El mal uso que se ha hecho de los antibióticos durante años ha llevado a que estos medicamentos, que tantísimas vidas han salvado desde su descubrimiento, empiecen a perder eficacia. Las bacterias se hacen resistentes a ellos y muchas infecciones que anteriormente se trataban con facilidad se están convirtiendo en un problema. Por eso, es necesario investigar otras sustancias antimicroabianas que aún puedan combatir a las superbacterias. A día de hoy existen muchos compuestos candidatos, la mayoría de ellos extraídos de la naturaleza. Pero para solucionar los problemas del presente, y por ende del futuro, no está de más mirar al pasado. Es por esto por lo que un equipo de investigadores procedentes de las universidades de Warwick y Nottingham ha decidido buscar respuestas en un viejo ungüento medieval.

Sus resultados, bastante prometedores, se han presentado recientemente en una publicación de Scientific Reports.

Un ungüento medieval con eficacia muy actual

Los autores del estudio llegaron hasta este ungüento medieval mientras analizaban uno de los primeros textos médicos ingleses de la época.

Conocido como Bald’s leechbook, encierra todo tipo de recetas para tratar males de lo más variopintos. Algunos no necesitan mucho análisis para mostrar que gozan de poca evidencia científica. Es, por ejemplo, el caso de un brebaje diseñado para evitar visitas nocturnas de los duendes.

Pero no todo es así. También hay un ungüento antiséptico, a base de bilis de vaca, cebolla o puerro, ajo y vino. El tema de la elección entre cebolla o puerro era una confusión debida a la traducción del inglés antiguo, por lo que los autores del estudio decidieron reproducir las dos recetas hasta obtener 15 dosis con una hortaliza y 15 dosis con la otra.

El resultado fue efectivo con ambas opciones, aunque los obtenidos con la cebolla llevaron a que se decantaran por ella. Consiguió eliminar un gran número de bacterias, como Acinetobacter baumanii , Stenotrophomonas maltophilia , Staphylococcus epidermidis y Staphylococcus pyogenes. Incluso fue muy efectivo contra Staphylococcus aureus. Esta es uno de los microorganismos patógenos más temidos, tanto por la resistencia a antibióticos que ha desarrollado con el tiempo como por su capacidad para formar bioflims.

Estos son estructuras en las que las bacterias se unen con fuerza, dando lugar a una especie de láminas finas, mucho más difíciles de destruir. En la actualidad se han llegado a dar casos en los que ha sido necesario amputar miembros colonizados por estos biofilms bacterianos, antes de que la infección llegue a la sangre.

La importancia de echar la vista atrás

Uno de los datos más curiosos de este ungüento medieval es que, cuando los científicos probaron cada uno de sus componentes por separado, no consiguieron un resultado ni mínimamente parecido.

Si bien algunos de ellos, como el ajo, son conocidos por su potencial antiséptico, no lograron eliminar las bacterias con la misma eficacia, mucho menos si se encontraban formando biofilms.

Por eso, a pesar de la antigüedad del remedio, quedaron gratamente sorprendidos por el buen cálculo de dosis y combinación de sustancias que hicieron en su día los autores del tratado médico.

Es un claro ejemplo de la importancia de encontrar un equilibrio entre la ciencia y los remedios tradicionales. Que los científicos insistan en que no se debe hacer un mal uso de estos últimos y, sobre todo, que no deben sustituir a la medicina actual, no quiere decir que no debamos estudiarlos.

La química china Tu Youyou llegó hasta un tratamiento contra la malaria precisamente estudiando los tratados de la medicina tradicional de su país. Usó sus conocimientos sobre farmacología para analizar la información con una mirada científica y dar con aquellos que pudieran tener una utilidad. Aquel hito le valió el Premio Nobel de Medicina en 2015.

Ahora, los autores de este nuevo estudio han sabido encontrar entre pociones y colirios contra duendes un remedio que podría combatir a uno de los mayores enemigos de la salud pública actual. De momento, solo lo han probado en el laboratorio. Han comprobado su eficacia contra las bacterias y su seguridad al cultivarse sobre células humanas. Los siguientes pasos irán dirigidos a comprobar su eficacia directamente sobre las personas. Si todo va bien, estaríamos ante un nuevo éxito de la unión entre medicina tradicional y ciencia actual. Ambos unidos son más fuertes, como los ingredientes de este ungüento medieval. Pero la primera por separado puede traernos muchos problemas. Que no nos falte nunca la ciencia.

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