de sucesos inesperados y muertes trágicas destinadas a llamar la atención del público. También por la insistencia de la producción de convertir un suspense dramático y ferozmente subversivo, en un melodrama al uso.

Stranger Things

Es complicado decir cuando “saltó el tiburón” la serie insigne de Netflix. Pero es probable que haya ocurrido entre la segunda y tercera temporada, cuando el misterio se volvió cíclico. Y aunque conservó su encanto y sin duda, el favor del público, perdió frescura y originalidad. Con una nueva temporada en puertas y el anuncio que al parecer no será la última, la historia parece comenzar a flaquear. 

Homeland

Imagen: Showtime

Como todo thriller de suspenso que se precie — y más si lleva aparejado paranoia — la serie depende de su tensión interna. Mucho más, de la capacidad de la historia de crear atmósfera. Y fue justamente el error de los guionistas, que entre la segunda y tercera temporada destrozaron el hilo narrativo con decisiones funestas. 

No solo el hecho de destruir la tensión de Carrie y Nick, sino además, enlazar de una manera compleja, situaciones políticas con algo más impreciso. La serie se volvió una combinación de varias historias a la vez y nunca se recuperó de la pérdida de sus secretos. Y en especial, de su inteligencia argumental.

House of Cards

Quizás sea el único punto unánime en una discusión como esta: la serie “saltó el tiburón” durante su sexta y última temporada. Ya por entonces, había todo tipo de momentos inverosímiles y ridículos. Pero continuar la serie a marchas forzadas luego del escándalo que rodeó a Kevin Spacey no fue una de las mejores decisiones de Netflix. Y terminó por comprobarlo con las peores críticas que la plataforma ha recibido en su historia. 

Game of Thrones

Pregunta para el debate. ¿La gran serie emblema de HBO tuvo alguna decisión argumental cuestionable? Si tomamos en cuenta que estuvo basada en una saga de novelas río hasta la quinta temporada, el planteamiento cambia. Y el cuestionamiento es necesario. ¿Fue una decisión coherente con el espíritu de la obra seguir sin su par literario?. 

La serie terminó por perder solidez, coherencia y lógica. Al final, la octava y criticada temporada fue una combinación de fórmulas de guion clichés y sin sentido. Un salto de tiburón que agrió el logro de la serie de ser un fenómeno televisivo.