La tuberculosis suena a enfermedad del pasado, a algo erradicado y con lo que ya no tenemos que convivir. Suena a Miguel Hernández y a Vivien Leigh. Tanto el poeta como la actriz que interpretó a Scarlett O’Hara en Lo que el viento se llevó (1939) murieron debido a esta enfermedad. Por desgracia, a lo largo de historia muchas personas han fallecido de tuberculosis, ya que el tratamiento para esta enfermedad infecciosa tardó en encontrarse y es largo, por lo que requiere una gran adherencia al mismo.

Otros magos de las letras como Paul Éluard, George Orwell; Franz Kafka, Katherine Mansfield; Antón Chéjov y Joan Salvat-Papasseit también fallecieron debido a la tuberculosis. Simone Weil (filósofa y activista política), el físico Erwin Schrödinger o Srinivasa Ramanujan (matemático indio) también fallecieron debido a esta misma causa.

Y antes de ellos fueron Santa Teresa de Jesús, Baruch Spinoza, Louis Braille, Santa Rosa de Lima, Eugène Delacroix, Maria Blanchard o Henry David Thoreau. Incluso los escritores Gustavo Adolfo Bécquer, Emily Brontë o Molière sucumbieron ante la bacteria que causa la enfermedad.

En el Día Mundial de la Lucha contra la Tuberculosis, en Hipertextual queremos hablar sobre esta enfermedad. Ya que, a pesar de todas las personas -conocidas o no- que han fallecido a causa de esta, se trata de una infección que es prevenible y tratable.

¿Qué es la tuberculosis? ¿Cómo se transmite?

Como decíamos, todo es culpa de una bacteria. Una bacteria de tipo bacilo, para ser más exactos. La Mycobacterium tuberculosis es la culpable de todo y «casi siempre afecta a los pulmones», explica la Organización Mundial de la Salud (OMS).

Esta enfermedad se transmite a través del aire, cuando un paciente «tose, estornuda o escupe», los bacilos de la tuberculosis pasan al aire. «Basta con que una persona inhale unos pocos bacilos para quedar infectada», indican desde la OMS.

De hecho, la propia organización advierte que hasta un tercio de la población mundial tiene tuberculosis latente. Y es que la bacteria Mycobacterium tuberculosis puede entrar en una persona, pero no producir la enfermedad (ni transmitirse) en mucho tiempo. Es decir, el bacilo se queda un tiempo sin infectar a la persona; pero cuando al final se desarrolla, lo hace por todo lo alto.

Síntomas y tratamiento

Tos durante tres o más semanas, mucosidad, sangrado al toser, fiebre, debilidad o fatiga, dolor en el pecho, sudores nocturnos, pérdida de apetito y/o de peso, escalofríos… Estos son algunos de los síntomas de la tuberculosis. Que, además, pueden ser leves durante muchos meses, por lo que pueden llegar a pasar desapercibidos.

Por suerte, se puede tratar con antibióticos. Pero el tratamiento es largo y caro. Durante seis meses se tienen que combinar la administración de cuatro medicamentos antimicrobianos, indica la OMS. Con la medicación y una administración de esta adecuada, los pacientes salen adelante.

Un tratamiento complejo

La tuberculosis lleva con nosotros mucho tiempo. Por desgracia, el tratamiento es complejo y se tuvieron que dar varias situaciones hasta encontrar los medicamentos perfectos. El primer fármaco para tratar la tuberculosis se descubrió en 1944, fue la estreptomicina. Desde entonces, los avances fueron más rápidos. Ahora se usa una combinación de otros tres fármacos: isoniacida, descubierta en 1952, rifampicina, introducida en el tratamiento en 1967, y pirazinamida, que se incorporó al final de la década de los 70. Este último medicamento ha permitido reducir el tratamiento a solo seis meses.

El tratamiento actual para la tuberculosis consiste en una combinación de isoniacida, rifampicina, etambutol y pirazinamida durante los dos primeros meses. Después, otros cuatro solo con isoniacida más rifampicina.

«Desde el año 2000, se han salvado más de 49 millones de vidas gracias al diagnóstico y el tratamiento efectivos», apunta la OMS. Por eso, es muy importante acudir al médico ante posibles síntomas.

Tuberculosis y COVID-19

Foto por Anastasiia Chepinska en Unsplash

La tuberculosis no es una enfermedad de otra época ni de otro siglo; aunque es tratable y se puede prevenir, según la propia OMS. Sin embargo, con la nueva pandemia que también afecta al sistema respiratorio, la producida por el coronavirus SARS-CoV-2; hay que que tener en cuenta que la combinación entre COVID-19 y tuberculosis puede ser una mano de cartas que no queramos tener en nuestra vida: «Los casos de coinfección de ambas enfermedades pueden ser graves y de mayor mortalidad», ha advertido en un comunicado de prensa la Sociedad Española de Neumología y Cirugía Torácica (SEPAR).

«Los casos de coinfección de COVID-19 y tuberculosis pueden ser graves y de mayor mortalidad», advierte SEPAR

Por desgracia, desde que la COVID-19 campa a sus anchas por el mundo; la inversión en investigación se ha centrado en erradicar esta enfermedad. Es lógico, se está llevando muchas vidas por delante y dejando muchas secuelas en los pacientes que sobreviven. Sin embargo, no podemos olvidarnos de otras enfermedades. De hecho, desde SEPAR apunta que «una reducción de la detección global de la tuberculosis en tres meses de confinamiento puede conducir a un 13% en el incremento de muertes por esta causa».

La tuberculosis en 2019 siguió siendo un problema

En 2019, 1o millones de personas enfermaron debido a la tuberculosis, según ha informado SEPAR en su comunicado. Y en 2020, la pandemia ha supuesto un problema para el diagnóstico correcto de esta enfermedad: «El infradiagnóstico y el retraso diagnóstico de la tuberculosis, que se han producido durante la pandemia, también están detrás de este empeoramiento de los datos epidemiológicos en esta enfermedad»; ya que hemos vuelto a «las cifras de mortalidad que se registraron en 2015».

A pesar de la pandemia, hay enfermedades de las que tampoco nos podemos olvidar. Un ejemplo claro es el de la tuberculosis, que ya se ha llevado la vida de muchas personas a lo largo de la historia y lo sigue haciendo. La COVID-19 deja muchas muertes a su paso, pero otras enfermedades también.

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