La primera vez que Jorge se subió a un avión tenía 8 años y para él fue como estar en una película de ciencia ficción. Quería saber cómo volaba ese aparato, por qué las alas no se movían como las de los pájaros. En ese momento supo que quería dedicarse a fabricar aviones, que los aviones serían su vida. Muchos años después, ya como ingeniero, Jorge volvió a recordar esa sensación que tuvo con 8 años y se subió por primera vez a un avión. Fue cuando voló por primera vez en un Airbus A380. El avión de pasajeros más grande del mundo, un monstruo aéreo que llegó para revolucionar el mundo de la aviación. Y por un momento todo indicaba que iba a hacerlo. Pero el superjumbo se quedará en un hueco de la memoria, en un lo que pudo ser y al final no fue, aunque no haya sido por no intentarlo.

Los 600 asientos de este avión de dos plantas, 73 metros y 24 metros de altura tienen los días contados. Airbus dio la noticia de una muerte anunciada el año pasado, cuando informó que se paraba la producción de su joya de la corona, aunque se seguirán entregando unidades hasta el año que viene. Una manera de despedirse poco a poco. Air France acabó de enterrar en vida al A380 con su decisión de despedirse finalmente de la que también fue al principio la niña de sus ojos. Pero no todo dura para siempre, y menos llega si una pandemia para tirarlo todo por los aires.

«Durante mucho tiempo, el A380 es y seguirá siendo el avión ‘preferido’ por los pasajeros, a los que les encanta su espacio, comodidad, silencio y estabilidad en el vuelo». Airbus nos cuenta que no tiene dudas de que su apuesta dejará una huella importante. Y una cosa es cierta: pocos aviones han causado tanto revuelo como el más grande del mundo. «Cena a la carta, champagne Veuve Clicquot, un bar al fondo de la cabina donde el pasaje se toma un vino y unas aceitunas, como si estuviera en un bar en tierra». Nach escribió esta opinión en Tripadvisor. Otra usuaria, Vega, reconoció que hacía mucho tiempo que no sentía nervios antes de subirse a un avión. No es para menos.

El lujo está en el aire

En enero de 2005 los presidentes de Alemania, España, Francia y Gran Bretaña llegaron al edificio de Toulouse que fue construido especialmente para montar el monstruo aéreo. Meses después, en abril, despegó el primer vuelo con el piloto Jacques Rosay, que lo definió como un «paseo en bicicleta». Una bicicleta de 560.000 kilogramos.

Para los pasajeros, en cambio, esta «bicicleta» es la vuelta al lujo en los aviones, volver a sentir emoción al subirse en uno de ellos. En los años 50, la aerolínea Panam era la encargada de llevar el lujo a los cielos, cuando volar todavía era una novedad al alcance de pocos. Menús cocinados a conciencia, las mejores bebidas y un servicio exclusivo. Las empresas low-cost democratizaron los vuelos en avión pero también acabaron con la opulencia y grandiosidad a más de 12.000 metros de altura.

El A380 lo recuperó, aunque sea solo para la clase business. La barra de bar con un camarero al otro lado para prepararte un cóctel ha sido una de las imágenes que quedarán para el recuerdo. Pero el A380 consiguió traspasar las barreras del confort para los pasajeros. En aerolíneas como Etihad y Emirates, los pasajeros de primera clase pueden pasar un viaje transatlántico en una mini-suite. Un baño, un salón, un despacho y una pantalla de televisión. Antes de aterrizar, hasta te puedes refrescar en las cabinas de spa o ducha. Las dos aerolíneas tienen además productos de belleza de lujo de marcas como Bulgari.

El superjumbo también conquistó por estos detalles. Al principio su grandiosidad puede resultar apabullante, pero en el fondo marca la diferencia por las pequeñas particularidades. También en clase económica. Las ventanas son más grandes para que entre más luz natural y el avión es también uno de los más silenciosos. El aire se recicla cada dos minutos para que se mantenga un ambiente fresco y los pasajeros llegan mucho mejor a su destino. La iluminación también es importante. El A380 utiliza tecnología LED inteligente que enciende una luz sutil cuando amanece y algunas aerolíneas tienen hasta estrellas iluminadas en el techo de la cabina.

Todos los pasajeros del A380 salían felices después de un vuelo transatlántico. Lo que ha convertido al avión en uno de los más conocidos y famosos del mundo porque consiguió romper paradigmas. Podríamos decir que el A380 será uno de los capítulos importantes de la historia de la aviación. Entonces ¿qué falló? ¿Por qué tenemos que despedirnos del avión más grande del mundo?

En el A380, todo es a lo grande

Tenemos que empezar por el tamaño porque, en este caso, sí importa. En los años 90, el transporte aéreo tuvo su mayor incremento y, en esos años, el transporte masivo crecía entre los HUB, explicó Airbus a Hipertextual. «Solo Boeing ofrecía un avión muy grande VLA (Very Large Aircraft), el 747. Como Boeing estaba solo en este segmento, pudo mantener precios altos y hacer dumping en los mercados de aeronaves más pequeñas donde competía con Airbus».

La multinacional, como respuesta, tuvo que ofrecer un producto estrella para poder ser el gran competidor de Boeing. Y así surgió la idea del A380. Airbus reconoce que fue un desafío tanto para ellos como para los dos fabricantes de motores, Engine Alliance y Rolls Royce. De hecho, el lanzamiento del avión se retrasó por problemas técnicos.

«Tuvimos que imaginar el avión y al mismo tiempo construir nuevas plantas de producción de su tamaño y un nuevo sistema para transportar las secciones a Toulouse, su línea de montaje final».

Aquí llegamos a uno de los retos del avión de pasajeros más grandes del mundo. La mayoría de aeropuertos no contaban con la infraestructura para poder operar con una aeronave de estas dimensiones y las inversiones fueron considerables. Air France se llevó la palma y destinó cerca de 200 millones de euros para poder asimilar el tamaño del A380. Además de los costes diarios de elevar al cielo un avión de tal tamaño.

La inversión no fue lo fructífero que esperaban y la aerolínea francesa ya tenía en mente dejar de explotar el modelo de Airbus. La crisis del coronavirus hizo el resto. Air France-KLM anunció que la retirada del A380, prevista para 2022, se adelantaba dentro de la estrategia de simplificación de flota del grupo, para que sea más competitiva. «Y continuar su transformación en aparatos más modernos y de alto rendimiento y una significativa reducción de la huella medioambiental», informó la compañía en un comunicado.

Los diez aviones de la aerolínea se reemplazarán por A350 y el Boeing 787, cuyas entregas siguen en curso. Aviones más pequeños y que evidencian el cambio de estrategia de la aerolínea. Un cambio para Air France con consecuencias económicas.

«El impacto global de la retirada del Airbus A380 se estima en 500 millones de euros y se contabilizará en el segundo trimestre de 2020 como coste/gasto no corriente».

La empresa no ha dado más detalles sobre las secuelas de estas pérdidas. Tampoco las dio en su momento Emirates, que era en 2018 el principal cliente del A380 pero que decidió encargar otros modelos a Airbus. La consecuencia fue el parón de la producción, lo que supuso el fin de una batalla contra Boeing y su 747. Una batalla que tuvo supuso para Airbus un presupuesto de cerca 8.000 millones de euros. Un gasto enfocado no solamente en posicionarse empresarialmente, sino en responder a esa creciente demanda en el transporte aéreo. Y aquí es donde llegamos al meollo del problema que ha acabado enterrando definitivamente la mayor apuesta de Airbus.

Un pálpito fallido

Como la mayoría de apuestas en el mercado, la estrategia de aviones de gran tamaño como el de Airbus estaba basada en un vaticinio. El pálpito de que llegaría el día en el que las grandes capitales europeas concentrarán el mayor flujo de pasajeros y que estas serían los puntos de encuentro para todos aquellos que quisieran cruzar el charco. París, Londres, Frankfurt se perfilaban como los epicentros de la aviación. Para poder afrontar el gran número de viajeros, los grandes aviones como el A380 eran perfectos.

¿El objetivo? Crear un HUB que agruparía los vuelos con cerca de 500 o 600 pasajeros que caben en el A380. Por desgracia para Airbus y para las aerolíneas que apostaron por este modelo de transporte aéreo, la teoría no funcionó en la práctica. Si hay una conexión directa desde la ciudad de origen hasta el destino, los viajeros escogen esta opción para así evitarse una escala.

Por otro lado, los precios de los vuelos low-cost se elevan si el avión es el más grande del mundo. Y no nos engañemos: viajar en el A380 es una experiencia única, sobre todo en primera clase, un lujo que no todos los viajeros pueden permitirse, mientras que muchos prefieren viajar en un avión más pequeño, desde su ciudad, y a un precio más reducido. La propia Airbus ha admitido en el pasado que el superjumbo lo tiene difícil para triunfar en un mercado que busca cada día más aviones pequeños y que sean más eficientes en el consumo de energía.

La revolución eterna del A380

Los problemas ya estaban identificados y se veía el final del A380. Pero faltaba la declaración de su muerte. De ello se ha encargado el coronavirus, que ha tambaleado a todo el sector de la aviación. Además de declaraciones como las del CEO de Emirates, Tim Clark. «El A380 está acabado». Lo demás, será historia.

Todavía podemos subir a un A380. Podemos hasta dormir en una cama mientras vemos una película en una televisión en los pequeños apartamentos. Ducharnos y secarnos con toallas. Y pedir un cóctel en la barra del bar. Lo que nunca nos podríamos haber imaginado que haríamos en un avión y a miles de kilómetros de altura. Pero estos lujos llevan detrás una estrategia global que acabó no siendo efectiva. En un momento en el que se está buscando un consumo cada vez más eficiente dentro de la lucha contra el cambio climático, los aviones de gran tamaño se quedan atrás en la cadena de prioridades.

Pero será difícil de olvidar el impacto que ha tenido el A380 en el mundo de la aviación, la revolución que causó y el cambio de paradigma que supuso para el sector. Todavía habrá vuelos con el «monstruo aéreo» y, hasta el último aterrizaje, el A380 sigue prometiendo no dejar indiferente a nadie. Como no lo fue para Jorge cuando volvió a sentir esa emoción al subirse por primera vez y como no lo será tampoco para todos aquellos que vuelen en un avión que, más allá de su final, ha hecho historia.

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