El Instituto de Salud Carlos III acaba de hacer públicos los resultados preliminares de su ensayo clínico CombivacS. Dicho proceso se comenzó el pasado mes de abril, con el objetivo de analizar los posibles efectos de mezclar las vacunas del coronavirus de dos farmacéuticas diferentes, una en la primera dosis y otra en la segunda. Con ello, se pretendía tomar una decisión sobre la segunda dosis de las personas menores de 60 años que ya se habían puesto la primera con AstraZeneca. Finalmente, la resolución ha sido que una segunda dosis con Pfizer no produciría más efectos secundarios, mientras que sí sería muy eficaz en la generación de anticuerpos frente al virus.

La SER había anunciado ya esta misma mañana que los expertos que asesoran al Gobierno de España han aconsejado que, al menos las personas de entre 40 y 60 años, reciban la segunda dosis con AstraZeneca. Será necesario esperar a la resolución del Ministerio de Sanidad, cuya comisión de Salud Pública se reunirá a lo largo del día de hoy. Mientras tanto, sabemos que, en base a este ensayo clínico, sería seguro y eficaz optar por Pfizer. ¿Pero qué más sabemos en este momento?

Caos en torno a las vacunas del coronavirus

Desde que se descubrió que los trombos con plaquetas bajas podían estar entre los efectos secundarios muy raros de las vacunas del coronavirus de AstraZeneca, el proceso de vacunación se ha convertido en una sucesión de dudas y nuevas decisiones. En España, la primera fue dejar esta opción vacunal solo para quienes tuvieran más de 60 años.

Hasta tener la resolución del ensayo clínico, se había pospuesto un mes más la segunda dosis de los primeros vacunados menores de 60 años

Esta no fue la recomendación de la Agencia Europea del Medicamento (EMA). De hecho, la EMA dijo que, si bien la mayoría de casos se habían dado en mujeres menores de 60 años, no parecía haber una causalidad relacionada con estos fenómenos. Por eso, se dejó en manos de los países miembros de la Unión Europea la decisión sobre la vacunación dentro de sus fronteras. 

El problema fue que en España se había estado administrando esta vacuna a personal esencial, sobre todo en las áreas de sanidad, educación y cuidado de mayores. Muchos de esos trabajadores estaban por debajo del nuevo límite de edad establecido y solo tenían su primera dosis. Se comenzaron a barajar varias opciones para la segunda. Principalmente había tres: dejarles solo con una, poner la segunda de AstraZeneca como estaba previsto, o sustituirla por otra farmacéutica, posiblemente Pfizer.

La mayoría de expertos recomendaron la segunda opción. Al fin y al cabo, si la primera dosis no les había provocado los poco probables trombos, muy probablemente tampoco lo haría la segunda. Pero se decidió esperar. De hecho, si bien inicialmente se estableció dejar una distancia de entre 10 y 12 semanas entre la primera y la segunda dosis, se optó por ampliarlo hasta las 16 para esos primeros vacunados. Mientras tanto, el Instituto de Salud Carlos III se puso manos a la obra con CombivacS. 

Críticas del panorama científico

Desde que se anunció la puesta en marcha de CombivacS el pasado 19 de abril, son muchos los científicos que han manifestado su desacuerdo con este ensayo clínico. 

Muchos científicos han criticado el diseño del ensayo clínico

Alegan que se ha diseñado de modo que la opción más plausible sea poner la segunda dosis de Pfizer. Esto se debe a que solo existe un grupo de pacientes al que se le ponen las vacunas del coronavirus de AstraZeneca y Pfizer (primera y segunda dosis respectivamente) y otro al que no se le pone ninguna segunda dosis. Sin embargo, no existe ninguno en el que se pongan las dos dosis de AstraZeneca o que en la segunda se utilice otra opción, como Moderna.

El grupo con las dos dosis de AstraZeneca sí que lo ha contemplado la Universidad de Oxford en su propio ensayo clínico similar a CombivacS. Los resultados preliminares del mismo se hicieron públicos en The Lancet la semana pasada, generando un gran revuelo mediático. Esto se debe a que se descubrió que poner una segunda dosis de Pfizer aumentaba los efectos secundarios. Eso fue lo que dijeron muchos titulares.

No obstante, al analizar el estudio más en profundidad puede verse que la diferencia es muy pequeña y que, además, solo hace referencia a los efectos secundarios leves o moderados, de corta duración. Definitivamente, si nos centramos solo en eso poner la segunda dosis con Pfizer no sería mucho peor.

¿En qué consiste CombivacS?

En la rueda de prensa han intervenido Raquel Yotti, la directora del Insituto de Salud Carlos III, Jesús Antonio Frías, coordinador de la Red de Investigación Clínica del
ISCIII (SCREN) y jefe de Servicio de Farmacología Clínica del Hospital La Paz, Magdalena Campins, jefa de Servicio de Medicina Preventiva y Epidemiología del Hospital Vall d’ Hebron, Luis Castaño González, director científico del IIS Biocruces del Hospital de Cruces de Bilbao y María Teresa Pérez Olmedo, responsable del Laboratorio de Serología del Centro Nacional de Microbiología del ISCIII.

Yotti ha empezado su intervención explicando que, como científicos, se mantienen "fieles a la ciencia y la medicina basada en la evidencia", de ahí que se haya optado por realizar este estudio antes de tomar una decisión.

A esto, Frías ha añadido que el estudio se ha realizado en un tiempo récord, gracias a la intervención de profesionales procedentes tanto del Instituto de Salud Carlos III, como de cinco centros sanitarios españoles.

Como respuesta a las críticas de mal diseño del estudio, han explicado también que el ensayo clínico partía de la hipótesis de que administrar una segunda dosis de alguna de las vacunas del coronavirus de ARNm debería generar una respuesta inmunitaria importante. Por concretar, se han centrado en Pfizer. Por eso el grupo control solo recibía la primera dosis de AstraZeneca y el experimental recibía solo esta vacuna de ARNm. Así, podían ir más directos a una posible solución.

¿Qué pasa con los efectos secundarios?

Los efectos secundarios los reportaron los propios pacientes mediante una encuesta online durante los 7 días posteriores a la administración de la segunda dosis.

Se dividieron en efectos locales y sistémicos. Entre los primeros, el más común fue el dolor en la zona de la punción. Para los segundos, el malestar general. Esto no difiere de los efectos esperados con dos dosis de la misma vacuna. Además, al preguntarles sobre la intensidad de los síntomas, el 68% los describieron como leves, el 30% como moderados y el resto, equivalentes a 16 personas, como intensos. No obstante, esos síntomas intensos fueron dolor de cabeza, muscular y en las articulaciones, ninguno requirió hospitalización y remitió en pocos días, como viene siendo habitual.

Una combinación muy eficaz

El incremento en los niveles de anticuerpos neutralizantes ha resultado ser incluso mayor de lo esperado con dos dosis de AstraZeneca.

Por lo tanto, la combinación de las dos vacunas del coronavirus se considera segura. ¿Qué pasa con la eficacia? Para responder a esta pregunta, se han medido los niveles de anticuerpos tipo inmunoglobulina G. Esta es la misma que se mide en los test rápidos para saber si alguien ha pasado el coronavirus. Se comprobó que, si bien los niveles basales eran los mismos que en el grupo control, se daba un incremento muy elevado a los 7 días. Además, este continuaba a los 14, aunque algo más moderado. También era necesario saber si esos anticuerpos tenían la capacidad de neutralizar al virus.

Para ello, expusieron un cultivo de células infectadas al suero de los pacientes vacunadas. De este modo, se podía medir si esos anticuerpos eran capaces de detener la capacidad de infección del virus. O, lo que es lo mismo, de neutralizarlo. Y así fue. De hecho, se dio un incremento en el número de anticuerpos neutralizantes siete veces mayor que con la primera dosis. Y este es un resultado interesante, ya que en los resultados publicados por AstraZeneca, con el uso de las dos dosis de esta vacuna concreta, el incremento era solo de tres.

Todos estos datos preliminares los ha revisado un comité de seguridad independiente, que ha decidido que debían hacerse públicos por su interés nacional e internacional. Pero no dejan de ser datos científicos. La decisión final, está en manos del Ministerio de Sanidad de España. Le toca mover ficha al Gobierno.

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