Dadas las últimas investigaciones sobre el papel de los asintomáticos en la transmisión del coronavirus, tanto la OMS como las autoridades sanitarias de muchos de los países afectados, entre ellos España, han decidido unirse a la recomendación del uso generalizado de mascarillas. El objetivo no es la protección individual de quien la lleva, sino más bien evitar que nosotros mismos, en caso de tener la enfermedad y no saberlo, se la contagiemos a otras personas.

Lógicamente, la prioridad es que las mascarillas que está comprando el gobierno vayan hacia los profesionales sanitarios, por ser ellos nuestra primera línea de defensa frente al SARS-CoV-2. Por eso, si la población no dispone de estos elementos de protección en sus casas, no queda otra que recurrir a las opciones de fabricación casera, aunque no ofrezcan una protección óptima. Por eso, algunas instituciones, como el Ministerio de Industria, Comercio y Turismo de España o el Centro para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos han emitido sus propias guías en las que explican cuáles son las técnicas y los materiales óptimos para su fabricación.

¿Cuál es el mejor material?

En el caso el Ministerio de Industria, la recomendación es recurrir a algo conocido como tejido no tejido. Este es un material compuesto por un 50% de viscosa y un 50% de poliéster, muy usado en la fabricación de pañales o gasas para curas, por su gran capacidad de absorción.

No solo se recomienda este tejido por constar de un entramado que impediría el paso de la gran mayoría de las gotículas que contienen el virus, sino también porque se sabe que es un material biocompatible con la piel sana y, por lo tanto, podría utilizarse sin temer posibles daños derivados de un uso prolongado.

En este documento se nombran también varios proveedores de tejidos que cuentan en estos momentos con stock de material para abastecer a quien lo necesite. ¿Pero qué pasa con otros materiales más cotidianos?

En el caso del CDC, su guía recomienda la fabricación de las mascarillas con otros materiales más fáciles de encontrar por casa.

Concretamente, se aconseja la utilización de telas o camisetas de algodón, a los que, para una mayor protección, se puede añadir un filtro de café en la parte interior.

Finalmente, también es posible que durante estos días hayamos visto en redes sociales un esquema sobre la efectividad de varios materiales de uso cotidiano, desde un filtro para aspiradoras hasta una bufanda.

Esos datos, procedentes de un estudio llevado a cabo en 2013, miden la efectividad frente al paso de partículas menores de 0.02 micras. Las gotículas en las que viaja el virus, conocidas como gotitas de Flügge, tienen un tamaño mucho mayor, de unas 5 micras, por lo que esa eficacia sería más elevada de lo que rezan dichos porcentajes.

Lógicamente, nada de esto es tan efectivo como una mascarilla N95, pero precisamente por eso, su distribución, mientras escasee, debe ir directamente a los hospitales, pues son sus trabajadores los que nos ayudarán si nosotros finalmente enfermamos.

Sea como sea, siempre debemos recordar que, tanto si la mascarilla es casera, como si no, no deja de ser un complemento a todo lo que ya sabemos: distancia de seguridad, hablar lo mínimo posible, no tocar la cara y, por supuesto, lavado de manos.