– Sep 23, 2020, 15:20 (CET)

Crítica de ‘Enola Holmes’: lo nuevo de Netflix llega para resolver misterios y te encantará que lo haga

La familia Holmes está en problemas y Enola, la más pequeña del clan, está lista para no sólo resolver el gran misterio al que se enfrenta, sino también, para demostrar su talento, capacidad intuitiva y en especial, deseos de independencia. La adaptación del primer libro de Nancy Springer sorprende por su inteligente estructura, brillante puesta en escena pero sobre todo, por la actuación de Millie Bobby Brown, que finalmente demuestra a todo que hay vida después de Eleven.

La premisa e Enola Holmes es sencilla. Corre el 1884 y la más joven de la familia Holmes alcanza los dorados y primaverales 16 años. Pero también, debe enfrentarse un misterio doloroso: su madre (Helena Bonham Carter) desaparece la mañana de su cumpleaños y deja su vida sumida en un caos.

Para Enola (una magnífica Millie Bobby Brown), la vida se convierte en un recorrido complicado por su independencia, intentar salvar a su madre de lo que sea le haya sucedido, todo mientras debe lidiar con dos hermanos mayores que la subestiman, entre ellos, ese detective brillante, Sherlock, del que quizás habrás escuchado hablar.

Enola Holmes, del director Harry Bradbeer, parece tener una premisa sencilla, pero en realidad es un fresco y brillante recorrido por una historia tópica que resulta tener algunas sorpresas que mostrar.

Por supuesto, el concepto resulta extravagante incluso en esta época de grandes crossovers y experimentos disparatados: ¿qué pasaría si Sherlock Holmes fuera adolescente? Muy bien, no suena mal. Pero ¿y si además fuera una chica con un considerable dosis de personalidad, que además, tiene una misión?. Mezcladas, todas las ideas parecen sostenerse con dificultad sobre un argumento en apariencia frágil.

Pero el guion, basado casi punto a punto en la exitosa saga literaria de Nancy Springer, remonta con facilidad sus puntos más bajos y encuentra una manera de narrar esa nueva versión del género cinematográfico a través de un recurso sencillo: mostrar a Enola no como un personaje artificial (algo que pudo ocurrir), sino ese pariente discreto en una familia de rostros famosos que ahora tiene la oportunidad de tener su propia historia.

Enola Holmes y la fidelidad a su versión literaria

Las serie de novelas de Springer no crea algo nuevo en el género de detectives, sino que aprovecha los recursos de su premisa para sostener un discurso novedoso que atraviesa una serie de ideas brillantes para encontrar su propio lugar para brillar.

Dirigida con una percepción muy concreta sobre el poder de su joven heroína y la importancia de su búsqueda de identidad en medio de la Londres victoriana, Bradbeer además imprime a la narración una serie de guiños a producciones mayores de Holmes (atención a las referencias del clásico film del ’39 de Alfred L. Werker The Adventures of Sherlock Holmes), además de algunas rupturas a la cuarta pared, que recuerdan a la ya icónica Fleabag y que crean un alivio para esta Enola efervescente que necesita respuestas y sin duda, las va a encontrar.

El director utiliza ambos recursos con mano sutil para lograr que el público termine siendo el cómplice que Enola aspira tener en uno de los momentos más complicados de su vida. Y vaya que la jovencísima Enola necesita un amigo, mientras batalla por evitar la envíen a un colegio de señoritas, se enfrenta como puede con dos hermanos sobreprotectores.

El film podría dedicar su atención a las peripecias de Enola en ser un símbolo de rebeldía, pero se toma su tiempo para explorar una trama intuitiva que encuentra el punto medio entre un procedimental apresurado y el recorrido de Enola por encontrar su lugar en el mundo.

Como si se tratara de un reflejo de la mente de Enola, las primeras secuencia del film está lleno de información, narrada a toda velocidad y desde métodos visuales novedosos que permiten imaginar, más o menos, como funciona la mente inquieta de nuestra heroína.

Enola Holmes: modo collage

Contada al estilo de un álbum de recortes que muestra las conclusiones de Enola a una velocidad trepidante, las primeras escenas son un dechado de imaginación y permiten establecer que esta Enola, no es una copia femenina y más joven de su hermano Sherlock, sino una mujer brillante que está empeñada en desentrañar un misterio complejo y con el potencial de cambiar su vida para siempre. Por supuesto, se trata de un recurso fácil para descubrir el mundo interior del personaje pero Bradbeer logra crear un sentido de la oportunidad imaginativo, para que cada pieza encuentre su lugar esencial antes de hacerse parte de una trama mayor.

Enola es la hija pequeña de una mujer misteriosa, con dos hermanos que le ignoran y también está cansada de luchar contra el peso de ser mujer. ¿Suena feminista? Lo es pero no en el sentido que esperas — o temes — sino en la forma en que esta joven mujer, batalla por ser escuchada.

Enola Holmes no cae en la trampa sencilla de ser una proclama sobre la libertad personal de manera directa o utilizar la energía de su personaje, para recordar las condiciones de las mujeres de su época solo porque puede. En lugar de eso, dedica la mayor parte del tiempo a demostrar cuan brillante, inteligente y llena de energía está Enola y lo mucho que merece el reconocimiento de su familia, como miembro titular. Quizás, varios de los mejores momentos a este respecto transcurren cuando la película se toma unos minutos en su acelerado trayecto para mostrar la relación de Enola con su amada madre (una Helena Bonham Carter infrautilizada) y que hace, más consistente y poderosa la historia sobre la soledad juvenil, la exclusión y el menosprecio a la inteligencia femenina que palpita al fondo de la película.

Para bien o para mal, Enola es un espíritu libre, también un investigadora brillante con sus propio métodos y además, una mujer con toda la fortaleza de su empeño por no sólo encontrar a su madre, sino restaurar el orden de su vida. La película toma interesantes decisiones en la manera de mostrar la forma como Enola se relaciona con la memoria de su padre muerto, con sus hermanos insoportables y en especial, con Sherlock (Henry Cavill) que para la ocasión muestra algunas emociones y se convierte en parte de la trama, casi sin quererlo.

Y... ¿qué tal Millie Bobby Brown?

Y si temías que Enola pudiera ser una adolescente irritante y sabelotodo — y vaya que podría haberlo sido — Millie Bobby Brown es una actriz lo suficientemente intuitiva como para crear una joven mujer carismática, llena de emociones y con una extraordinaria capacidad para el análisis meticuloso. No hay nada en ella de las versiones recientes de Sherlock, con sus problemas de sociabilidad o la pedantería que suele asociarse a su considerable intelecto, algo que la película explora con buena mano y termina en convertir en el centro de la trama.

Enola no es solo el centro de la historia, también es una brillante excusa para reír un poco a costas de los procedimentales, el reverso más singular de las grandes investigaciones en pantalla y al final, ese recorrido iniciático de todo gran personaje hacia el triunfo de sus ideales.

Para cuando finalmente llega el verdadero misterio — porque hay más de uno e incluso un cierto tinte político en toda la situación —, el guion ha hecho lo suficiente para sostener una buena historia, que no depende del trascendental poder del apellido de Enola para tener solidez y eficacia.

Quizás, uno de los grandes logros de la película es precisamente ese: dar cabida a su interesante y desconocido personaje, en favor de ese hermano mayor, estrella centenaria de cientos de relatos, películas y series. Un logro inesperado que dota a Enola de un infalible encanto.