La película False positive de John Lee comienza con una premisa sencilla. El embarazo como algo extraño y no del todo seguro. Por supuesto, desde las primeras escenas, el director intenta además plantear un dilema. ¿En qué dirección se mueve la película? No es un terror clásico, tampoco es suspense. Más extraño aún, pareciera que piensa jugar con el terreno intermedio entre ambas cosas. 

Es un riesgo considerable si se tiene en cuenta que, durante los primeros minutos, la película es un experimento visual a toda regla. La cámara subjetiva va de un lado a otro para mostrar a su protagonista ensangrentada y aturdida. ¿Qué podemos esperar del resto de la acción? 

El guion — escrito a cuatro mano por el director y su protagonista Ilana Glazer — es lo suficientemente audaz como para intentar asombrar desde la contradicción. Pero muy pronto, False Positivo pierde su sentido de lo extraño que roza lo absurdo, para comenzar un trayecto conocido. Y es allí en donde empiezan las innecesarias y quizás inevitables comparaciones. 

A pesar que el argumento tiene poca relación con el clásico El bebé de Rosemary de Roman Polanski es inevitable que se establezcan paralelismos innecesarios. En especial, porque una vez que False Positive abandona su tono extraño y violento, llega al tema central. Una asustada mujer embarazada intenta atravesar los meses de gestación en medio de la paranoia. Solo que en el caso de Lee, el terror relacionado con la ciencia y la búsqueda de un misterio de tenor biológico sustituye a lo sobrenatural

El resultado es que False positive intenta un recorrido sin éxito por una mezcla de temas complejos que, al final, no concluyen en ningún punto

Pero el director carece de la habilidad para jugar con las pistas falsas. En especial, analizar desde una puesta en escena compleja un tema sin demasiadas aristas. A medida que el argumento avanza, parece de una ambición desmedida por reflexionar sobre varios temas a la vez. 

El resultado es que False positive intenta un recorrido sin éxito por una mezcla de temas complejos que, al final, no concluyen en ningún punto. Para Lee se trata de un juego en apariencia tramposo sobre lo que realmente puede estar ocurriendo con sus personajes. 

Pero False Positive no logra que las pistas falsas, trampas y pequeños giros argumentales se unan en un todo sólido.

'False positive': el misterio que nunca se aclara

La premisa de False Positive se plantea de entrada como una caja de los misterios. Lucy (Glazer) y Adrian (Justin Theroux) intentan ser padres sin lograrlo. Si en algún punto la película podría compararse con la obra de Polanski sería justamente en esa previa tensa sobre el embarazo como objetivo

Lee establece de inmediato que la insistencia marcó una grieta en el matrimonio. Pero no solo por la necesidad de la maternidad, sino también por la obsesión por cierta realización que no se obtiene de inmediato. Pero ni Glaze ni Theroux transmiten la impaciencia y la inquietud que se supone mueve el guion.

Mientras que en el clásico del ’68, Mia Farrow y John Cassavetes creaban una pareja en un conflicto sutil, Lee elabora una idea más directa. La pareja necesita convertirse en padres para subsanar lo que sea que ocurra en el matrimonio y por la búsqueda del éxito privado. 

Pero el argumento no profundiza más allá. De hecho, False Positive está más interesada en el hecho de que los personajes se encuentran en realidad en dos espacios distintos de su vida. Como película de terror que intenta ser, se supone que esa distancia incómoda debería analizar algo más profundo, pero no lo hace. La idea de la paternidad como autorrealización (y al final motivos de decisiones cuestionables), se sugiere pero Lee sigue de largo sin brindarle sentido. 

Los terrores sin nombre

Finalmente, la pareja encuentra la solución en manos del doctor John Hindle (un intrigante Pierce Brosnan). El científico lleva a cabo un proceso de fertilización que, según sus palabras, es exitoso siempre. 

Por supuesto, sustituir el hecho sobrenatural de la concepción que plantea Polanski por la Fecundación in Vitro es un riesgo. Y en manos más hábiles, el salto de un discurso a otro hubiese sido de interés, en especial por la modernización del ritmo. Si, entre ambas cosas, Lee hubiese logrado conservar el misterio, False Positive lograría una forma de analizar el tema con más elocuencia. Pero no solo no lo hace, sino que disuelve la sensación de peligro en una de urgencia por comprender el enigma. 

Por supuesto, a medida que las situaciones incómodas comienzan a ocurrir, False Positive adquiere el inevitable aire pernicioso. Algo está por ocurrir y es el punto en que podría compararse directamente con una película de terror científico. Pero también con el suspense añadido de un misterio que no es tal. 

False Positive no se decide por nada y avanza hacia ninguna parte

Para su decepcionante segundo tramo, la película intenta encontrar algo qué decir. Pero más allá de eso, también intenta establecer la conexión entre la maternidad y lo terrorífico de la invasión del cuerpo y la intimidad.

También abarca la concepción de la violencia obstétrica, pero con tanta rapidez y poco tino que resulta desconcertante. ¿Es una excusa para mostrar que definitivamente John Hindle oculta algo?¿Una denuncia?¿Una forma de sustentar la ansiedad general del personaje central?

Al final, False Positive no se decide por nada y avanza hacia ninguna parte. Hay una serie de lugares comunes y sobresaltos prefabricados que no ayudan demasiado a la atmósfera. De hecho, el principal punto fuerte de la película — la desconexión de la realidad y la paranoia — termina por perder el sentido y la profundidad. Sin duda, el punto más incómodo de una película que intenta contar una historia muy familiar sobre terrores inconfesables.