Todo empezó hace más de un año, con la crisis del coronavirus. La lentitud en la llegada de los chips provocó al principio un aumento de los precios de las tarjetas gráficas. El primer gran titular, la falta de suministros de la nueva generación de consolas.

En medio de esta crisis global, en la factoría de Ford de Almussafes, en Valencia, aún no sabían lo que estaba por llegar. “Está siendo peor que el parón por el COVID”. Quien habla es Carlos Faubel, presidente del comité de empresa de la planta y portavoz del sindicato UGT.

En junio, la situación por la falta de llegada de chips hizo que Ford dejara de fabricar 26.000 vehículos y alargara el ERTE sobre el turno de noche, afectando a más de 6.100 trabajadores solo en esta planta. Sin salir de España, las fábricas de Nissan y Seat también tuvieron que parar ante la falta de esta ‘materia prima’.

Los corazones de todo

Para salir de la situación, Ford ha decidido pasar a producir coches menos avanzados tecnológicamente. En total la patronal del sector en Europa, Clepa, y también Anfac en España, calcula que cerca de medio millón de vehículos se han retrasado.

“Está siendo peor que el parón por el COVID”.

Carlos Faubel, Presidente del Comité de empresa de Ford España

“En todos los años que lleva la factoría, nunca había tenido un problema semejante debido a la falta de un componente”, cuenta Faubel a Hipertextual.

La falta de suministro de un componente tan pequeño pero tan básico les ha dejado completamente descolocados, tanto a trabajadores como empresa. “La solución pasa por el abastecimiento y la creación de industrias cercanas, pero lógicamente es a largo plazo”, cuenta.

Cómo empezó un atasco de chips en Taiwan que afectó a trabajadores en Valencia

El origen de esta tormenta perfecta tiene que ver con la propia diseminación de la industria de los semiconductores. Tras marcas que todos conocemos como Intel, Qualcomm, AMD, ARM, Nvidia -los que diseñan los productos en sí mismos- hay una industria preconizada por Taiwán y Corea del Sur y que tiene otros nombres clave como TSMC, Samsung o la holandesa ASML que son los que se reparten la labor de foundries, montadores o fabricantes directos de semiconductores avanzados.

Quality Center en la fábrica valenciana de Almussafes.

La escasez es tal que algunos análisis como el de la firma TS Lombard ya lo equiparan con la crisis del petróleo de los 70. “Taiwán y Corea son a los chips lo que la OPEP fue al petróleo en su día”, aseguran Rory Green y Steven Blitz, economistas de TS Lombard.

No es fácil encontrar una única causa, porque de hecho no la hay. Pero para empezar, estaba claro que nadie esperaba que en 2020 fuera a haber una pandemia… ni que esta provocara que se fueran a comprar muchos más ordenadores y dispositivos.

La escasez de chips, que comenzó cuando los consumidores se abastecieron de ordenadores personales y otros aparatos electrónicos durante el confinamiento más duro, amenazó poco después con paralizar la producción de automóviles en todo el mundo. GM, Ford, Honda y Fiat Chrysler han ralentizado la producción de vehículos debido a la escasez de chips.

Pero no es solo la industria del automóvil la que está luchando por conseguir suficientes semiconductores para fabricar sus productos. AMD y Qualcomm, que venden chips a la mayoría de las principales empresas de electrónica tecnología, han señalado la escasez en las últimas semanas.

Una cadena de suministros con muchos eslabones débiles

La escasez pone de manifiesto un cambio estructural en la industria de los semiconductores. Muchas de las principales empresas de semiconductores son ahora “fabless”, lo que significa que solo diseñan los chips y la tecnología que contienen. Otras empresas, conocidas como fundiciones o foundries, se encargan de fabricar los chips.

Estas empresas están a su vez subcontratadas muchas veces por TSMC en Taiwan o Samsung en Corea del Sur.

Muchas de las principales empresas de semiconductores son ahora “fabless”, lo que significa que solo diseñan los chips y la tecnología que contienen

Los fabricantes de automóviles no compiten directamente con las empresas de alta tecnología por el mismo suministro de chips. Los chips para automóviles suelen basarse en tecnologías de fabricación de chips más antiguas y no necesitan estar a la vanguardia. Pero la escasez no se da sólo en los chips más rápidos, sino en todos.

El problema es que aunque solo falte ese chip de 10 céntimos, no puedes vender un coche de 20.000 euros. “La dependencia es así de poco lógica”, señala Faubel.

Por ahora, parece que la solución pasa por pasar a producción vehículos menos tecnológicos. Ford Valencia ya ha anunciado esa decisión. La medida permite a Almussafes adelantar a agosto el retorno del turno de noche, y que 6.000 personas vuelvan al trabajo por algo desatado hace muchos meses a medio mundo de distancia.