Estos días no paramos de escuchar eso de que la vida y la naturaleza se abren paso, a pesar del coronavirus o gracias a él, según el enfoque desde el que se mire. Numerosas fotos de animales salvajes paseando alegremente por pueblos y ciudades inundas las redes sociales. Algunas son falsas o, simplemente, no suponen ninguna novedad, pero otras sirven como ejemplo de lo bien que le ha venido a otras especies que los humanos pasemos a un segundo plano durante una temporada. Mientras tanto, llegan buenas noticias sobre la disminución de la contaminación en todo el mundo, a causa del parón industrial sufrido en buena parte de los países afectados. Desgraciadamente también hay lugar para las malas noticias que demuestran que, en realidad, el planeta sigue teniendo sus propios problemas, totalmente ajenos a lo que nos ocurra a nosotros. Es el caso del nuevo agujero que se ha abierto en la capa de ozono y que casi pasa desapercibido a causa de la pandemia que nos ocupa.

Por eso, no es extraño que tampoco el fuego haya “decidido” dar una tregua justificada por las circunstancias. Afortunadamente, las lluvias están ralentizando hasta cierto punto el problema, pero la temporada de incendios forestales ya está aquí, con todos los problemas que esto supone. En realidad, muchos más, pues el coronavirus no se lo va a poner fácil a los profesionales que se encargan de apagar las llamas y tampoco a las personas que viven cerca de los focos del fuego.

¿Animales salvajes entrando en las ciudades por la cuarentena?: sí, pero también hay muchas ‘fake news’

Al fuego no le importan las pandemias

Los incendios forestales son un claro problema añadido a la situación de emergencia que se vive en todo el mundo. Ha sido noticia recientemente el caso de los bosques circundantes a la antigua ciudad de Chernóbil, donde el fuego está propiciando un claro aumento de los niveles de radiación de la zona.

El fuego también ha arrasado grandes extensiones de terreno en áreas boscosas de Nicaragua, Venezuela o Estados Unidos, entre otras zonas. Y, por supuesto, España no es una excepción. Llama especialmente la atención el caso de Cantabria, donde se han registrado un total de 146 incendios forestales desde que se inició el estado de alarma. Algunas localidades, como el municipio asturiano de Piloña cuentan con un plan para minimizar posibles daños ocasionados por las llamas, aunque tendrán que esperar hasta que finalice la situación de confinamiento en la que nos encontramos. Pero, entonces, ¿qué se puede hacer si el fuego comienza a extenderse antes de que hayamos logrado despedirnos del virus?

Mientras todos miramos al coronavirus, se descubre otro agujero en la capa de ozono

Por muy alejados de la civilización que se encuentren los incendios, el virus puede suponer un problema para los bomberos, que se ven obligados a viajar juntos y trabajar codo con codo, a veces sin poder mantener la distancia de seguridad adecuada. Pero no son los únicos perjudicados.

Según ha explicado en declaraciones a Popular Science el director del Departamento de Medicina Respiratoria de la Universidad de Columbia Británica, Christopher Carlsten, el humo de los incendios, compuesto por una mezcla de partículas y gases como el dióxido de carbono, los óxidos de nitrógeno y el monóxido de carbono, pueden causar inflamación en los pulmones, pudiendo dificultar la respiración y empeorar los síntomas y la evolución del virus en los pacientes que vivan cerca del lugar en el que se originó el fuego.

Los incendios forestales tienen la culpa del aumento de la radiación en Chernóbyl

En 2017, un estudio publicado en Actas de la Academia Nacional de Ciencias concluía que aproximadamente el 84% de los fuegos forestales iniciados en los Estados Unidos se habían originado por causas humanas. Si bien ese porcentaje no es el mismo en otros puntos del planeta, está claro que las personas están detrás de muchas de estas catástrofes, por lo que el confinamiento debería facilitar que se reduzcan. No obstante, el trabajo en el campo y ciertas actividades industriales siguen vigentes, por lo que es importante extremar las precauciones para minimizarlos aún más. Ya tenemos un enemigo gigante con el que lidiar, cuanto menos desviemos la atención y menos armas le demos, antes podremos acabar con él.