Esta pandemia nos ha cambiado en muchos sentidos. Quizás lo más evidente sea el hecho de salir a la calle con mascarilla y haber convertido el gel hidroalcohólico en nuestro “cosmético” más preciado. Sin embargo, lo ha hecho a otros muchos niveles. Por ejemplo, ha metido de lleno el teletrabajo en nuestras vidas. Es cierto que a medida que se ha ido desarrollando la desescalada muchas empresas han vuelto a su labor presencial; aunque, visto lo visto, podría ser que pronto volvamos a trabajar desde casa. En definitiva, hemos tenido que acostumbrarnos a la nueva normalidad a muchos niveles y eso inicialmente no ha sido fácil.

Reunirse por videoconferencia es sencillo, pero hacerlo con un perro apoyado sobre el teclado o tu hijo pequeño apareciendo en la habitación para protestar porque el mayor se ha metido con él complica bastante la situación. Afortunadamente, según un estudio recién publicado en Nature Neuroscience, con el tiempo estas habilidades se perfeccionan. Al menos es lo que le ocurre a las ratas. Y si ellas pueden, intentemos pensar que nosotros también.

¿Por qué tardamos en acostumbrarnos a la nueva normalidad?

Para la realización de este estudio, sus autores, procedentes de la Universidad de Sydney, trabajaron con un grupo de ratas.

El primer paso fue enseñarles nuevas habilidades, como presionar una palanca para obtener comida. En general lo lograban con poco tiempo de entrenamiento. No obstante, cuando ya sabían hacerlo, si se cambiaban de lugar de repente parecían haber perdido la capacidad de realizar estas tareas.

Es algo similar a lo que nos ha ocurrido a los humanos en tiempos de pandemia. Muchas personas ya habían tenido alguna vez una reunión por Zoom o Skype, pero posiblemente en la oficina. O en un día muy concreto pudo ser en casa, pero con los niños en el colegio. Incluso puede que se diera durante un viaje puntual, pero nunca regularmente en las condiciones en las que nos hemos visto inmersos por el coronavirus.

Ese cambio de escenario es el que nos ha hecho tan difícil acostumbrarnos a la nueva normalidad. ¿Pero por qué?

La respuesta está en el hipocampo

Una vez que comprobaron la dificultad de las ratas para realizar tareas ya aprendidas al cambiarlas de ubicación, procedieron a analizar su cerebro.

La región del mismo encargada de codificar los recuerdos relacionados con el entorno es el hipocampo, por lo que probaron a desactivarlo. Curiosamente, al hacerlo las ratas no podían repetir una actividad que acababan de aprender, pero sí una que hacía tiempo que se les enseñó. Esto, según ha explicado en The Conversation la autora principal del estudio, Laura A. Bradfield, sugiere que “con la experiencia y el tiempo, hay un cambio tanto en los mecanismos psicológicos como en los mecanismos cerebrales para aprender a hacer cosas nuevas y tomar decisiones”.

Afortunadamente, cuando cambiaron las ratas de lugar, pasado un tiempo, pudieron hacer sin problemas aquello que se les había enseñado. Por lo tanto, “si bien el hipocampo parece ser crucial durante un breve periodo, se vuelve menos importante a medida que pasa el tiempo”.

¿Qué más nos enseña este estudio?

Aparte del motivo por el que nos cuesta acostumbrarnos a la nueva normalidad, este estudio puede tener otras implicaciones a nivel médico.

Existen multitud de trastornos en los que se ve afectado el hipocampo, desde el alzhéimer hasta la depresión. Por eso, esta investigación puede ayudar a los científicos a comprenderlas mejor, de cara a futuros tratamientos y terapias.

Lógicamente, es importante remarcar que la investigación se ha llevado a cabo en ratas. No obstante, es cierto que todos hemos comprobado que los cambios derivados del coronavirus, ya fueran relacionados con el trabajo o con la forma de socializar, fueron más complicados al principio y se fueron haciendo más sencillos con el tiempo. Ahora sabemos por qué y, además, entendemos que, ya que los hemos interiorizados, no estaría nada mal implantar algunos incluso cuando todo esto acabe. Usar mascarillas en época de gripe puede dar un gran respiro a los profesionales sanitarios y realizar temporadas de teletrabajo es un buen impulso para el cuidado del medio ambiente. Y, bueno, lo de no saludar a todo el mundo con dos besos puede ser el paraíso para muchas personas. Pero eso ya sí que no lo podemos estudiar en ratas.