La calle del terror, parte 3: 1666 comienza en el mismo punto en que acaba su predecesora. Pero a pesar de que pueda parecer un truco simple para completar la trilogía de Netflix, en realidad es un medido riesgo narrativo. La historia se desarrolla con una precisión que asombra, y además completa su recorrido con una ingeniosa mirada al terror. 

Si los dos largometrajes anteriores habían narrado de una forma incompleta una historia más amplia, la tercera la completa. Es un argumento repleto de guiños con toques de alegoría cultural eficaces. En conjunto, la película elabora un recorrido por lo que ya había planteado y lo lleva al siguiente nivel. Lo hace desde una composición brillante del sentido y la forma de contar el terror. 

Si la primera y segunda parte eran metáforas pintorescas sobre el miedo, La calle del terror, parte 3: 1666 toma el escenario histórico y lo transforma en tragedia. Además, utiliza todos los tropos habituales de películas sobre maldiciones, brujas y hechicería para crear un argumento complejo, bien estructurado y coherente. 

El riesgo de un flashback basado en recuerdos, podría haber resultado en una ruptura de ritmo y tono. Pero Leigh Janiak consigue que La calle del terror, parte 3: 1666 sea una especulación válida sobre una historia de origen que sostiene la trilogía entera. Si en La calle del terror, parte 2: 1978 la directora había jugado con la estructura de los slasher, para el cierre de la historia opta por profundizar en el mal. 

Y lo hace con una cuidadosa metáfora sobre el miedo, el prejuicio, el odio y lo terrorífico. Todo sin perder su tronco común y la necesidad de relatar una historia que abarca casi cinco siglos. En las dos películas anteriores, Janiak creó una estructura consistente en todo tipo de referencias, que integradas entre sí lograban sostener un argumento incompleto. 

Para La calle del terror, parte 3: 1666, la mirada se hace más penetrante y el terror lo es todo. Atrás quedaron las meras insinuaciones sobre lo sobrenatural. Y el argumento abraza el misterio y lo inquietante en toda su extensión. Con toques de horror folk hasta el gore, la película de Netflix es una precisa concepción sobre el peligro latente. 

La cualidad del guion para unir varias partes distintas de un todo logra que la película tenga una cuidada trama. Nada es casual en este recorrido hacia lo terrorífico. Mucho menos, hacia el centro del enigma que ha hecho Shadyside el centro de una tragedia centenaria. Y Janiak, haciendo gala de todo tipo de recursos y giros de guion, lo sabe. 

'La calle del terror, parte 3: 1666', la caja de todos los misterios

Sarah Fier es una bruja, o al menos es lo creen todos los que viven en la colonia. Janiak comienza su historia con una mirada casi naturista al pueblo de Shadyside, o al menos en lugar donde estará en el futuro. Con una tensión semejante a que creó Robert Eggers para The Witch, la cámara va de un lado a otro para narrar el miedo paranoico. Janiak logra que el recorrido sea un esbozo del mundo al que Sarah debe enfrentar.

La construcción de la historia tiene mucho del clima opresivo de The Crucible (1996) de Nicholas Hytner, de la que Janiak toma toma la atmósfera claustrofóbica. Con su reconstrucción a pequeña escala de la histeria colectiva que provocaba la brujería, La calle del terror, parte 3: 1666 juega con las piezas de información. Mucho más, cuando la mayoría de los personajes están en medio de la certeza horrorizada de que algo está ocurriendo. El peligro se enlaza con algo más primitivo y potente a medida que Sarah descubre la real amenaza. 

Es entonces cuando Janiak toma la decisión de crear una atmósfera enrarecida en la que el miedo lo es todo. Con un inteligente uso de la cámara subjetiva y un acento en el terror invisible, lo sobrenatural toma el lugar del terror sugerido. Pero antes, Janiak ha planteado una serie de dilemas que convierten a la historia en una narración circular en la que cada hilo argumental se completa. 

La Sarah del pasado sufre la condena inevitable por lo que es y lo que representa. A la vez, la conexión con la futuro es notoria. Y antes de que el gran secreto sobrenatural se muestre, ya es evidente que la condena de la bruja es mucho más un castigo. También es un acto de exclusión y una forma directa de emparentar la historia del pasado con la del futuro.

El firme hilo conductor es lo suficientemente consistente como para no parecer forzado ni artificial. Se trata de dilemas que exploran a Shadyside y su maldición como un reverso de algunos otros terrores ocultos en la sombra.

Pero al final, La calle del terror, parte 3: 1666 es una película de terror. Una brillante, bien construida y que en esta ocasión no duda en introducir todos los elementos necesarios para entablar un diálogo con lo temible.

El pasado y el futuro convergen en colores neón

Para su tercer y último tramo, la película de Netflix empalma su primera y segunda parte en una sola historia que avanza sin tropiezos. El misterio central se explica y una vez que sale a flote, el guion no pierde el tiempo en avanzar hacia la resolución final. Con el riesgo de contar una historia cuyo ritmo cambia a la mitad, Janiak encontró la manera de enlazar ambos trozo de argumento en algo mayor. 

La calle del terror, parte 3: 1666 se convierte entonces en el thriller de gore que prometió en su primera parte. Con la información de su pequeño tránsito al pasado a cuestas, la historia se enlaza a través de hilos consistentes hacia un final bien construido. Se trata, sin duda, de un recorrido que pudo derrumbarse como una historia incompleta y desordenada. Pero en lugar de eso, crea una una brillante conjunción de elementos que sostienen la trilogía. 

Para su escena final, La calle del terror, parte 3: 1666 demostró que es un digno cierre para un experimento arriesgado de Netflix. Con su brillo de pequeña obra elaborada con cuidado, la adaptación de Stine es algo más que un buen logro cinematográfico. Es una nueva forma de relatar el terror que, sin duda, puede abrir la puerta a todo un recorrido novedoso por los códigos del género. 

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