Siempre es una alegría que la oferta de cine y de plataformas para disfrutarlo se expanda un poco más, y es precisamente lo que los cinéfilos inmunes a la saturación sentimos con la llegada de Disney Plus, el pasado 24 de marzo, en nuestras conexiones y pantallas particulares. No ha tardado mucho en cruzar el charco desde que se lanzó en los Estados Unidos y Canadá el 12 de noviembre de 2019, y entre toda su oferta de películas, más de 500, hemos escogido dieciocho inolvidables con las que puedes hacer un buen maratón para revivir sus emociones e inundarte de nostalgia.

Imposibles de olvidar son las divertidísimas escenas con el Sombrerero Loco y la Liebre Chiflada en Alicia en el País de las Maravillas (Clyde Geronimi, Hamilton Luske y Wilfred Jackson, 1951), y pocos no recordarán los encantadores números musicales de Mary Poppins (Robert Stevenson, 1964) con el incombustible Dick van Dyke. Como los mágicos de La bruja novata (Stevenson, 1971) y las tiendas de Portobello Road, o la competición de arquería y las tontadas de los buitres Tiro Listo y Lelo en la animada Robin Hood (Wolfgang Reitherman, 1973) con el lobuno e infame sheriff de Nottingham.

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O al famoso Volkswagen Escarabajo con el número cincuenta y tres persiguiendo al vil constructor Alonzo Hawk (Keenan Wynn), que hasta tenía pesadillas con tan puñetero vehículo consciente, entre la espuma de su despacho en Herbie, un volante loco (Stevenson, 1974); y la oscura aventura animada de Los rescatadores (Reitherman, John Lounsbery y Art Stevens, 1977), tan distinta en su tono a la del simpático escupefuego invisible de Pedro y el dragón Elliot (Don Chaffey, 1977) o de la comedia Un, dos, tres... Splash (Ron Howard, 1984), con otro ser mitológico incluido.

Tampoco la brillante banda sonora de Henry Mancini para musicalizar las imaginativas pesquisas del Sharlock Holmes de los roedores en Basil, el ratón superdetective (John Musker, Ron Clements, Burny Mattinson y David Michener, 1986); ni las diminutas correrías de Cariño, he encogido a los niños (Joe Johnston, 1989), con el científico Wayne Szalinski (Rick Moranis) colgado de su propio tendedero, o las agigantadas de Cariño, he agrandado al niño (Randal Kleiser, 1992), con Adam Szalinski (Daniel y Joshua Shalikar), el extraordinario bebé que se negaba a dormir la siesta.

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Y qué risas nos echamos con las trastadas de Kevin McCasllister (Macaulay Culkin) en Solo en casa (Chris Columbus, 1990) contra Harry (Joe Pesci) y Marv (Daniel Stern), los dos sufridos ladrones con los que se vuelve a cruzar en Solo en casa 2: Perdido en Nueva York (Columbus, 1992), que contiene la escena más despepitante de ambos filmes en la repetición del engaño con la peli sobre un gánster chiflado (Ralph Foody); o con el graciosísimo genio de Aladdin (Musker y Clements, 1992), al que dobló el añorado Robin Williams en la versión original y nuestro Josema Yuste en la española.

Y nunca las habitantes de un convento habían sido tan cómicas como en Sister Act: Una monja de cuidado (Emile Ardolino, 1992), ni unos personajes de plastilina animada con stop motion tan absolutamente cautivadores como en Pesadilla antes de Navidad (Henry Selick, 1993), cuya partitura tan vez sea la más inspirada todas las que ha compuesto Danny Elfman. Y hablando de Robin Williams, ¿a quién no consigue arrancarle auténticas carcajadas en Señora Doubtfire, papá de por vida (Columbus, 1993)? ¿Y quién no sufre con las desventuras de El rey león (Rob Minkoff y Roger Allers, 1994)? Quizá es buen momento para rememorar lo que experimentamos con estas películas.

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