Cuando decimos que algunas obras de arte nos dejan extasiados puede parecer que exageramos. Sin embargo, es posible incluso que lleguen a hacernos perder el conocimiento. No importa si se trata de un fresco de la capilla Sixtina, la ciudad de París iluminada o quizás la escena de batalla más famosa de Avengers: Endgame o de cualquier título del Universo Cinematográfico de Marvel. La belleza, en cualquiera de sus formas, puede sobrepasarnos. Y a veces, eso llega a provocarnos algo conocido como síndrome de Stendhal

No es grave, afortunadamente, pero puede asustar si no sabemos lo que nos está pasando. Tampoco figura en el Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales, pues no se trata de una afección como tal. Más bien, es un conjunto de síntomas de origen psicosomático, que pueden ir desde un leve aumento de la frecuencia cardíaca hasta parálisis y alucinaciones. Lo que viene siendo flipar ante una belleza que a nuestro cerebro le resulta complicado gestionar.

El origen del síndrome de Stendhal

El síndrome de Stendhal se llama así en honor al francés Marie-Henri Beyle, más conocido bajo el seudónimo de Stendhal. 

Buena parte de los casos de síndrome de Stendhal se han detectado en turistas extranjeros en la ciudad de Florencia

Él fue la primera persona que lo describió después de experimentarlo en su propio cuerpo durante una visita a la Basílica de Santa Croce, de Florencia, en 1817. Contaba en sus escritos que, al ubicarse en este lugar, en el que descansan los restos de Machiavello, Galileo y Michelangelo, le invadió una especie de éxtasis, al sentirse tan cerca de aquellos hombres. Describió que llegó a sentir palpitaciones y que caminaba con miedo de caerse.

Pero no fue él quien bautizó dicho síndrome. En realidad, lo hizo en 1979 la psiquiatra del Hospital de Florencia Graziella Magherini, tras analizar los casos de 106 turistas extranjeros atendidos en su centro. No es extraño que sean principalmente italianos quienes lo han descrito. Y es que, si bien hay un intenso debate sobre si realmente existe el síndrome de Stendhal, los sanitarios de los hospitales ubicados en algunas de las ciudades más emblemáticas de este país europeo reciben una gran cantidad de turistas afectados por síntomas compatibles con su descripción.

Casos curiosos de la historia

Foto por Xavier Mejorada en Unsplash

Entre los turistas atendidos por la doctora Magherini, destacan especialmente algunos casos muy extremos, como el de una mujer llamada Caterina. La encontró uno de los guardias del jardín de Boboli, de Florencia, cuando se disponía a cerrar las puertas del mismo al final de la jornada. Estaba aturdida y parecía no saber dónde se encontraba. Cuando la llevaron al hospital, comprobaron que llevaba consigo un cuaderno con esbozos de pinturas famosas de Botticcelli, que mostraba que había visitado la galería de los Uffizi. Y precisamente parecían ser estos los que la habían impactado hasta dejarla en ese estado.

Otra historia relevante, que no fue descrita por Magherini, sino por científicos de Inglaterra e Irlanda, es la de un licenciado en bellas artes, de 72 años, que «presentaba insomnio y preocupaciones por ser seguido”. Al parecer, todo empezó ocho años antes, durante una visita a Italia, cuando se vio sobrepasado por la belleza que le rodeaba al encontrarse de pie sobre un puente de Florencia.

La literatura científica apunta por lo general como desencadenante a las obras de arte, especialmente las ubicadas en Italia

Afortunadamente, mejoró rápidamente con el tratamiento psiquiátrico pertinente. No obstante, los científicos que reportaron su caso alertan que personas con trastornos mentales previos podrían estar más expuestos al síndrome de Stendhal. Aunque esta no es una condición indispensable.

En cuanto al desencadenante, la literatura científica apunta generalmente a las obras de arte. Algunos expertos creen que se debe al impacto de descubrir la diferencia entre esculturas o pinturas famosas en la realidad y en los medios de comunicación. Sin embargo, también se cree que puede ocurrir con otras manifestaciones del arte, como la música o, ¿por qué no?, el cine. Es cierto que no se han reportado casos de nadie con síndrome de Stendhal tras ver una película del Universo Cinematográfico de Marvel. Ni siquiera con clásicos como El Padrino. Pero la belleza está en todas partes y es algo que no debemos descartar. No como enfermedad, porque no lo es, pero sí como algo que puede llegar a impactarnos notablemente. 

Posibles explicaciones

Al contrario de lo que ocurre con muchas enfermedades, con un origen claro y síntomas bien definidos, el síndrome de Stendhal es en realidad una especie de cajón de sastre. Para empezar, son muchos los síntomas a los que se puede asociar. Con el fin de encontrar cuáles son los más comunes, la Sociedad Española de Neurología realizó en 2008 una encuesta a los neurólogos asistentes a un congreso celebrado en Italia. De todos ellos, el 17% reconoció haber sentido melancolía, mientras que un 13% tuvo ansiedad. Por otro lado, el 83% describió un placer estético significativo, el 62% entusiasmo y el 33% euforia. Finalmente, el 10% declaró haber sufrido trastornos de la percepción, el 4% un profundo sentimiento de culpa y el 6% síntomas somáticos incómodos.

Estos podrían ser algunos de los síntomas frecuentes cuando nos exponemos a una belleza desmesurada. Pero esto no tiene por qué hacer referencia a un síndrome como tal. Y, de hecho, ni siquiera se sabe exactamente a qué se debe. 

Hay factores fisiológicos y sociales que pueden hacer a una persona más propensa al síndrome de Stendhal

Podría tratarse de un simple caso de histeria colectiva, en la que la sugestión de haber visto a otras personas entrar en éxtasis ante la visualización de ciertos monumentos u obras de arte puede llevar a alguien a sentir lo mismo. Del mismo modo que ocurre con esta, parece ser que hay personas más propensas a sufrirlo. De hecho, según una publicación de la Universidad de Rosario, en Colombia, hay algunos factores fisiológicos y otros más sociales. Por ejemplo, entre los primeros, para evitar que ocurra se recomienda no hacer turismo con el estómago muy vacío o sin haber bebido suficiente agua. También es importante protegerse del Sol.

Esto, presumiblemente, se aplica al turismo, a las sinfonías de Beethoven o al cine. De hecho, depende mucho de los gustos de cada persona. Alguien a quien le den igual los superhéroes no se verá impactado por la belleza de una película del Universo Cinematográfico de Marvel, del mismo modo que alguien que odia la música clásica posiblemente no experimentará un síndrome de Stendhal por las composiciones del genio de Bonn.

En cuanto a los factores sociales, parece ser que tienen más riesgo de experimentar síndrome de Stendhal las personas solteras, que pasen mucho tiempo solas o con claras tendencias religiosas.

Religión y síndrome de Stendhal

Foto por James Coleman en Unsplash

Esto último es algo curioso, ya que existen estudios que relacionan el síndrome de Stendhal con las experiencias religiosas.

Existen variantes asociadas a otras ciudades, como el síndrome de Jerusalén, el de París o el de Estambul

Uno de ellos, realizado en la Universidad de Santiago de Compostela, revela a través de técnicas neurofisiológicas y de neuroimagen que la actividad cerebral de estas personas tiene ciertos patrones en común con el síndrome de Stendhal, así como con la epilepsia orgánica y la musicogénica, que se caracterizan respectivamente por la experimentación repentina de orgasmos durante el ataque y por la aparición del propio ataque cuando se está escuchando una determinada pieza musical.

El hecho de que las creencias religiosas tengan tanta influencia ha llevado al origen de una especie de variante del síndrome de Stendhal, llamada síndrome de Jerusalén, caracterizada por síntomas similares en personas que visitan lugares religiosos de la ciudad israelí. 

No es la única variante. También existen otras, como el síndrome de París o el de Estambul. En definitiva, el mundo puede llegar a ser muy gris en determinadas situaciones. Por eso, cuando de repente nos topamos con tanta belleza puede ser un poco complicado gestionarla. Siempre que los efectos no sean graves-y por lo general no suelen serlo-esa debe ser la mayor aspiración de un artista. 

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