La pandemia del coronavirus continúa asolando numerosos países alrededor del mundo y, pese a que muchos tienen la vista puesta ya en la desescalada del confinamiento y en la vuelta a la relativa normalidad, los expertos coinciden en que la enfermedad aún estará tiempo entre nosotros. Ante ello, comienzan a surgir creativas soluciones para lidiar con los problemas derivados del mismo, como drones capaces de registrar la fiebre y el espacio entre personas.

Porque el retorno a un contexto normalizado, cuando ocurra, será de manera ralentizada y con unas ciertas medidas que garanticen que no tiene lugar un nuevo brote o expansión de la enfermedad, lo cual obligaría a volver a la situación inicial. Es por ello que compañías de todo el mundo, como Google o Apple, trabajan en sintonía con los organismos de distintos territorios para poner en marcha sistemas que den la posibilidad de seguir el rastro del virus y establecer el máximo coto al mismo.

Draganfly, una compañía estadounidense especializada en el trabajo con drones, quiere ahora aportar su propia solución. Según relataban en una publicación el martes, iban a iniciar una colaboración con Departamento de Policía de Westport, Connecticut, para poner en marcha un programa piloto que permitiese reforzar la seguridad ante la Covid-19 en la ciudad.

Control en las alturas

Tal y como explicaban, un dron de estas características «estará equipado con un sensor especializado y sistemas de visión por ordenador que pueden mostrar fiebre / temperatura, frecuencia cardíaca y respiratoria, así como detectar personas estornudando y tosiendo en multitudes, y donde sea que grupos de personas puedan trabajar o congregarse». Además, podrían ser utilizados para reforzar de manera proactiva el distanciamiento social en la vía pública, midiendo el espacio entre personas.

Aunque en un principio esta tecnología contaba con la aprobación de las autoridades, la Unión Estadounidense por las Libertades Civiles (ACLU) del mencionado Estado se apresuró a mostrar su disconformidad con dicha decisión, avisando de que no se debe bajar la guardia ante acciones interesadas de las compañías por extender sus posibilidades de negocio. «Cualquier nueva medida de vigilancia que no esté siendo defendida por profesionales de la salud pública y restringida únicamente para el uso de la salud pública debe ser rápidamente rechazada», expresaban en un comunicado.

La nueva tecnología, asegura Draganfly, sería posible gracias a la integración de diversas herramientas de software de aprendizaje profundo y servicios de datos, en colaboración con la Universidad de Australia Meridional. El plan era «utilizar la tecnología de drones para ayudar a proteger a los posibles grupos en riesgo, como personas de la tercera edad, multitudes que se reúnen en la ciudad y playas de propiedad estatal, estaciones de tren, parques y áreas de recreación, centros comerciales y otras áreas donde las personas tienden a concentrarse».

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Las declaraciones de la ACLU han hecho al Departamento de Policía de Westport retractarse de su decisión, no obstante, por lo que el programa no se pondrá en marcha en este lugar. Al menos, no de momento.

Así y todo, con o sin la intervención de Dranganfly y sus herramientas, es una realidad que los drones pueden ser utilizados de manera eficiente en los tiempos que corren, y así ha sido demostrado ya en ciudades como Madrid o en Wuhan, al comienzo de la epidemia. Pero si veremos pronto o no a estos recorriendo las calles midiendo la temperatura de los transeúntes y ofreciendo avisos verbales para reforzar el distanciamiento social es algo que, por ahora, aún desconocemos.

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