El mundo se encuentra sumido en dos pandemias: la del SARS-CoV-2, mucho más reciente, y la del racismo, que lleva instalada entre nosotros cientos de años. La primera ha dejado de momento algo más de 380.000 víctimas. La segunda un número imposible de calcular, pero posiblemente mucho más alto. Y es que, en realidad, las consecuencias del racismo pueden llegar a ser muy peligrosas.

Estados Unidos se encuentra actualmente sumido en un periodo de revueltas, iniciado tras el asesinato de George Floyd. El afroamericano, de 40 años, murió después de que un policía lo inmovilizara presionándole el cuello con su rodilla. En el vídeo de la detención, que ya ha dado la vuelta al mundo, se ve cómo el hombre ruega clemencia, advirtiendo que no puede respirar, y también cómo su vida se apaga poco a poco, sin que el policía que se la está arrebatando haga nada por evitarlo.

Casos como el suyo son terriblemente habituales, tanto a manos de la policía como de ciudadanos que se creen con el derecho de vejar a otra persona solo por el hecho de tener diferente el color de su piel. Pero no solo la violencia directa puede acabar con la vida de las personas discriminadas. El racismo puede desencadenar la muerte de otras formas mucho menos escandalosas, pero igualmente preocupantes. Lo explicaba el año pasado en un artículo para The Conversation la doctora April Thames, experta en neuropsicología clínica y profesora asociada en la Universidad del Sur de California.

Consecuencias del racismo en la salud

Es más que conocido que el estrés afecta notablemente a la salud de una persona.

Imaginemos entonces la situación de alguien que vive con miedo a que le rechacen en la entrevista para ese trabajo que tanto necesita, o a que su hijo vuelva llorando del colegio por los abusos de sus compañeros o a que le detengan sin motivos o exageren los motivos con tal de usar la violencia. O, simplemente, imaginemos lo que debe ser andar por la calle atemorizado por la posibilidad de recibir un disparo. Simplemente porque sí.

Este es el día a día de muchos afroamericanos en Estados Unidos y también en otros países. El estrés en estas situaciones es claramente extremo, por lo que es lógico pensar que pueda llegar a ser peligroso.

Es por este motivo por el que el equipo de la doctora Thames ha llevado ya a cabo varios estudios en los que se analiza las consecuencias del racismo a nivel de salud, tanto física como mental.

No cambian tanto los genes como su expresión

Las estadísticas apuntan a que los afroamericanos tienen de media una esperanza de vida menor que la de las personas estadounidenses blancas. Además, suelen ser más propensos a muchas enfermedades, entre las que se encuentran varios tipos de demencia y numerosas patologías cardíacas.

La primera hipótesis que surge ante esta idea es que se deba a causas genéticas. No obstante, los estudios realizados al respecto no han encontrado evidencias sólidas. Sí que parece haberlas en lo referente a la expresión de genes. Ahora bien, ¿eso qué quiere decir?

Los seres humanos nacemos con unos genes determinados, que funcionan como nuestro “libro de instrucciones”. Indican el color de nuestros ojos, la forma del pelo, la estatura y otros muchos factores individuales. Además, incluyen los “comandos” para que nuestro organismo funcione correctamente, realizando las funciones necesarias para su supervivencia.

Estos genes se encuentran en todas nuestras células, pero no se expresan en todas por igual. Cada una de esas instrucciones se ejecutará cuando sea necesario y donde sea necesario. Por ejemplo, no tendrá sentido que se “use” el gen correspondiente a la síntesis de insulina en una célula del ojo.

La capacidad de un gen para ejercer su función de este modo, “bajo demanda”, es lo que se conoce como expresión génica. Depende en buena parte del lugar en el que se encuentre una célula concreta, pero también de las situaciones planteadas por el ambiente. Y es aquí donde entra en juego el estrés.

Directo al sistema inmunitario

En un estudio publicado por el equipo de la doctora Thames en 2019, se demuestra que una de las consecuencias del racismo es promover la expresión de genes implicados en la inflamación.

Concretamente, hallaron que estos genes se expresan más en lo negros que en los blancos. En el estudio participaron personas pertenecientes a ambos grupos, todas ellas con un mismo nivel socioeconómico. Por lo tanto, se podía descartar la posibilidad de que un ambiente desfavorecido económicamente fuera el responsable del resultado.

Por otro lado, los autores del estudio se apoyaron en otra investigación, llevada a cabo en 2016, en la que se demostraba que la soledad y otras situaciones desasosegantes influyen sobre la expresión de genes. Concretamente, encontró diferencias en los implicados en la inmunidad innata, que nos ayuda a combatir infecciones con las que nunca hemos lidiado.

Los procesos inflamatorios están implicados en el desarrollo de un amplio abanico de enfermedades, por lo que ambos factores pueden afectar muy negativamente a la salud de las personas negras.

Clay Banks (Unsplash)

Consecuencias del racismo en el cerebro

Numerosas investigaciones han demostrado que el estrés crónico altera la función de ciertas regiones cerebrales, como el hipocampo. Esto puede desencadenar la aparición de demencias, como la desarrollada con el alzhéimer.

Pero esta no es la única consecuencia a nivel cerebral. Por ejemplo, se ha comprobado que el hecho de que una persona negra deba señalar cuál es su raza antes de la realización de un examen puede interferir en el desempeño del mismo. Esto se debe a que son conscientes de que esta pregunta se apoya en estereotipos y prejuicios que podrían afectar a sus calificaciones.

Racismo y coronavirus

Las consecuencias del racismo empiezan cuando una persona ve dificultades en actividades muy cotidianas por el simple color de su piel.

Por ejemplo, en una encuesta realizada a población afroamericana en Estados Unidos, el 45% de ellos aseguró haber tenido problemas para encontrar una casa y recibir atención médica. Esto, lógicamente, también afecta a su salud, tanto directa como indirectamente.

Ya de por sí parece ser que son propensos a contraer multitud de enfermedades. Si, además, tienen problemas para acceder a la sanidad, su situación puede empeorar aún más.

Con el caso del coronavirus, se ha observado que este sector de la población estadounidense tiene mayor probabilidad de desarrollar complicaciones. No está claro cuáles son las causas. No obstante, los expertos reconocen que puede tener que ver con factores socioculturales; como, precisamente, la falta de atención médica.

También se sabe que los procesos inflamatorios excesivos están relacionados con la mortalidad por SARS-CoV-2. Si ellos, a causa de la discriminación que sufren, tienen más posibilidades de expresar genes proinflamatorios, podrían tener un peor pronóstico de la enfermedad.

Todo esto son teorías, por supuesto. Sobre el coronavirus tenemos aún mucho que estudiar. Y también sobre las consecuencias del racismo para la salud. Pero lo que sí está claro es que nosotros mismo podemos ser nuestro peor virus y que los prejuicios y los estereotipos pueden ser más mortales que muchas enfermedades. Por desgracia, llevamos sufriendo olas de racismo durante siglos y, de momento, no hay ninguna vacuna que las frene. Desde luego, prestarle la atención que merece debería ser una prioridad.

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