Aunque nos encontramos en plena epidemia de coronavirus, no debemos olvidar que la gripe no ha desaparecido y sigue infectando a personas en todo el mundo, causando la muerte de algunas de ellas. De hecho, según datos de la Organización Mundial de Salud, entre 290.000 y 650.000 personas mueren por esta enfermedad cada año.

Por eso, los pacientes de riesgo deben vacunarse para evitar contraer la enfermedad en la medida de lo posible. Y deben hacerlo año tras año, pues la vacuna es diferente cada temporada, con motivo de la facilidad del virus Influenza para mutar. Esto es un problema, pues requiere que a medida que llega el frío los investigadores puedan determinar cuáles serán los virus con más probabilidad de generar infecciones graves y, llegados a este punto, generen la vacuna a tiempo para comenzar a administrarla antes de que empiece la epidemia gripal. Esta es la razón por la que muchos científicos intentan desarrollar una vacuna de más amplio espectro, que además pueda administrarse durante todo el año y no solo al comienzo de la temporada de frío. Es el caso de una, desarrollada por científicos del consorcio Universal Influenza Vaccines Secured, que recientemente acaba de pasar con éxito la fase 2b de los ensayos clínicos en humanos. Los resultados, que abren la puerta para una nueva fase, se han descrito hoy en Annals of Internal Medicine.

Una vacuna segura

Las vacunas contra la gripe suelen ir dirigidas a cepas de Influenza A y B. Las primeras, entre las que se encuentra la famosa H1N1, pueden infectar a varias especies animales y propagarse a través de los humanos, causando epidemias como la de 2009. Las de tipo B solo afectan a humanos y causan una sintomatología mucho más leve que las anteriores.

Esta nueva vacuna, bautizada como Flu-v, protege para cepas de ambos tipos y puede fabricarse y administrarse durante todo el año, por lo que reduciría la saturación de tener que hacerlo todo en un tiempo muy reducido y, además, no daría pie a que la epidemia de gripe comience a expandirse antes de que la población empiece a estar vacunada.

De momento, los ensayos clínicos han superado las primeras fases, la última de ellas la 2b, dirigida principalmente a comprobar su seguridad en humanos.

Para hacerlo han reclutado a 175 adultos sanos, con edades comprendidas entre los 18 y los 60 años, a los que se ha administrado una dosis de la vacuna con adyuvante o dos dosis sin adyuvante. Los adyuvantes son sustancias que se utilizan en la composición de este tipo de fármacos para potenciar aún más su inmunidad y que, en ciertas ocasiones, pueden ser responsables de algunos de sus efectos secundarios. Por eso es importante comprobar cómo afectan en estas fases dedicadas a analizar la seguridad.

El estudio realizado fue doble ciego controlado con placebo, lo cual quiere decir que ni los pacientes ni los propios experimentadores sabían quién estaba recibiendo el medicamento y quién una sustancia idéntica sin ningún tipo de efecto. Una vez que todos recibieron la vacuna, se dejaron pasar primero 42 y después 180 días, para analizar lo ocurrido en ambos momentos. Además, durante todo ese periodo tuvieron que informar cómo se sentían diariamente. De este modo, pudieron ver que aquellos que recibieron una dosis única de vacuna mostraron una respuesta inmune mayor que aquellos a los que se administró el placebo. En cuanto a los efectos adversos, que eran el principal objetivo de esta fase, todos los que se reportaron podían catalogarse como leves o moderados, de modo que la vacuna se consideró como segura. Estos resultados, según los propios investigadores, justifican la puesta en marcha de un ensayo en fase 3, dirigido a estudiar más exhaustivamente la eficacia del fármaco. Todavía quedan muchos pasos por delante, pero el recorrido no está siendo espinoso. Hasta que logren llegar a la meta, solo queda recordar a los pacientes de riesgo que no olviden vacunarse cada campaña. Y para los demás, igual que con el coronavirus: no olvidéis lavaros bien las manos, toser en el antebrazo y usar solo pañuelos desechables. Puede parecer poco, pero es la mayor medida que podemos usar como población para evitar la expansión de este tipo de enfermedades.