El mundo de Sherlock Holmes está de regreso. Después del triunfo de Enola Holmes, Netflix parece cada vez más interesado en añadir piezas al gran mecanismo de las historias del detective. La más reciente, la versión para televisión del famoso grupo de ayudantes de Baker Street, inmortalizados en la novela Estudio en escarlata de 1886.  Los Irregulares, título de la serie de Netflix, fueron personajes que adquirieron rápida popularidad gracias a su reflejo sobre la Londres Victoriana.

Si Holmes representaba la pulcritud la ilustración, sus improbables aliados mostraran el reverso oscuro de Londres. Juntos, brindaron a una de las novelas más conocidas de la saga un aire novedoso y multidimensional. 

Tal vez por eso motivo, la historia llega a Netflix en una sólida mezcla de aventura y misterio. La adaptación juega con la idea de que la pandilla de niños de la calle londinenses era algo más que pequeños mendigos. Los productores tomaron la inteligente decisión de llevar a Los Irregulares a una nueva dimensión y profundidad. De los pilluelos descritos por Conan Doyle, el programa añade intriga sobrenatural y también, la posibilidad de un enigma. 

La premisa reinventa la historia original y la dota de un filón con aire gótico y ciertos toques Steampunk. Con la Londres de Holmes convertida en una ciudad de formidable belleza tenebrosa, el aire malsano e inquietante de la serie recuerda a la Carnival Row de Amazon Prime Video. Pero más allá de eso, la serie es también una brillante premisa sobre la habilidad y la inteligencia, combinadas con algo más sutil. El universo de Holmes encuentra su mejor lugar en esta mirada novedosa sobre la habilidad mental y en especial, la noción sobre lo enigmático. 

La oscuridad y la luz, misterios sobre misterios

Los Irregulares juega con habilidad con el hecho de esa otra ciudad que se esconde debajo de la belleza típica de Londres. De día, la ciudad brilla con un aire señorial y elegante. El doctor John Watson (Royce Pierreson) es el reflejo de ese otro mundo que los Irregulares apenas conocen y su vínculo más inmediato. La serie juega con la posibilidad de la luz y la oscuridad, el bien y el mal. Un atractivo juegos de espejos que tiene sus mejores momentos en los primeros capítulos. Pero a pesar que su atractivo dickensiano se desvanece a medida que el misterio mayor se hace más enrevesado, el programa nunca deja a un lado su extrañísima personalidad.

Uno de los puntos más interesantes de Los Irregulares, es el cuidado de la producción para dejar en claro, que hay una línea que divide al mundo real. Por un lado, la fría lógica de Sherlock Holmes (Henry Lloyd-Hughes) en esta serie de Netflix un elemento marginal. De la misma manera que el éxito del otoño pasado Enola Holmes, el personaje aparece y desaparece, a pesar que sostiene el ritmo del contexto. 

Pero en esta ocasión, es Watson y su grupo de improbables investigadores los que llevan a cuestas el argumento. Y lo hacen con una agilidad que asombra por su buen tino. No hay nada en cada uno de los capítulos que no esté destinado a resolver una idea mayor. El poder consciente de esa salvedad (lo que se esconde dentro del misterio) es quizás el punto más importante del guion. Los Irregulares juegan con la premisa que el pretendido talento de Holmes para la deducción es, en parte, consecuencia de la información de la que dispone. De modo que de una u otra manera, Los Irregulares esta vez toman un lugar protagónico, un recorrido y una versión sobre el poder por completo novedosa. 

Steampunk para todos los gustos

Quizás lo más atractivo de la serie de Netflix sea reproducir el aire de misterio de experimentos argumentales como Stranger Things, pero en un nuevo contexto histórico. La combinación de la narración ágil del siglo XXI, con el exquisito y siniestro entorno de una Londres idealizada, resulta fascinante. Además, su adaptación del género tiene una poderosa capacidad para dialogar con algo más inquietante que lo sobrenatural.

Si algo hay que agradecer al escritor Tom Bidwell, creador de la serie, es su osadía. A diferencia de otras versiones más o menos audaces sobre el universo Holmes, la mirada de Bidwell sobre el misterio resulta fascinante. Lo basa en la capacidad de sus personajes para describirse a sí mismos, y de descubrir sus especiales cualidades.  

Un mundo de pequeñas, pero significativas pistas

La serie está llena de referencias bien pensadas y quizás, parte de su encanto reside en sus pistas para los amantes de los dramas de época. La orden Golden Dawn, cartas del tarot, el anuncio de clarividentes y espiritas hasta poemas de Yeats, conducen al espectador al centro mismo de los enigmas.

Todo en la serie está planeado para ser una trampa interesante de conocimiento y poder mental. Y sin duda, la mezcla resulta atractiva por el mero hecho de encontrar el punto en que todo se une de manera asombrosa. Incluso, hay un pequeño guiño extraordinario para Conan Doyle y su creación más famosa.

En conjunto, Los Irregulares es un recorrido por toda la mitología Holmes con una delicada revisión sobre sus puntos más altos.

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