Hace menos de dos años, una noticia decía que en el mundo se venden cinco relojes y pulseras inteligentes por segundo. No sé si esa cifra es exacta, pero sí es cierto que es frecuente encontrarte con alguien que lleve encima una pulsera inteligente o un Apple Watch. Ya no es algo que veas solo en televisión en vídeos de YouTube o retransmisiones de Twitch. La tecnología wearable está entre nosotros y la pulsera inteligente es la estrella, hagas o no hagas deporte. Eso sí, difícilmente veas una Microsoft Band por ahí.

En la actualidad, y tal y como ocurre con el mercado de smartphones o teléfonos inteligentes, el pastel se reparte entre dos plataformas de software: WatchOS, exclusivo para Apple Watch, y Wear OS (antes Android Wear), instalado en diferentes modelos de marcas como Samsung, Fitbit, Xiaomi o Sony. Por citar los principales fabricantes. En 2020, el mercado de wearables tenía un valor de casi 28.000 millones de dólares. Y para 2026 se espera alcanzar la cifra de los 74.000 millones de dólares. Pero un año antes de la llegada de las dos plataformas de Apple y Google, Microsoft ya había lanzado su propio wearable basado en Windows Phone, el sistema operativo móvil de Microsoft.

Los de Redmond quisieron ser los primeros. 2012 es el año de salida de los primeros relojes y pulseras inteligentes. La recién creada Pebble y gigantes como Samsung y Sony abrieron un mercado que hoy está en pleno crecimiento. Y Microsoft quiso su parte del pastel adelantándose a los lanzamientos de Google y Apple. Microsoft Band empezó muy bien su andadura. Hasta el punto de que sobrepasó las expectativas de Microsoft, dejando las tiendas sin existencias. Pero cuando supieron reaccionar, ya era tarde. El éxito de la Microsoft Band fue breve pero intenso. Microsoft no tuvo la paciencia suficiente para continuar el proyecto, que abandonó en 2016. Dos años después del lanzamiento de su primera Microsoft Band y un año después del lanzamiento de la segunda.

Con Pebble empezó todo

La historia de los relojes inteligentes y de la pulsera inteligente se remonta a los años 70, cuando surgen los primeros relojes digitales. Pero esa es otra historia. El punto de inflexión en el que empieza la etapa de lo que llamamos wearables y que destaca por las pulseras y relojes inteligentes es 2012. Entre abril y mayo de ese año, un proyecto de Kickstarter recibe 10’3 millones de dólares para poner en marcha relojes inteligentes. El nombre del fabricante es Pebble, una pequeña startup que quiere enfrentarse a los grandes.

Gracias al dinero invertido, su primer modelo verá la luz en 2013. El Pebble era un reloj inteligente con una pantalla LCD de 144x168 píxeles. En blanco y negro. Tenía vibración, magnetómetro, sensores de luz y acelerómetro. Y mediante Bluetooth se comunicaba con teléfonos Android y con iOS. Para cargarlo, empleaba un cable USB modificado. Su batería podía durar hasta 7 días y era resistente al agua. En cuanto a software, empleaba su propio sistema operativo Pebble OS.

Y aunque Pebble bajó las persianas a finales de 2016, abrió un camino que aprovecharon los que hora son los principales fabricantes de relojes y pulseras inteligentes. Las bases quedaron claras en los Pebble. Y los dispositivos actuales son todos muy similares en este sentido. Diseños similares, hardware repleto de sensores en mayor o menor cantidad según la gama del producto, compatibilidad con smartphones para configurarlos, etc.

Microsoft Band quiere tu bolsillo y tu muñeca

Decíamos que Pebble lanza su reloj inteligente en 2012. La primera Microsoft Band verá la luz a finales de 2014. Primero dentro del mercado estadounidense en pequeñas cantidades. Y cuando se dieron cuenta del éxito, en 2015 lanzaron su pulsera inteligente a todo el mundo. Pero vayamos por partes.

En 2012, en el sector de smartphones, hay tres grandes vendedores: Samsung, Apple y Nokia. El resto de competidores todavía tardarán un poco en destacar, y otros están todavía por llegar. Por su parte, Nokia, poco a poco, va a ir perdiendo fuerza. A nivel de software, Android ya es la estrella, seguida de iOS, que es exclusiva de iPhone. Y entre otros sistemas menores, como Symbian de Nokia o BlackBerry OS de BlackBerry, hay uno que intenta hacerse sitio: Windows Phone de Microsoft.

El caso es que Microsoft está empeñado en tener su parte de mercado en el sector móvil, en auge. Por un lado, con su Windows Phone, antes Windows Mobile, que viene instalado en algunos modelos de Samsung y HTC. Con todo, no llegará a sobrepasar el 3’4% de mercado, la cifra más alta que logró en 2013. Y ahora que surge la pulsera inteligente, Microsoft quiere su propio modelo. Así podrá tejer un ecosistema de dispositivos con software de Microsoft.

La primera Microsoft Band se pone a la venta

La primera Microsoft Band contará con una pantalla TFT capacitiva de 1’4 pulgadas y una resolución de 320x106 píxeles. 2MB de RAM, 64MB de almacenamiento flash, Bluetooth 4.0, batería que dura dos días y compatibilidad con Android y iOS, además de, obviamente, soportar Windows Phone. En cuanto a sensores: monitor de ritmo cardíaco, acelerómetro de tres ejes, girómetro, GPS, micrófono, sensor de luz ambiente, sensor de rayos ultravioletas, sensor de temperatura de la piel, etc.

El dispositivo era muy bueno, si nos atenemos a lo que dice la prensa del momento. Tenía de todo para ser un wearable de última generación. O como dijo The Guardian, uno de los más avanzados. Así que Microsoft lo pone a la venta un 29 de octubre de 2014 exclusivamente en Estados Unidos. En su tienda online y en algunas tiendas físicas. La mala previsión de Microsoft hace que se agote el primer día. ¿Mala previsión u operación de marketing? También tendrá problemas de suministros para esas Navidades. Así que en marzo de 2015 aumentará la producción de cara a su lanzamiento en Reino Unido en abril de ese año.

Autor: Languaeditor (Wikipedia)

Segundas partes nunca fueron buenas

Un año después de ver la luz la Microsoft Band, sale al mercado su segunda edición, la Microsoft Band 2. Además de venderse en Estados Unidos, Canadá y Reino Unido, se podrá adquirir en Australia. En esta ocasión, el dispositivo cuenta con una pantalla capacitiva AMOLED de 320x128 píxeles. El resto de componentes son prácticamente los mismos. Incorpora un barómetro y su diseño se adapta mejor a la muñeca, a diferencia del primer modelo, más tosco.

Y aunque sigue siendo compatible con iOS y Android, funciona mejor con Windows Phone, plataforma con la que puedes responder mensajes a través de Cortana, la asistente virtual de Microsoft. Por lo demás, el diseño de la interfaz recuerda a Windows 8, igual que en el modelo anterior.

Sin embargo, el 3 de octubre de 2016, menos de dos años después de su lanzamiento, Microsoft deja de vender su pulsera inteligente Microsoft Band. Empezó bien pero en cosa de un año el público perdió el interés. Eso y la llegada de Android Wear, ahora Wear OS, y más tarde de Apple Watch. Competencia feroz y poca paciencia por parte de Microsoft que decidió abandonar un producto demasiado pronto. Incluso al fallido Microsoft Zune le dejó más tiempo de existencia.

Viendo opiniones al respecto, al parecer el potente interior de las Microsoft Band no estaban a la altura de su exterior. Una pantalla que no se ajustaba bien a la muñeca, una pulsera incómoda y rígida. Incluso llegaron a compararla con una pulsera de control telemático para expresos. Buenas críticas a sus sensores y pantalla, pero malas a su comodidad.

Con todo, Microsoft ha seguido apoyando las Microsoft Band vendidas hasta hace poco. No ha sido hasta 2019 que dejó de mantener las aplicaciones móviles asociadas para integrar la pulsera con iOS y Android. Eso y la plataforma online Microsoft Health que hacía posibles las funcionalidades asociadas a los sensores de medición de la pulsera inteligente. E incluso se habló en junio de 2020 de una patente que daba pie a una futura Microsoft Band 3.