Desde que un tercio del planeta se encuentra confinado, la atmósfera está más limpia e incluso muchos animales disfrutan de la tranquilidad de tener las calles prácticamente solo para ellos. Si salimos de casa podemos ver que se respira una sensación extrañamente tranquila, muy diferente a cualquier cosa que hayamos vivido antes.

Pero no es solo una sensación. Esa tranquilidad la registran también los sismógrafos, que en las últimas semanas han detectado una cantidad mucho menor de algo conocido como ruido sísmico antropogénico, generándose así una situación perfecta para que los geólogos puedan analizar a fondo los temblores naturales de la Tierra.

Un planeta tranquilo

Cuando miles de trabajadores se encaminan en hora punta hacia sus respectivos lugares de trabajo, el mundo se estremece un poquito bajo el asfalto.

También lo hace durante nuestros momentos de ocio. En diciembre de 2011, por ejemplo, dos estaciones sísmicas neozelandesas registraron temblores similares a los de una erupción volcánica. Pero en realidad no era este el origen del fenómeno, sino un concierto de Foo Fighters, durante el que la Tierra vibró al ritmo de saltos de fans enfervorecidos y bafles. Años después, en 2017, un sismógrafo del Instituto de Ciencias de la Tierra Jaume Almera (ICTJA-CSIC), ubicado a unos 500 metros del Camp Nou, detectó seis leves señales sísmicas, una por cada uno de los goles que llevaron al Barça a remontar frente al PSG durante la vuelta de un partido de la UEFA Champions League.

Los seres humanos estamos continuamente generando pequeños temblores, ya sea por nuestra premura de camino hacia el trabajo o por nuestra felicidad ante un concierto de nuestro grupo favorito o un emocionante partido de fútbol. Sin embargo, ahora permanecemos en nuestras casas. La hora punta se ha convertido en un paseo de la cocina al escritorio, café en mano, los eventos deportivos han quedado interrumpidos hasta nueva orden y los conciertos musicales se ven por Instagram, desde la comodidad de nuestro sofá. La Tierra ya casi no tiembla por nuestra causa, pero no ha variado en lo correspondiente a fenómenos naturales.

Lo han comprobado en sismógrafos ubicados en ciudades de todo el mundo, desde Auckland hasta Los Ángeles, pasando por Londres y Bruselas. Muchos expertos han compartido estos anómalos resultados en sus redes sociales, mostrando otro de los efectos pocos conocidos de esta cuarentena. Lo hacen por lo curioso de la situación, pero también para recordar que esto supone una gran ventaja para quienes se dedican a la sismología; ya que, por fin, podrán estudiar hasta el más mínimo temblor terrestre generado por causas naturales. Hasta ahora, muchos de ellos quedaban eclipsados por las vibraciones resultantes de la actividad humana. Ha llegado el momento de detectarlos.

Sin duda, estamos viviendo una situación sin precedentes, que permitirá la publicación de un gran número de investigaciones científicas. Lógicamente, muchas de ellas estarán relacionadas con la virología, pero también proliferarán las de otras disciplinas que se han visto alteradas por la pandemia. La geología, por supuesto, es una de ellas.