Estamos en lo que se puede denominar como la ‘semana marciana’. Tres misiones espaciales de tres países distintos han arribado estos días a la órbita del Planeta Rojo con distintos fines de exploración.

El primero fue Emiratos Árabes Unidos. La sonda de la misión Hope ya orbita Marte para estudiar su clima durante los próximos dos años en lo que se enmarca como la primera misión espacial del país árabe, quien ha formado su propia agencia en sus intentos por escapar por la dependencia del petróleo.

Formando el que posiblemente sea el primer atasco marciano llegó después la sonda Taianwen-1 de China, que permanecerá en órbita para, en mayo, depositar su propio rover que toque la tierra roja.

Y, por último, Estados Unidos y su rover Perseverance, la misión de exploración más importante hasta la fecha y que podría conseguir muestras de si alguna vez existió algún tipo de vida y allanar una posible misión tripulada en el futuro.

Marte, en definitiva, está de moda. La NASA lleva años trabajando en la Misión Artemisa, que busca llevar al primer humano a Marte con la Luna como base intermedia. Mientras, SpaceX de Elon Musk lleva años elucubrando con una posible fecha de llegada que, no obstante, cada vez parece que de darse será más a mediados de la década de los 30 que antes.

Ahora bien, al igual que Neil Armstrong y Buzz Aldrin nos dejaron aquella imagen con la bandera de la Estados Unidos en la Luna. ¿Veremos algo así en un hipotético futuro? Y yendo más allá, ¿quién tendrá control y gobierno de Marte de asentarnos allí?

La saga de novelas y la serie The Expanse ubicada 200 años en el futuro, elucubra con un Marte independiente tras años de colonización terrícola. ¿Sería algo así posible?

NASA

Un tratado para mantener Marte neutral. Excepto de la humanidad

Por suerte, aquella imagen de la bandera recta sobre la superficie lunar solo tenía un fin simbólico. Nada pequeño en medio de la carrera espacial contra la Unión Soviética, pero solo eso.

Desde 1967 existe el llamado Tratado sobre el espacio ultraterrestre, cuyo nombre completo es Tratado sobre los principios que deben regir las actividades de los Estados en la exploración y utilización del espacio ultraterrestre, incluso la Luna y otros cuerpos celestes. Bajo este larguísimo nombre se encuentra un texto amparado por el derecho internacional y la ONU sobre los límites del uso del espacio.

Pese a que originalmente solo fue firmado por EE.UU., la Unión Soviética y Reino Unido, en la actualidad 110 países lo han firmado y ratificado.

El acuerdo es vetusto y responde a las inquietudes de la época. Entre otras cosas, se prohibía el uso de satélites, el espacio y cuerpos celestes para la ubicación de armas atómicas. Y se llegaba a un consenso de que el Espacio pertenece a toda la Humanidad. Eso sí, nadie preguntó a no terrícolas.

El tratado está plagado de coletillas en la que se incide que en sus normas afectan incluyendo “a la Luna y otros cuerpos celestes”. Es decir, por extensión, también a Marte.

Esto dice el Tratado sobre el espacio ultraterrestre

Los dos primeros artículos dejan claro su carácter cooperativo de la exploración espacial, y recalca que ningún cuerpo celeste podrá ser apropiado por alguno de los países parte:

Artículo I: La exploración y utilización del espacio ultraterrestre, incluso la Luna y otros cuerpos celestes, deberán hacerse en provecho y en interés de todos los países, sea cual fuere su grado de desarrollo económico y científico, e incumben a toda la humanidad. El espacio ultraterrestre. Incluso la Luna y otros cuerpos celestes, estará abierto para su exploración y utilización a todos los Estados sin discriminación alguna en condiciones de igualdad y en conformidad con el derecho internacional, y habrá libertad de acceso a todas las regiones de los cuerpos celestes. El espacio ultraterrestre, incluso la Luna y otros cuerpos celestes, estarán abiertos a la investigación científica, y los Estados facilitarán y fomentarán la cooperación internacional en dichas investigaciones. Artículo II: El espacio ultraterrestre, incluso la Luna y otros cuerpos celestes, no podrá ser objeto de apropiación nacional por reivindicación de soberanía, uso u ocupación, ni de ninguna otra manera.

El tratado recoge algunos puntos importantes más como que todos los estados deben cooperar en el rescate de astronautas en el caso de requerirlo. Además, permite el uso de militares con objetivos de exploración siempre que sean pacíficos.

Un tratado antiguo pero con implicaciones a día de hoy en Marte

Marte, en la cuarta temporada de 'The Expanse'

Este texto internacional ha tenido ya algunas implicaciones importantes. Por ejemplo, en 2015 el rover Curiosity no pudo tomar muestras de lo que podrían ser restos de agua salada en Marte porque el tratado previene cualquier contaminación tanto de elementos terrícolas hacia el exterior como de forma inversa.

Es más bien algo como, ‘mantén tus microbios contigo’, más que una preocupación por la basura espacial, la cual no se recoge en el tratado más allá de la responsabilidad de cada estado de los elementos que mande al espacio.

Este último aspecto sobre la ‘nacionalidad’ de naves, satélites y posibles bases se deja ver bastante bien en la novela y la película de The Martian donde el protagonista debe tomar la decisión de salir de su jurisdicción (su base norteamericana) sin recibir el visto bueno, convirtiéndole en una especie de ‘pirata espacial’.

Elon Musk y su visión de Marte. Qué pasa con las empresas

¿Pero cómo se aplica esto en un mundo como el actual donde empresas privadas podrán tener capacidad de llegar a Marte, o al menos aspiran a conseguirlo?

Esto fue objeto de polémica hace unos meses cuando (no sabemos si en fórmula de una broma habitual de Musk) las condiciones de Starlink apelaban al uso de Marte como un “Planeta Libre”.

Ante esto, el tratado recoge en su artículo 6 que las organizaciones gubernamentales y no gubernamenatles (empresas) responderán de sus actos sobre el espacio ante el Estado en el que tiene su sede.

Artículo VI: Los Estados Partes en el Tratado serán responsables internacionalmente de las actividades nacionales que realicen en el espacio ultraterrestre, incluso la Luna y otros cuerpos celestes, los organismos gubernamentales o las entidades no gubernamentales, y deberán asegurar que dichas actividades se efectúen en conformidad con las disposiciones del presente Tratado. Las actividades de las entidades no gubernamentales en el espacio ultraterrestre, incluso la Luna y otros cuerpos celestes, deberán ser autorizadas y fiscalizadas constantemente por el pertinente Estado Parte en el Tratado. Cuando se trate de actividades que realiza en el espacio ultraterrestre, incluso la Luna y otros cuerpos celestes, una organización internacional, la responsable en cuanto al presente Tratado corresponderá a esa organización internacional y a los Estados Partes en el Tratado que pertenecen a ella.

Al hilo de la apreciación de Starlink, Antonino Salmeri, abogado e investigador doctoral en derecho espacial en la Universidad de Luxemburgo, decía que “no hay opción legal de considerar a Marte un planeta libre”. En otras palabras, Marte vendría a ser a día de hoy y bajo nuestra concepción una especie de provincia de la Tierra, dicho de forma muy vaga.

¿Y la minería?

Esto también ha entrado en cuestión acerca de una posible minería espacial. En 2015, aún bajo la administración Obama, Estados Unidos ponía en marcha la llamada Space Act.

La legislación otorgaba a las empresas espaciales estadounidenses los derechos de propiedad y venta de los recursos naturales que extraigan de los cuerpos del espacio, incluidos los asteroides.

Según explicaba entonces Gbenga Oduntan, especialista en Comercio Internacional de la Universidad de Kent, aquella idea iba “en contra de una serie de tratados y del derecho consuetudinario internacional que ya se aplican a todo el universo”.

“La nueva ley no es más que una interpretación clásica de la filosofía "el que se atreve gana" del salvaje oeste. La ley también permitirá al sector privado realizar innovaciones espaciales sin supervisión reglamentaria durante un periodo de ocho años y protegerá a los participantes en los vuelos espaciales de la ruina financiera. Seguramente, esto hará que las empresas privadas empiecen a incorporar la extracción de asteroides a sus planes de inversión”, escribía.

Ah, importante, esta legislación dejaba a un lado la posible vida extraterrestre, con la que no se podría comerciar.

¿Pero y si una futura colonia se independizara?

En un futuro mucho más lejano y con una elucubración también de mucho más largo alcance, quedaría pensar qué pasaría si una posible colonia marciana decidiera independizarse en un momento dado.

Ahí existen opiniones como la de Jacob Haqq-Misra, investigador en el Instituto de Ciencia del Espacio Blue Marble, y autor de un ensayo titulado El valor transformador de la liberación de Marte en el que sostiene que Marte debería ser totalmente independiente desde el principio. "Con Marte, parece que existe el potencial para hacer algo diferente con la civilización de lo que ya hemos hecho", opinaba.

La idea es sencilla. En lugar de que los humanos que aterrizan y viven en Marte respondan a las empresas e instituciones de su planeta de origen, se les debería dar total independencia. Para garantizar esta independencia, Haqq-Misra describe cinco disposiciones de liberación.

La primera, que los humanos que aterrizan en Marte renuncian a su ciudadanía terrestre, convirtiéndose en marcianos. En segundo lugar, los gobiernos, las empresas y las personas de la Tierra no pueden interferir con la política o la economía de Marte. Eso significa que no hay comercio coercitivo, ninguna intromisión económica. En tercer lugar, la exploración científica de Marte puede continuar siempre que no interfiera con cualquier civilización que se esté desarrollando de forma independiente. Cuarto, los marcianos deben determinar el uso de la tierra en Marte. Y quinto, todo lo que fue traído de la Tierra a Marte ahora es marciano, y los terrícolas no pueden pedirlo de vuelta.

De nacionalidad, Marciano

Mars Attacks!

Las ideas de Haqq-Misra beben del idealismo pero también de la posibilidad de que los humanos que lleguen a Marte lo hagan sin billete de regreso, por lo que habría que darles independencia en su vida y sus decisiones.

A este respecto, Salmeri también aludía al artículo I (2) de la Carta de la ONU, que contempla “la libre determinación de los pueblos”.

“Si y cuando la visión de SpaceX de un millón de personas que viven en Marte se convierta en realidad, no hay duda de que esta comunidad tendría derecho a la independencia política y la autorregulación. Sin embargo, este resultado no puede imponerse de antemano ni lograrse contra el derecho internacional. Más bien, solo puede desarrollarse a partir de la evolución natural de las circunstancias, bajo las salvaguardias del estado de derecho”, escribía.

En las primeras etapas, cualquier asentamiento marciano tendrá que depender de los suministros, las tecnologías, el personal y el apoyo logístico general de la Tierra. A la inversa, esta dependencia también implicará el ejercicio legítimo de la autoridad basada en la Tierra para proteger al asentamiento de degenerar en violencia y comportamientos del salvaje oeste.

Más tarde, cuando el acuerdo haya desarrollado una estructura autónoma y una división equilibrada de poderes, la independencia y la autorregulación vendrían naturalmente, pero ni un minuto antes de que se establezcan las condiciones para proteger los derechos fundamentales.

Esta, parece ser la única postura en la que Marte no pertenecería a la Tierra, sino a los primeros humanos marcianos.

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