El verano ya está aquí y con él las vacaciones y los viajes. Por desgracia, para algunas personas, estos últimos pueden ir acompañados de esas molestas náuseas que convierten el desplazamiento a nuestro destino vacacional en una  molesta odisea. Hay soluciones, que incluyen ciertos fármacos, como la Biodramina. Sin embargo, otros viajeros prefieren recurrir a otras opciones más naturales, como las muñequeras o pulseras para los mareos.

Estos accesorios se basan en la acupresión, una rama de la medicina tradicional china, similar a la acupuntura. Se parece a ella en que también se basa en el concepto de la energía vital, llamada chi, que corre por unas líneas imaginarias del cuerpo, llamadas meridianos. Y se diferencia en que, en vez de agujas, para presionar esos puntos estratégicos que corrigen el flujo de energía se usa la presión. Con las manos o con elementos como estas pulseras para los mareos.

Ahora bien, ¿hay realmente alguna evidencia científica de su eficacia? Muchos estudios afirman que sí, pero lo cierto es que no se han realizado con la mejor de las metodologías.

¿Cómo funcionan las pulseras para los mareos?

Las muñequeras o pulseras para los mareos contienen botones que mantienen una presión constante sobre el punto P6. Este se ubica en la muñeca, entre los tendones centrales y a una distancia de tres dedos desde el primer pliegue hacia el antebrazo.

Supuestamente, la presión en esta zona ayuda a evitar los vértigos, las náuseas e incluso los vómitos. Se aplica a los mareos por desplazamiento, más conocidos como cinetosis. Pero también a los resultantes de los embarazos, la quimioterapia y un amplio abanico de enfermedades.

¿Realmente funcionan?

En España, la acupresión forma parte de la lista de terapias en revisión para ser acuñadas como pseudoterapias en el marco de la campaña CoNprueba. 

Hay muchos estudios que defienden el uso de la acupresión contra los mareos, pero la mayoría podrían estar sesgados

Junto a ella se encuentran otras como la abrazoterapia, por lo que nos podemos hacer una idea del lugar que irán ocupando una vez finalizados los procesos de revisión.

Dejando a eso un lado, sí que es cierto que existen estudios científicos que apoyan la eficacia de la acupresión y las pulseras para los mareos.

La mayoría de ellos están publicados en revistas sobre medicina tradicional. Eso podría ser un punto en contra. Sin embargo, si son estudios de calidad, el sitio de publicación da igual. El caso es que no es así.

Por ejemplo, en 2011 se publicó una revisión en la que se analizaban 43 estudios sobre el uso de esta técnica para tratar principalmente el dolor y las náuseas en embarazadas, pacientes con quimioterapia, personas que acaban de ser intervenidas quirúrgicamente y pacientes que sufrieron un infarto de miocardio reciente. Además, se analizan casos de cinetosis.

En todos ellos, se empleaban pulseras para los mareos, similares a las que se usan para prevenir las náuseas por movimiento. Y, si bien en todos los resultados son muy positivos, esta revisión señala que en la mayoría de ellos la calidad con la que se diseñaron los ensayos clínicos no es muy buena. Por lo tanto, pueden estar sesgados.

Del mismo modo, en una revisión Cochrane actualizada en 2014, en la que se incluyeron 56 estudios, se concluyó también que se necesitan estudios más precisos y experimentos mejor diseñados para poder afirmar que realmente la acupresión sirva de algo. Cochrane es una asociación sin ánimo de lucro en la que se reúnen expertos de todo el mundo para revisar meticulosamente la literatura científica existente sobre distintas intervenciones de salud. Por eso, estas conclusiones son muy importante.

Y tanto ellos como los autores de la revisión de 2011 hacen referencia a que los beneficios que supuestamente aporta la acupresión pueden estar relacionados con el efecto placebo.

Por supuesto, el uso de pulseras para los mareos no es peligroso. El problema es que lo más probable es que si nos funcionan sea porque nos mentalizamos de que lo harán. Y esto podría hacerse sin gastar dinero. Cada cual puede elegir lo que quiera, pero sabiendo que, en base a la ciencia existente, no parece que sirvan de nada. 

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