La nueva plataforma de streaming tiene su esencia en el propio nombre, formado de la unión de Quick Bites (bocados rápidos, en inglés), anticipando lo que nos espera accediendo a su interior: series y programas cuyos episodios tienen una duración de unos 8 minutos. Rápidos, concisos, como dictan los estándares de la ajetreada vida moderna de millones de personas alrededor del globo.

Y no solo eso, también están pensados para poder ser vistos tanto en vertical como en horizontal. Con una simple rotación del teléfono, la vista se adaptará para mostrar la imagen adecuada al formato, extremadamente adecuado si se tiene en cuenta que es más cómodo sostener el dispositivo en su orientación primaria, y que esta puede ser más adecuada en situaciones donde sostener el smartphone con las dos manos no es opción, como cuando uno se halla viajando en transporte público.

Ejes sobre los que pivota Quibi y que en su simpleza encuentran también su gran fortaleza, pues no todo iba a ser billetera para intentar dar una dentada al –muy– solicitado mercado del streaming. Y más vale ponerse creativos si se quiere despuntar entre las ampliamente variadas proposiciones que trufan el campo virtual.

Smartphones hasta donde alcanza la vista

Que los smartphones son el dispositivo por defecto en la vida de miles de personas alrededor de la Tierra es un hecho irrefutable en pleno 2020. Con un crecimiento incesante a lo largo de los años, es una de las herramientas que se han tornado imprescindibles para finalidades que van mucho más allá de la mera comunicación, pretexto primigenio de los teléfonos móviles.

Avasallados por lo multimedia y las redes sociales, estos han tornado de manera evidente hacia el consumo de contenido multimedia. Pantallas más grandes, mejores, despejadas de cualquier interferencia visual, mejor calidad de sonido, altavoces estéreo y otros añadidos que han hecho al dispositivo que uno lleva siempre consigo el mejor compañero para ver fotos en Instagram, vídeos en YouTube y, sí, también series y películas en Netflix –por mucho que Marin Scorsese desaconseje esto último–.

¿Recuerdas cuando podías usar el móvil con una sola mano?

Así las cosas, es imposible obviar el enorme potencial que tienen los smartphones para convertirse en aparatos todavía más utilizados, si cabe, en el consumo de productos audiovisuales de la más diversa catadura en los tiempos venideros. No siempre se está cerca de un televisor, tablet u ordenador portátil, pero rara será la ocasión en la que uno no cuente con un teléfono móvil al alcance de la mano. Dado que los requisitos para poder reproducir vídeo son los mínimos posibles, radicando más la capacidad en la conexión a internet que en las propias especificaciones del terminal, las facilidades no podían ser mayores.

La incógnita que tiene que despejar Quibi es si este formato resulta, a largo plazo, lo suficientemente atractivo como para generar suscripciones y rivalizar contra los principales actores que dominan el mercado a día de hoy. Aunque ronde los dos millones de suscritos tras poco más de una semana desde su lanzamiento, no han de obviarse los 90 días iniciales de uso gratuito que dispensa la plataforma como incentivo que motive a abrirse una cuenta sin compromiso alguno.

Un formato que funciona, según qué ocasiones

Otros contenedores de creaciones como TikTok, a caballo del formato Stories, han sabido ver bien la facilidad y disposición para el consumo de vídeo en vertical. Quibi lo quiere replicar, en su campo, con una propuesta interesante que funciona, dentro de sus aparentes límites.

El formato vertical implica ciertos compromisos en términos visuales, porque las producciones continúan estando pensadas, mayoritariamente, para mostrar el conjunto de la composición en horizontal. De este modo, si vemos la serie o película haciendo uso de dicha disposición, estaremos perdiéndonos de manera constante elementos que quedan fuera de plano, aunque la acción principal sí que aparezca en pantalla.

Vista horizontal y vertical de ‘The Most Dangerous Game’, con evidentes pérdidas de contenido en la segunda.

Hay algunos usos en los que se intuye útil y mejor integrado en la narrativa, como la que se da en uno de los episodios de la serie Flipped, donde los dos protagonistas se encuentran grabando un vídeo con su smartphone en vertical. En este caso, mientras que la cinta en horizontal muestra tanto a la pareja como al teléfono, si rotamos nuestro dispositivo veremos que la imagen mostrada es la que se encuentra recogiendo el propio móvil, ofreciendo un ángulo, sonido y color distintos. Es en estos casos donde las características inherentes a Quibi pueden jugar a favor y ofrecer algo más que un simple recorte del metraje original.

Mismo fotograma de ‘Flipped’ en horizontal y vertical, mostrando en esta última la vista de la grabación del smartphone.

Sin embargo, más allá de la disposición de la imagen, lo que puede marcar la diferencia en mayor grado es, quizá, la duración de los episodios. El uso del smartphone enfocado en el consumo audiovisual se entiende, sobre todo, en lapsos de tiempo reducido. Tanto por comodidad como por autonomía –las baterías continúan teniendo unos límites que no permiten demasiados excesos, especialmente cuando se habla de reproducción de vídeo–, es poco probable que el usuario medio vaya a ver las tres horas y media de The Irishman de una sentada, y menos aún que lo haga de manera recurrente con otras películas o series.

Así pues, la construcción de una narrativa alrededor de los episodios de corta duración se antoja ciertamente atractiva para su consumo en dispositivos móviles, aunque en ocasiones esto también pueda ser un impedimento. En el caso de 50 States of Fright, la primera obra de Sam Raimi para la plataforma, por ejemplo, las constricciones constituyen un problema a la hora de dar pie a un desarrollo mesurado de la evolución de los personajes durante los episodios y ayudar, así, a justificar de sus acciones.

Imagen: Luis del Barco.

La propuesta que deja sobre la mesa Quibi encaja dentro lo que uno puede esperar en el contexto del consumo audiovisual en plataformas móviles, no siendo tan rara y percibiéndose menos extraña en su uso de lo que pudiera parecer en un principio, tras asumir que contraviene algunas de las normas asentadas en lo que a creación de series y películas se refiere. Si es o no suficiente para mantener el interés del respetable a largo plazo, y si consigue plantearse como una alternativa a las gigantes del sector, será algo que veamos en los meses venideros.

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