Hace ahora poco más de un mes, los astronautas de la EEI debieron pasar un fin de semana de “bricolaje” en busca de la fuga que estaba provocando en las instalaciones una pérdida de aire algo más rápida de lo normal. Para dar con ella procedieron a sellar las diferentes estancias, tanto del lado estadounidense como del ruso. Mientras tanto, ellos se mantuvieron recluidos en una de ellas, el módulo de servicio Zvezda. Pero no lograron dar con el problema. La búsqueda quedó un poco en stand by hasta que durante la noche de este lunes los tripulantes tuvieron que levantarse urgentemente. Una llamada de alerta de los controladores de vuelo de la NASA les avisaba de lo que los problemas en la Estación Espacial Internacional no habían terminado.

Al no dar con el origen de la fuga durante su búsqueda, se concluyó que esta debía estar en una de las dos zonas que no se habían investigado. Una de ellas era el módulo en el que ellos habían permanecido durante las pruebas. La otra, el Módulo 2 de Poisk Mini-Research, que se utiliza como puerto para atracar naves espaciales y para que los astronautas se preparen antes de sus caminatas en el exterior. Para comprobar si se trataba de alguna de ellas sería necesario sellarlas temporalmente, como se hizo con el resto. Sin embargo, Zvezda tiene acceso directo con la cápsula Soyuz que actualmente se encuentre unida a la EEI.

Si las cosas se pusieran feas y hubiese que tomar una salida de emergencia, sería esta la nave que les llevara hasta casa, por lo que cerrar las escotillas podría ser peligroso. Tras valorar la situación se optó por no tomar ese riesgo, pero las cosas cambiaron con la llamada de este lunes. Finalmente se procedió a sellar esta estancia, mostrando que, efectivamente, era ahí donde se encontraba la fuga.

El origen de los problemas en la Estación Espacial Internacional

El módulo Zvezda proporciona oxígeno y agua potable a la mitad rusa de las instalaciones. Además, contiene dormitorios, comedor, frigorífico, congelador, baño y una máquina que elimina el dióxido de carbono del aire.

Como es lógico, los astronautas pasan mucho tiempo allí, de modo que aislarlo y sellarlo podría ser un inconveniente. Afortunadamente, el sistema de soporte vital del lado estadounidense también tiene generadores de oxígeno, una cocina y sistemas de agua potable.

Gracias a ello, la tripulación se pudo desplazar temporalmente allí. Tras cerrar las escotillas de Zvezda, se comprobó que, como cabía esperar, la fuga parecía encontrarse allí, concretamente en su compartimento de trabajo cilíndrico.

Por ahora, según explicó ayer la NASA en un comunicado, no está claro el punto exacto, ni tampoco cómo pudieron generarse estos problemas en la Estación Espacial Internacional. Lo que sí se sabe es que la pérdida de aire es más lenta de lo que se pensó el lunes y que los astronautas no corren peligro. Ese giro brusco de la situación era en realidad el resultado de un cambio temporal en la temperatura a bordo de la estación, por lo que no tardaría en estabilizarse.

Los próximos pasos

Los problemas en la Estación Espacial Internacional han llegado en un momento en el que sus instalaciones se preparan para albergar mucha actividad.

Este mismo fin de semana, por ejemplo, se espera que llegue hasta allí una nave con provisiones para los tripulantes, además de un nuevo inodoro experimental.

Más tarde, el 14 de octubre, tres nuevos miembros se unirán a la tripulación a bordo, la astronauta Kate Rubins, de la NASA, y los cosmonautas rusos Sergey Ryzhikov y Sergey Kud-Sverchkov.

Y para terminar el mes, a los ya seis tripulantes se unirán otros cuatro astronautas: Shannon Walker, Victor Glover y Michael Hopkins, de la NASA, y Soichi Noguchi, de la Agencia de Exploración Aerospacial de Japón. Todos ellos forman parte de la misión Crew-1, que resulta de la unión entre SpaceX y la Agencia Espacial Estadounidense.

Este viaje estaba previsto para septiembre, pero terminó aplazándose hasta el 31 de octubre. Aunque fue por diversas razones, una de ellas fue precisamente la fuga de aire en la EEI. No supone un problema grave, pero tampoco uno que deba obviarse. Antes de que las instalaciones se llenen de nuevos astronautas, el problema debería estar solucionado. Afortunadamente, gracias al aplazamiento ahora cuentan con un mes más para trabajar en ello.

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