Ahora que sabemos que el porcentaje de asintomáticos con coronavirus es mucho más alto de lo que se pensaba y que la posibilidad de que estos contagien también es más elevada de lo que se planteó en su momento, la opinión de muchas instituciones con respecto al uso de mascarillas entre la población general ha cambiado.

Al salir a la calle todos debemos considerar que nosotros mismos somos posibles contagiadores y comportarnos como tal, tomando las medidas pertinentes de distanciamiento y seguridad. Por eso, también puede ser muy útil utilizar las mascarillas, que en el caso de las quirúrgicas o de tela ayudan principalmente a evitar que la persona que la lleva puesta contagie a otra.

Recientemente el gobierno de España ha pactado su precio en las farmacias, al igual que el del gel hidroalcohólico, y ha proporcionado una remesa de ellas a las comunidades autónomas para que las repartan de forma gratuita en diferentes puntos, especialmente en las paradas de transporte público. Además, la mayoría de farmacias vuelven a tener existencias de ellas. Sin embargo, sigue siendo complicado tener suficientes unidades para utilizar una cada día y desecharla al final de la jornada. Por eso, no queda otra que pensar en desinfectarlas. No es lo más recomendable, pero a veces no queda otra opción. Ahora bien, ¿cuál es la mejor forma de hacerlo?

Mascarillas de tela

En el caso de las higiénicas o las caseras; en las que, por cierto, no debemos olvidar que no todo vale, al ser de tela, la mejor opción es lavarlas como cualquier otro tejido.

A la hora de lavar ropa u otro artículo textil que haya podido estar en contacto con el coronavirus, se recomienda hacer lavados de al menos media hora, con una temperatura mínima de 60ºC. Aunque se puede añadir lejía, en principio basta con usar un detergente normal; ya que, al igual que ocurre con el lavado de manos, el jabón tiene la capacidad de degradar la membrana que rodea y protege al SARS-CoV-2.

El propio Centro para el Control y la Prevención de las Enfermedades de Estados Unidos (CDC) hace referencia al simple uso de la lavadora en el informe emitido para la elaboración de mascarillas de tela caseras. Eso sí, es importante que no permanezcan húmedas mucho tiempo, para evitar que puedan proliferar en ellas otros microorganismos.Esto parece sencillo, ¿pero qué pasa con las que no son de tela?

No tan fácil con las FFP2 y las FFP3

Dejando a un lado que estas mascarillas con filtro deberían ir preferentemente para los sanitarios, si las tenemos, nos encontramos ante un problema similar en lo referente a la reutilización. Además, al contrario de lo que ocurre con las de tela, no pueden meterse simplemente en la lavadora.

En estos casos, se están investigando diferentes posibilidades. En la Universidad de Standford, por ejemplo, se ha llevado a cabo una revisión de la literatura científica, para determinar cuáles son los métodos más efectivos que se pueden usar en los hospitales. Los trabajos que se han tenido en cuenta para su elaboración analizan la capacidad de eliminación de otros patógenos, no del coronavirus, pero pueden dar información útil. A grandes rasgos, se proponen opciones como la radiación ultravioleta, el calor a unas condiciones muy concretas de temperatura y humedad o el vapor de peróxido de hidrógeno. Estas son técnicas que se pueden implementar en laboratorios y hospitales, pero no son fácilmente aplicables en un entorno cotidiano. Y tampoco se pueden sustituir por opciones más caseras. Por ejemplo, el uso de vapores, si no se realiza correctamente, puede facilitar el que el virus se expanda por el aire. Tampoco son útiles las lámparas o linternas de ultravioleta que podamos tener por casa, ya que podrían no emplear la longitud de onda adecuada y, además, si no se usan correctamente, quizás inactiven los virus más accesibles, pero permanecerían intactos en los pliegues de la mascarilla.

Tampoco se recomiendan desinfectantes como la lejía, tanto por la posibilidad de que la estropeen como por el hecho de que sus vapores pudieran ser tóxicos para la persona que la lleva.

Por eso, algunos profesionales, como la farmacéutica y divulgadora científica Marián García, hacen referencia a que, para personas que usan la mascarilla una vez a la semana para ir a la compra, si es una de este tipo puede guardarse en una bolsita hasta su próximo uso, de modo que, en caso de estar contaminados, los virus se inactiven con el paso del tiempo.

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