El poder de la meditación y ciertas prácticas como el mindfulness es un asunto muy discutido en psicología. Hay profesionales que lo usan como una herramienta más de sus terapias. Mientras, otras personas lo consideran casi una pseudociencia. Por eso, un equipo de científicos de la Universidad Carnegie Mellon lleva años estudiando su función en el entrenamiento de usuarios para la utilización de dispositivos BCI, que permiten controlar funciones concretas de una máquina con el cerebro.

En 2014 este grupo de investigadores publicó un estudio que concluía que la meditación permite a largo plazo controlar estas máquinas de una forma muy eficiente. Sin embargo, hoy sale a la luz una nueva publicación, en la que muestran que, en realidad, basta con un entrenamiento mucho más corto para obtener beneficios.

El poder de la meditación

Las máquinas BCI funcionan de un modo similar a los típicos juegos que se encuentran en algunos museos científicos, que permiten mover una pelotita con la mente.

El objetivo es concentrar toda la atención en el objeto que se quiere desplazar. Esto es interpretado por la máquina, que analiza las ondas cerebrales, especialmente las de tipo alfa. Una persona que tienda a dejar volar su mente, mostrando problemas para centrarla en una sola cosa, no tendrá buenos resultados en este tipo de tareas. Por eso, cabe pensar que la meditación, especialmente diseñada para ayudarnos a centrarnos en el aquí y el ahora, puede ser útil en ese aspecto.

Para analizar si realmente es así, estos científicos reunieron a 76 personas, a las que dividieron en dos grupos. En el primero todos se sometieron a un curso de meditación de ocho semanas. En cambio, los miembros del segundo no recibieron ningún entrenamiento.

Pasado ese periodo de tiempo, se enfrentaron a diez sesiones de BCI, consistentes en mover el cursor en la pantalla de un ordenador simplemente con la mente. Para ello se les insistió en que debían enfocar el cursor y visualizar el movimiento dentro de su cabeza.

Los que habían aprendido meditación durante los dos meses anteriores fueron mucho más eficaces en la prueba, tanto en los primeros intentos como en las repeticiones posteriores. Además, este resultado podía leerse también en su actividad cerebral, ya que los que habían aprendido a meditar tenían una mayor facilidad para modular las ondas alfa.

Entonces, ¿es útil meditar?

El año pasado, los Ministerios de Ciencia y Sanidad incluyeron la meditación en la lista de pseudoterapias de la campaña ConPrueba. Concretamente, estaba en el grupo de terapias aún por analizar.

Sin embargo, el mero hecho de que se planteara su análisis lleva a contemplarla como poco fiable. Por eso, aquí es necesario hacer una distinción muy importante. La meditación, si un psicólogo lo considera oportuno, podría complementar la terapia. Pero nunca sustituirá un tratamiento farmacológico si este es necesario, ya sea en el área de la psiquiatría o en cualquier otra.

Ya lo explicaba el año pasado en El País la presidenta de la Asociación para Defender al Enfermo de las Terapias Pseudocientíficas, Elena Campos. Prácticas como la meditación o el yoga deben mantenerse en el ámbito de la relajación y el bienestar, incluso del ejercicio en el caso de la segunda. No obstante, no deben ir más allá.

Ahora, gracias al trabajo de estos científicos sabemos que realmente el poder de la meditación para controlar la mente es un hecho. Los psicólogos, entre otras muchas cosas, nos ayudan a mantener las distancias necesarias con aquellos pensamientos intrusivos que puedan hacernos daño. Por eso, centrar la atención en lo importante es un aprendizaje interesante que podemos obtener gracias a esta herramienta.

En definitiva, el estudio que se publica hoy aporta información de gran relevancia, tanto para analizar los mecanismos de la meditación, como para entender el funcionamiento del cerebro y mejorar las estrategias para el uso de BCI. Hay mucho futuro detrás de estas máquinas. Sin embargo, y por paradójico que parezca, para exprimirlas a fondo puede ser esencial una técnica que se remonta a tiempos muy lejanos de nuestro pasado.

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