En las últimas 24 horas, algunos medios de comunicación han lanzado la noticia de que la nicotina podría ser eficaz en el tratamiento de la COVID-19 y que, además, este es un hallazgo nacido después de comprobar el bajo índice de fumadores entre los pacientes ingresados en un hospital de París con motivo de la enfermedad.

Esta es una excusa perfecta para esas personas que buscan cualquier motivo para justificar su necesidad de fumar a pesar de la amenaza de una pandemia causada por un virus respiratorio. Sin embargo, es importante interpretar la información con cautela por numerosas razones, siendo la primordial el hecho de que cada año mueren en el mundo más de 8 millones de personas a causa de este mal hábito.

Nicotina y coronavirus, una hipótesis sin confirmar

Esta reciente noticia nace de una investigación que comenzó en el hospital La Pitié-Salpêtrière, de París, después de que algunos de sus médicos comprobaran la baja incidencia de casos graves de coronavirus entre fumadores.

Ni en su centro, ni tampoco en los psiquiátricos y las prisiones, donde la incidencia de tabaquismo suele ser muy elevada, parecía haber una proporción alta de enfermos, y mucho menos en los que los síntomas llegaran a complicarse.

Esto les hizo pensar que algún componente de los cigarrillos estuviese actuando como protector frente al SARS-CoV-2, pero sería necesaria más investigación para corroborarlo. Por eso, reclutaron a 480 pacientes de COVID-19, 350 ingresados y 130 con síntomas leves. Al entrevistarlos sobre sus hábitos de consumo de tabaco y dividirlos en grupos de sexo y edad, se llegó a la conclusión de que, efectivamente, solo un 5% de ellos eran fumadores.

Las razones no estaban claras; pero, según los autores del estudio, podría deberse a que la nicotina bloquee la entrada del virus en las células, dificultando la infección.

Revisión por pares: ¿por qué no debes creer todos los estudios preliminares sobre el coronavirus?

Ante esta noticia, el ministerio de sanidad francés ha autorizado que estos científicos sigan adelante con un nuevo estudio, en el que se analizará el papel de los parches de nicotina en la evolución de la enfermedad.

Queda, por lo tanto, mucho que investigar aún al respecto. De hecho, es importante tener en cuenta que el estudio publicado por estos investigadores franceses es un preprint, aún sin revisión por pares, por lo que sus resultados deben considerarse con mucha cautela.

Distinta hipótesis, mismo resultado

A raíz de la publicación de estos resultados, el físico Alberto Nájera ha publicado en su cuenta de Twitter un hilo en el que comparte un estudio llevado a cabo por él y otros científicos de diferentes áreas. Como él mismo advierte, se trata también de un preprint; por lo que, al igual que ocurre con la investigación francesa, no debe tomarse como algo concluyente.

En su caso, también se basan en la observación de una menor incidencia de ingresos entre los fumadores, pero apuntan a otra explicación: el control de una posible respuesta inflamatoria excesiva en el sistema respiratorio.

Debemos tener en cuenta que, si bien nuestro sistema inmunitario es el “ejército” que nos mantiene a salvo del ataque de multitud de patógenos, si se emplea demasiado a fondo en la batalla el resultado puede llegar a ser aún más perjudicial para el organismo.

¿Cómo hace nuestro sistema inmune para recordar una infección durante años?

Esto, entre otros motivos, se debe a algo conocido como tormenta de citoquinas. Estas son un conjunto de proteínas que actúan como reguladores de la inflamación. Son activadas por la liberación de ciertas células inmunitarias, como los neutrófilos o los macrófagos; de modo que si, por alguna razón, estas células se generan en abundancia, la inmensa cantidad de citoquinas producida desencadenará una inflamación extrema, que puede acabar con la vida del organismo en el que se produce. Además, si esto ocurre en los pulmones, el exceso de células inmunitarias puede incluso llegar a producir una obstrucción de las vías respiratorias.

Se sospecha que este fenómeno fue uno de los causantes de la elevada mortalidad de la pandemia de gripe española en 1918 y, según investigaciones recientes, parece ser responsable también de algunas de las complicaciones de la COVID-19.

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Ahora bien, ¿qué tiene que ver la nicotina en todo esto? La respuesta, basada en investigaciones anteriores, está en que esta sustancia podría unirse a los macrófagos, evitando que estos promuevan una liberación excesiva de citoquinas.

Esto es algo que se ha investigado en otras patologías en las que la tormenta de citoquinas juega un papel importante; pero, por supuesto, siempre a través del uso de parches, nunca del consumo directo de tabaco.

El tabaco mata y eso no lo debemos olvidar

Si hay algo que tenemos claro sobre el SARS-CoV-2 a estas alturas es que sus resultados suelen ser mucho más graves en pacientes de edad avanzada o con patologías previas, como los trastornos cardiovasculares o las enfermedades respiratorias.

El tabaco es uno de los principales desencadenantes de cualquiera de estas enfermedades, por lo que está claro que fumar nunca es una buena idea, mucho menos si queremos evitar una enfermedad que ataca con mayor virulencia a estas personas.

El tabaco puede romper tu corazón literalmente

Lo advirtió recientemente la Administración de Drogas y Alimentos de los Estados Unidos (FDA), al asegurar que las personas que fuman cigarrillos pueden tener un mayor riesgo de infección y una peor evolución de la enfermedad.

Además, en la cara opuesta de los estudios anteriores se encuentran aquellos que señalan que fumar puede complicar los síntomas de la infección pro coronavirus. Por ejemplo, es el caso de uno publicado en New England Journal of Medicine, en el que tras analizar la situación de 1.000 enfermos diagnosticados en China se concluye que los consumidores de tabaco tienen una probabilidad mayor de requerir intervenciones médicas intensivas. Concretamente, de los pacientes estudiados, el 12’3% de los fumadores murieron o tuvieron que ser ingresados en la UCI o unidos a ventiladores. Al contrario, estas situaciones solo se dieron en un 4’7% de los no fumadores.

Reproducen la ‘llave’ que desencadena la lucha contra el coronavirus

Por otro lado, otra preimpresión, publicada el pasado 31 de marzo, señala que algunas de las sustancias presentes en los cigarrillos podrían conducir a un aumento de los receptores ACE2, que actúan como “puertas” para la entrada del coronavirus. Como es lógico, si hay más puertas, será más fácil para el SARS-CoV-2 infectar a las células, por lo que esto sería muy perjudicial. De nuevo, al no tratarse de un trabajo revisado por pares, debe verse como una hipótesis, que aún debe ser mucho más estudiada.

En definitiva, hay muchas teorías, con resultados muy diferentes, que deben investigarse más, pero sí que hay algo que toda la investigación llevada a cabo en las últimas décadas demuestra con claridad: fumar mata. Y, por lo tanto, si en algún momento se llegara a demostrar con contundencia el efecto protector de la nicotina esta debería administrarse a través de parches o de cualquier otra forma segura y pautada, pero nunca mediante el consumo de cigarrillos. Al fin y al cabo, puede que sea cierto que los fumadores son en cierto modo más resistentes al virus a causa de la nicotina, pero si ahora no han muerto por el virus es altamente probable que lo hagan en un futuro por cualquiera de las muchas patologías generadas por el tabaco o incluso que en caso de que se produjera una nueva ola de la COVID-19 sus pulmones ya estén demasiado debilitados para resistirla, por muchos “beneficios” que suponga la nicotina.

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