Ya no quedan territorios de España en fase 0. Las pocas regiones que aún no habían logrado pasar de esa etapa inicial estrenan hoy la ansiada fase 1, mientras que buena parte del país ha entrado ya de lleno en la 2. Como es lógico, los establecimientos que poco a poco abren sus puertas deben hacerlo con la mayor cantidad posible de medidas de seguridad. Sin embargo, aunque todos lo hacen con la mejor de las intenciones, algunos no optan por los métodos más adecuados. Es el caso de un restaurante de Alicante, que ha colocado a su entrada un túnel que “desinfecta” a la clientela, a través de agua con ozono y luz ultravioleta contra el coronavirus.

La iniciativa es sin duda interesante; ya que, de ser efectiva, daría mucha seguridad a las personas que entren en él. Por desgracia, tanto un método como el otro obedecen al mismo dilema: o la dosis no es suficiente para combatir al SARS-COV-2, o se pone a los clientes en peligro.

Los sobrevalorados poderes del ozono

A pesar de la mala interpretación que se hizo recientemente de los mensajes de la OMS, los estudios publicados hasta el momento apuntan a que una de las principales vías de contagio del coronavirus es el contacto de superficies contaminadas.

Esto convierte a la desinfección de las mismas en una medida esencial para evitar su expansión. Se ha comprobado que algunas sustancias comunes, como la lejía o el alcohol, tienen una gran eficacia. No obstante, en muchos establecimientos se ha optado por el uso del ozono. Este gas, que también se puede usar mezclado con agua, es un desinfectante ampliamente conocido, ya que se ha comprobado su efecto contra numerosos patógenos, gracias a su poder oxidante.

Desgraciadamente, esa misma capacidad lo convierte también en una sustancia muy tóxica, que puede causar serios problemas en el sistema respiratorio humano. Además, no cuenta con el correspondiente certificado de la Unión Europea como sustancia apta para la eliminación del SARS-CoV-2. Esto supone que no cuenta con las medidas de precaución precisas en su etiquetado.

Por eso, el Ministerio de Sanidad emitió recientemente un informe en el que se exponían las directrices que se deben llevar a cabo para su correcto uso. Entre ellas, destacaba que las personas que lo administren deben llevar un equipamiento de protección adecuado para no sufrir una intoxicación. Esto hace que el hecho de “fumigar” directamente a los clientes con ozono no parezca adecuado.
Podría ser que no haya ningún problema, porque la dosis no llegue a ser tóxica para el ser humano. De hecho, es lo más probable en establecimientos de hostelería y comercios. No obstante, si el caso fuera ese, tampoco tendría ninguna utilidad frente al coronavirus, dadas las evidencias actuales.

Luz ultravioleta contra el coronavirus, un timo emergente

Otro tema muy hablado y cuestionado últimamente es el uso de las lámparas de luz ultravioleta contra el coronavirus. Las hay incluso que defienden dejar cualquier objeto desinfectado en solo unos pocos segundos.

Estamos de nuevo ante medidas ineficaces, principalmente por dos razones. Para empezar, la luz ultravioleta que ha mostrado ser más efectiva frente a coronavirus y otros patógenos virales es la UVC. Esta es mucho más cancerígena que la A y la B, además de ser muy peligrosa para la vista. No obstante, no supone un peligro cuando tomamos el sol, ya que es absorbida por la capa de ozono y no llega hasta la superficie terrestre.

En cambio, si nos expusiéramos directamente a ella de forma artificial, como podría ser con una de estas lámparas, estaríamos poniendo nuestra salud en peligro.

Por otro lado es necesario tener en cuenta el tiempo de exposición. En declaraciones a Maldita Ciencia, el virólogo Pepe Alcamí explicaba recientemente que este tipo de luz se usa habitualmente para esterilizar cabinas de cultivo en laboratorios especializadas. Sin embargo, para ello es necesario exponerlas a la luz UVC durante dos horas. Si no, no se logra una desinfección adecuada.

Se entiende que en un túnel como el instalado por este restaurante los clientes no permanecerían más allá de unos segundos, por lo que no se lograría el efecto deseado.

Por lo tanto, ni el ozono ni la luz ultravioleta contra el coronavirus parecen ofrecer realmente lo que prometen. Por simple que parezca, ante el SARS-CoV-2 las únicas estrategias adecuadas para combatirlo a pie de calle son el lavado de manos, la desinfección de superficies con lejía o alcohol, las mascarillas y, por supuesto, la distancia. Nunca dos metros habían salvado tantas vidas.