La hoja de presentación de la nueva generación de consolas, PS5 y Xbox Series X, ya hace algunos meses, ponían sobre la mesa sus premisas para los juegos del futuro: alta resolución, alta tasa de frames, tiempos de carga ridículos y mejoras gráficas en formas de Ray Tracing, HDR avanzado y texturas fotorrealistas. Y en el caso de Sony llegaba con el DualSense bajo el brazo.

Aunque pueda parecer que, efectivamente, será lo que ofrecerán los juegos de próxima hornada, si lo pensamos fríamente, es el paso evolutivo que aproximadamente cada siete años ofrecen las nuevas consolas Lo cierto es se trata de los mínimos aceptables que confirman el salto lógico gracias a los avances tecnológicos. Y si bien los tiempos de carga reducidos van a cambiar muchos aspectos en la industria, tendremos que ver cómo evoluciona conforme los títulos se vuelvan más exigentes en recursos.

Pero hay algunos aspectos que no tienen tanto que ver con la mejora esperada en los juegos y que, sin duda, suponen un cambio en términos de jugabilidad, inmersión y sensaciones que aportan al jugador mucho más que cualquier mejora gráfica por espectacular y esperada que sea.

El background de la industria del videojuegos respecto a introducir cambios fundamentales en jugabilidad nunca han funcionado del todo bien. Si bien la VR ha sido unos de los pocos elementos que se han mantenido respecto de su lanzamiento con una buena acogida, el resto se han quedado en pequeños experimentos: PS Move, Kinect… todas tecnologías en el recuerdo de promesas revolucionarias que al final no encajaron con las dinámicas del jugador. Aunque muchas de estas fracasaron, además de por otras cuestiones, por la reducida adopción de los desarrolladores para sus títulos, lo cierto es que el cambio era tan grande en el jugador que incluso modifica conceptualmente el videojuego, ese era uno de los problemas fundamentales.

Las promesas a futuro de las tecnologías ya muertas han sido constantes y rimbombantes a lo largo de ocho generaciones de consolas, sin que ninguna haya sobrevivido más allá de la consola que la tenía por bandera. Por eso Sony ha hecho algo muy inteligente con su DualSense: presentar sus nuevas funcionalidades como un añadido más a lo que su nuevo mando ofrece, con un concepto tan sencillo bajo el brazo que a muchos les resultará imposible creer que se trata de una auténtica revolución, y que marcará un nuevo paso evolutivo en términos de jugabilidad.

Lo primero que llamará la atención a los jugadores del nuevo DualSense es el cambio de diseño total, no solo en sus colores, también en el form-factor, que ahora evoluciona hacia un mando más grande, más ergonómico y con un peso extremadamente equilibrado para el jugador medio.

No solo es más cómodo de sujetar, sino que la anchura extra del mando con las curvas laterales hacen más sencillo volver a la posición inicial de las manos a la hora de realizar una acción, además de permitir menos cansancio en largas sesiones de juego. Ahora el touchpad del mando ha ganado protagonismo, pero mantiene sus funciones.

Un cambio interesante es la disposición de los LEDs, que evolucionan de la parte superior que vimos en el DualShock 4, tanto en la versión original como en la V2, para pasar a la parte inferior del touchpad, manteniendo eso sí, su funcionalidad y sus características. Son menos molestos al no está en la parte posterior y reflejarse en pantalla como sucedía con el mando de PS4.

No son los únicos detalles que incluye el DualSense. Ahora junto al altavoz hay un micrófono del que los desarrolladores pueden sacar partido. Lo cierto es que no se cuela mucho ruido ambiental por el mismo, como si a la hora de estar activado funcionase una suerte de cancelación de ruido. No es lo más óptimo para usar en juego multijugador, pero si puede ser una buena baza para los grupos de chat y las charlas, así como usarlo para el dictado como método de entrada.

Junto a dicho micrófono, Sony ha incluido un botón de mute que no solo desactiva el micrófono integrado, si no que además es compatible con los auriculares conectados al mando o a la propia consola a través de USB, por lo que permite mutear la entrada de voz independiente de la fuente que sea. Además, el botón de silencio se integra con los controles en pantalla del centro de control, manteniendo sincronizada la posición del botón tanto desde la propia consola como del propio mando. La PS5 permite, además, modificar el comportamiento del micrófono según estemos usando la PS5 desconectado o con grupos de voz de forma automática dentro de sus preferencias, por lo que es un añadido más que interesante.

El resto de funciones del mando siguen intactas, el botón share sigue manteniendo sus posibilidades y las opciones siguen permitiendo editar su comportamiento respecto a las capturas rápidas, y en general todo se siente como antes pero más cómodo.

Los botones principales tienen mejor tácto respecto a los de PS4, se notan más sólidos y más precisos, y los joysticks, pese a no haber cambiado mucho, ahora tienen una textura más cómoda y sobre el papel, parecen más duraderos que los anteriores. Además, Sony ha añadido una textura rugosa posterior, con los símbolos de PS microscópicos, al manado que lo hace más cómodo y más resbaladizo. Eso sí, esta textura rugosa, unido al que el mando es blanco, hace que el controlador se ensucie más rápidamente que los anteriores, pero se limpia fácilmente con un paño algo humedecido.

No obstante, el cambio evolutivo del DualSense no reside tanto en su nuevo diseño, si no en lo que esconde en su interior. Más allá del rediseño, el cambio a USB-C o las mejoras en ergonomía incluye dos funcionalidades nuevas: retroalimentación háptica y gatillos adaptables dinámicos. La primera no es nueva en la industria, y seguro que los usuarios de Nintendo Switch o de Xbox saben de que hablo: permite que el controlador vibre de forma específicas adaptándose a la situación del juego, y cambiando de forma dinámica y en tiempo real la intensidad y la dirección de la vibración para que el jugador sean más consciente de la interacción entre su movimiento y sensaciones del juego.

La segunda, los nuevos gatillos adaptables dinámicos, modifican la resistencia de los gatillos en diferentes intensidades para generar una respuesta más precisa a la hora de realizar acciones dentro del juego. Dos funcionalidades que, como vemos, son realmente sencillas, pero que fusionadas en una suponen un cambio conceptual en términos de sensaciones a la hora de controlar un videojuego. En Sony saben de sobra la diferencia cualitativa que suponen estas tecnologías para el usuario y su relación con los juegos, y por ello el primer juego, casi obligatorio, que hay que probar en PS5 es, sin duda, Astro’s Playroom.

Astro’s Playroom es el único título preinstalado en cada PS5, que además de ser un juego bastante simpático y divertido, está enfocado a demostrar las posibilidades de DualSense y lo que puede ofrecer los jugadores y a los desarrolladores que lo quieran integrar en sus títulos. Conforme el jugador va avanzando niveles en Astro’s Playroom, se van introduciendo nuevas mecánicas que sacan todo el provecho a las nuevas funcionalidades de DualSense, y sin duda es el escaparate perfecto para todos aquellos que quieran probar de primera mano lo que puede ofrecer el DualSense en términos de interacción.

Y lo cierto es que las sensaciones que ofrece DualSense no tienen comparación en la industria. Es sorprendente cómo el mando genera una resistencia activa en los gatillos que dificulta incluso apretarlos si no has cambiado el chip en tu cabeza que te dice que estás sujetando un mando nuevo de PlayStation. Permite recibir feedback de elementos que están fuera de la vista del usuario, como por ejemplo indicadores de peligro a través de vibraciones sutiles que realmente indican una dirección concreta.

Lo genial que ha conseguido Sony es fusionar todos estos cambios en el motor de vibración y en el sistema de gatillos con el Sony de la propia consola. Cada cambio de vibración va acompañado de un cambio en el sonido del altavoz integrado del mando que permite sentir además de por las manos los cambios en las físicas o particular que se ven el juego, lo que se traduce en una mayor inmersión.

Sentir la textura de una superficie a través de cambios en tiempo real en el motor de vibración sin que interfiera con otros elementos del juego, o hacer sentir al jugador de las condiciones atmosféricas que se ven en el juego con una vibración dinámica en tiempo real que modifica la forma de sentir el control y por tanto, del movimiento. Ahora, juntémoslo todo y será una idea de lo que es capaz de ofrecer DualSense en términos de inmersión.

Más allá del feedback ambiental del juego, la tecnología puede abrir la puerta a un cambio conceptual para la personalización de los controles que hasta ahora estaban limitados a cambios y modificaciones mecánicas en los propios mandos. Las posibilidades que ofrece DualSense a los desarrolladores, visto lo que hemos visto con un título tan sencillo como Astro’s Playroom, son infinitas: cambiar el recorrido de los gatillos ajustando su dureza en tiempo real en un título de conducción. Ajustar de forma diferente cada uno de ellos en títulos FPS para generar un feedback en tiempo real de los disparos, o bloquearlos cuando el arma se encasquilla. Eliminar la resistencia de los gatillo cuando la cuerda de un arco se rompe o endurecer la resistencia cuando se tensa. Los ejemplos sin interminables.

La herramienta que tienen ante sí los desarrolladores para experimentar con las sensaciones que percibe el jugador son innumerables y va a resultar un cambio conceptual que, con el tiempo, nos llevará a pensar que cómo hemos jugado hasta ahora con ello.

Ahí donde las grandes revoluciones en términos de jugabilidad fracasaron, el DualSense está llamado a triunfar. Y por una razón muy sencilla: el cambio en términos de jugabilidad y sensaciones es transparente del usuario, sin curva de aprendizaje, sin grandes aspavientos tecnológicos pero tremendamente disruptivo y resultón. Si bien aquí habrá que esperar, como decimos, la labor de los desarrolladores, que son los que deberán elegir si integran estas tecnologías en sus juegos, el jugador es el que lo disfrutará realmente.

La verdadera revolución de nueva generación de consolas no está en juegos con mejores gráficos y framerate, eso vendrá solo y la propia industria lo impulsará en el ejercicio de sus posibilidades. Son los pequeños-grandes cambios como los que introduce DualSense los que te hacen darte cuenta que estamos ante algo nuevo, diferente, que introduce nuevas formas de interaccionar con los entornos virtuales y, sobre, todo, de percibir sensaciones jugables que hasta ahora no estaban disponibles en juego tradicional. Con algo tan sencillo como cambiar la mecánica interna de un mando.

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