«¡Este será un gran día para las redes sociales y la JUSTICIA!», anunciaba Donald Trump a primera hora de este jueves en su perfil de Twitter. La misma red social que ha desencadenado la firma de una orden ejecutiva para limitar la inmunidad de la que estas plataformas disponen a la hora de moderar su contenido.

El presidente estadounidense montaba en cólera el pasado martes después de que la empresa de Jack Dorsey etiquetase varios tweets suyos como «potencialmente engañosos». Una acción interpretada por parte del mandatario como un ataque a la libertad de expresión, según apostillaba luego por el mismo medio.

«Twitter está reprimiendo completamente la LIBERTAD DE EXPRESIÓN, y yo, como Presidente, ¡no permitiré que suceda!»

Las publicaciones en cuestión se referían a la implantación del voto por correo masivo de cara a las elecciones presidenciales del próximo mes de noviembre, tachando el método de «fraudulento».

En el mismo marco, acusaba a Twitter de estar interfiriendo en los comicios de 2020 y aseguraba que «no permitiría» que eso sucediera. Unas palabras que se traducen en la orden hoy firmaba, la cual pretende regular las normas de neutralidad seguidas por las redes sociales.

La Sección 230

En el documento, titulado «Previniendo la censura online», Trump plasma que las plataformas de contenido online están censurando contenido de manera «selectiva». Expone que este tipo de acciones, así como la eventual eliminación de cuentas, se producen en muchos casos sin ninguna explicación ni justificación.

Además, acusa a Twitter, Facebook y Google, por ejemplo, de colaborar con el Gobierno chino en la creación de motores de búsqueda y aceptar dinero para distribuir su propaganda.

Toda la orden se encuentra enfocada hacia la solicitud de la revisión de la Sección 230. Este es un apartado legislativo que exime a las plataformas de cualquier responsabilidad legal sobre contenido que publiquen terceros en ellas, además de dotar de libertad de moderación sobre el mismo. El documento, sin embargo, aclara también que la moderación ha de realizarse «de buena fe», suprimiendo –si procede– el contenido perjudicial para la misma.

Trump considera, sin embargo, que este no es el caso de los movimientos de algunas redes sociales, que esconden cierta intencionalidad tras sus decisiones. Este rol editorial y de control del discurso retiraría los derechos sobre la citada inmunidad.

De este modo, el presidente solicita a la Comisión Federal de Comunicaciones de Estados Unidos (FCC) que revise las situaciones en las que las redes sociales y otras plataformas obran «no obran de buena fe» al moderar su contenido.

Endurecimiento de las normas

Junto a lo anterior, desde el Ejecutivo se prohíbe que los organisms públicos realicen cualquier inversión en publicidad en las redes sociales que incumplan los principios de libertad de expresión. Además, se reinstaurará la Herramienta de informes de sesgo tecnológico de la Casa Blanca.

Esta podrá ser utilizada por los ciudadanos para denunciar las acciones de censura online de las que sean testigos. Las mismas serán remitidas a un grupo de trabajo que se encargará de darles seguimiento.

Aunque aún no están claras las posibilidades de hacer esto una realidad a través de una orden ejecutiva, sienta los precedentes de lo que parece ya una lucha abierta de Trump contra las plataformas online en los meses previos a las elecciones de 2020. Es importante recordar que la inacción de estas marcó en gran medida las de 2016, donde resultó elegido.

Jack Dorsey, CEO de Twitter, se desmarcaba en las pasadas horas de las acusaciones. El responsable de la plataforma expresaba que ellos no son «árbitros de la verdad» y que solo buscan aportar más contexto en las publicaciones susceptibles de controversia.

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