El año inefable. 2020 pasará a la historia, no sabemos si 2021 correrá la misma suerte, por haber puesto patas arriba todo aquello que teníamos por seguro. Ahora, y vista la evolución del virus, ni las fiestas sagradas por excelencia –y no precisamente por lo religioso– penden de un hilo muy fino. Ni que decir tiene que los negocios en crisis son la nueva normalidad.

Y en este contexto, el mundo sigue. Y las empresas, las que pueden, evolucionan. Veremos durante el primer trimestre de 2021 los resultados definitivos del presente curso; de momento, hay disparidades en lo que a inversiones en startups se refiere. Mientras que para Atómico, las startups en España pasan por su peor dato histórico en inversiones, análisis como los de Bankinter apuntan a una cifra estable. Baja para las grandes cifras, pero creciente en el sector medio de las inversiones.

Lo que sí está claro es que la máxima del «renovarse o morir» ha sido esencial para la totalidad del ecosistema emprendedor. Las startups relacionadas con el sector textil se volcaron en la fabricación de mascarillas durante los meses centrales del año, y el sector de los viajes intenta reconvertirse ante un incierto panorama turístico.

Otras, como Badi o ElParking, están intentando conquistar nuevos verticales que les abran fronteras en esta incierta y nueva normalidad. Un intento de adaptación que quiere aprovechar los huecos en un mercado que aún no está claro cómo va a salir de esta pandemia.

Ideas ya meditadas, pero con una nueva oportunidad

«La idea no es actual, estaba pensada desde mundo antes de la pandemia», explica Enrique Domínguez CEO de ElParking. Sin embargo ha sido ahora cuando la compañía de pago de estacionamientos ha encontrado su hueco.

Centrados en los pagos a través de la app en zonas de estacionamiento regulado y parkings privados de las grandes urbes, ElParking ha abierto –desde hace algunos meses– la opción de reservas en aparcamientos de fincas privadas. En un momento en el que, de hecho, la movilidad solo ha bajado principalmente en los trayectos entre comunidades, aunque menos de forma interna, cabe preguntarse el motivo de este estreno. La clave está en el coste y en los ingresos para otros.

Definido como el Airbnb de las plazas de aparcamiento, lo que se busca es poder sacarles más beneficio. «Hay muchas plazas vacías durante largas horas en el día y hay inquilinos que quieren alquilar su plaza durante esos tramos. Eso permite que los particulares puedan sacar dinero de esa plaza durante el tiempo que no están», explican desde la compañía. Un modelo de negocio que, de forma extraoficial, tiene una larga tradición pero que, en este caso, quieren profesionalizar.

Y un modelo de negocio que quiere triunfar en un sector complejo. Si Airbnb no lo tuvo fácil para ser el rey de los alquileres vacacionales, y de hecho ahora lucha por mantener a flote su estructura, ElParking tampoco lo ha tenido fácil. Desde 2018 llevan intentando entrar en el segmento de mercado.

El poder del dinero

Ahora cuentan con 156 clientes, la mayor parte concentrados en Madrid y Barcelona en las zonas de estacionamiento regulado. Sus primeros pasos fueron complicados: «El resto de vecinos se quejaba de que no querían dejar entrar a cualquiera en el edificio».

La única manera de convencer a las fincas era, por supuesto, haciéndoles partícipes de los beneficios. Un sistema de seguridad, cámaras de vigilancia que controlasen las entradas y salidas y apertura de puertas sin mandos. Añaden también un seguro a terceros. Todo valorado en 1.500 euros. Y, además de eso, participación en los beneficios del alquiler de plazas.

Solo con este sistema, ElParking pudo ampliar su negocio al segmento del aparcamiento privado; el único reducto que queda por conquistar en las zonas reguladas. Con poca saturación en este momento, esperan que a medio plazo la normalidad vuelva a las calles y les pille preparados.

Si los hoteles caen, Badi los recoge

Si ElParking está intentado rentabilizar las plazas de parking privadas a cambio de bonificar a las comunidades de vecinos, Badi ha tomado un curso muy diferente.

El sector turístico en su conjunto, unido al de la hostelería, se está llevando lo peor de la pandemia. Con cientos de establecimientos cerrados y sin fecha de apertura, otros intentan sobrevivir como pueden. Los que quedan abiertos tampoco cuentan con grandes movimientos; sin turismo en las zonas de costa, ni negocios en las grandes urbes no está claro cómo afrontarán 2021. A eso se le suma la baja movilidad entre países y en muchos casos tampoco entre regiones de un mismo país. Lo cierto es que el sector vive sus horas más bajas.

Badi, centrada en el negocio de la búsqueda de piso por habitaciones, ha querido sacar partido de las instalaciones de los hoteles. Un negocio redondo que ha encontrado su hueco.

La compañía anunciaba, de esta manera, un acuerdo con varias cadenas hoteleras para ofertar 400 habitaciones en alquileres de media o larga duración. Badi pasa a convertirse en un modelo híbrido de alquileres en vivienda y también turísticos. Un respiro para los gigantes del turismo que tienen previsto destinar casi el 20% de sus habitaciones a esta actividad, y una nueva rentabilidad para Badi que entra en un segmento nuevo que, salvo cambios de última hora, solo puede aportar beneficios a ambas partes.

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