Cuando Medium nació en 2012, y sobre todo cuando en 2015 logró su máxima repercusión, se vio como un salvador. El salvador del periodismo reposado en la era del click-bait y los anuncios intrusivos. Y también, como el regenerador del modelo de blog que había alumbrado el comienzo del internet masivo y que había perdido en cierto modo mucha presencia.

Hoy no queda apenas nada de eso. Evan Williams, fundador y CEO de la plataforma (si es que alguna vez se decidió por ser una plataforma o más un medio en sí mismo) anunciaba hace unos días que ofrecía a los 75 editores que seguían en plantilla la opción de una salida pactada. No se ha confirmado, pero es de esperar que esto cese todas las publicaciones propias que Medium había impulsado en los últimos años, y que simplemente se quede, ahora sí, como una empresa tecnológica, y no de medios, que ofrece una plataforma de escritura.

Por el camino hasta aquí Medium ha recorrido muchos cambios en su modelo de negocio, en la relación con escritores independientes y de grupos de medios en sí mismo. Hasta el punto de llegar a desdibujarse por completo.

¿Es Medium una red de blogs, una red de portales, una publicación para bloggear que intentaba buscar dinero directo para los escritores, un CMS como WordPress…? Seguramente, ha querido ser todo y nada de eso a la vez.

Esta es la historia de cómo una idea que fue recibida con los brazos abiertos ha acabado cayendo hasta la intranscendencia. De cómo se ha pasado de la frase “tienes que abrirte un perfil o un blog en Medium” a salir casi completamente de la conversación tanto en términos periodísticos como tecnológicos. Falta el epílogo, pero seguramente también estemos hablando ya de la historia de un fracaso.

El nacimiento de Medium, la obsesión de Ev Williams

La historia de Medium es indisoluble de la de su fundador y CEO, Evan Williams.

Williams es hoy un multimillonario que hizo fortuna tras ser el co-creador de Blogger -en origen, Pyra Labs, adquirida por Google en 2003 para crear su plataforma de bloggin- y Twitter, de la que llegó a ser CEO durante una etapa.

Williams ideó y lanzó Medium en 2012 como una plataforma para escritores bajo el eslogan «un hermoso espacio para leer y escribir, y poco más». En cierto modo, como una respuesta a Twitter, su propia creación, y su limitación de caracteres, y también a un momento en el que en internet se estaba cocinando la explosión de los anuncios intrusivos y el click-bait que en cierto modo aún continúa.

Medium se ofreció en sus inicios como una plataforma gratuita, en la que el texto escrito era el centro. No había banners, y el diseño apostaba por el minimalismo.

Pero lo que en un inicio fue un lugar para que cualquiera se pusiera a escribir textos largos, pronto comenzó a pivotar. En 2013 Medium se hizo con Matter, una publicación de ciencia y tecnología, incorporándola como su primer medio dentro de la propia plataforma. Había empezado a surgir Medium como publisher.

El auge de Medium -mientras coleccionaba rondas de inversión no demasiado importantes en comparación a otras compañías pero sí grandes para la industria mediática- coincidió en 2015, el momento en el que Barack Obama comenzó a publicar en la plataforma. Hoy el perfil del presidente de los Estados Unidos sigue estando activo, con el Ejecutivo de Joe Biden retomándolo en los últimos meses. Pero en apenas este lustro, una anécdota curiosa nos ilustra sobre el rumbo que ha tomado la compañía.


Hace unos días, The Verge publicaba un artículo en el que hablaba con 14 empleados de Medium repasando sus grandes fallos. Uno de los más recientes fue que el equipo de Biden se encontró con que al perfil del presidente llegaban recomendaciones de relatos eróticos. Algo había cambiado. Medium fue creciendo poniendo como centro la curación de contenidos editorial, algo que parece haber dejado atrás para confiar en los algoritmos que, al parecer, consideran que estos relatos son los que más aumentan la retención en la plataforma.

Algo de la idea original tan pura como utópica, se había roto.


Muchos cambios de modelo

Pero volvamos de nuevo atrás en el tiempo. En 2016 Medium se enorgullecía de que la métrica a la que daba mayor peso era el tiempo que pasaban sus lectores en la plataforma, por encima de cualquier margen de rentabilidad. De hecho, desde 2016 parece que únicamente han sido los fondos de Williams los que han mantenido su actividad.

Aquel año fue sin embargo en el que se inclinó más Medium por ser una plataforma de medios, y ya no de bloggers independientes o personalidades. En 2016 llega a un acuerdo para que Bill Simmons, reputado periodista deportivo, funde The Ringer con Medium como CMS.

A ellos se sumarían varios medios más fichados para integrarse en Medium. Backchannel, centrado en tecnología, fue otro de los más importantes. Dos años después, y en vista de la caída de su tráfico y la dificultad de integrar mayores posibilidades de anuncios y monetización -Medium siempre primó la publicidad por medio de contenidos patrocinados poco intrusivos- The Ringer salía hacia VOX Media y Backchannel se integraba en Wired.

En lo que respecta a los autores independientes, los modelos también cambiaron. En 2017 introdujo una opción de membresía o suscripción por 5 dólares al mes o 50 al año que permitía a los lectores leer contenidos tras un muro de pago de sus propias marcas. También habilitó una opción autónoma para autores independientes, a los que premiaba por la cantidad de ‘Claps’ (aplausos) que recibían en sus textos. Después, pivotó ese modelo hacia otro en el que se les ofrecía una parte proporcional de ingresos en función del tiempo de lectura con el que retenían al lector.

Muchos cambios, en pocas palabras.

Y poca rentabilidad

Medium siempre ha sido bastante poco transparente con sus métricas, arguyendo que no era algo que les importaba. Para 2016 aseguraban que su plataforma recibía de media 60 millones de visitas mensuales, aunque Comscore como auditor independiente solo registraba 3.

La opción del muro de pago, también se debilitaba, y en 2019 anunciaba que las visitas llegadas desde Twitter no se encontrarían con el muro de pago, dejando leer libremente a estos usuarios.

En ese interludio, y mientras sus medios ‘fichados’ salían, Medium volvió a cambiar de modelo generando sus propias marcas con el fin de producir periodismo e historias que engancharan. Fundó entonces OneZero, su propia publicación de ciencia y tecnología; Elemental, de bienestar y salud; y Zora, enfocado en las vivencias de las mujeres de raza negra.

Aquellas publicaciones fueron premiadas por sus contenidos, y eran alimentadas directamente por el equipo editorial de 75 personas a las que ahora se les ofrece salir de forma remunerada.

Como última propuesta, Medium ha intentado convertirse en una especie de bundle de otros medios como The New York Times o The Economist, incluyendo en su membresía contenidos que estos medios esconden (aunque a veces no), dentro de sus propios muros de pago. Ser una especie de Netflix de los medios, en definitiva.

El anuncio de hace unas semanas limita su actividad únicamente ya a sus oficinas de San Francisco -cerró ya las de Nueva York- y el mutismo de sus ediciones internacionales. En la edición en español, por ejemplo, dejarán de curar contenido.

No sabemos qué será de Medium en unos años, si seguirá apostando por ser una red de medios -algo que parece complicado con los despidos- o intentará hacerse hueco de verdad como esa especie de Netflix de los medios. Lo único cierto es que ya queda poco de esa intentona utópica por devolver a los blogs y el periodismo reposado al hueco que ocuparon en un internet muy distinto al de ahora.

Ahora en Hipertextual

Suscríbete gratis a Hipertextual

Estamos más ocupados que nunca y hay demasiada información, lo sabemos. Déjanos ayudarte. Enviaremos todas las mañanas un correo electrócnio con las historias y artículos que realmente importan de la tecnología, ciencia y cultura digital.