– Mar 3, 2020, 22:35 (CET)

El secreto detrás del éxito del ‘El Hombre Invisible’

Convertida en el éxito de taquilla del pasado fin de semana y también, en uno de crítica, El hombre invisible es mucho más que un ejercicio de estilo afortunado. Te contamos como fue que Leigh Whannell, lucho contra las presiones del estudio y de las proyecciones tempranas, para llevar adelante su visión sobre el mítico monstruo de Universal.

La que ya se considera la película Blumhouse definitiva y una de las mejores de suspense del año tuvo que atravesar todo tipo de presiones externas para llegar a la pantalla grande tal y como la imaginaba Leigh Whannell. El director contó a Hollywood Reporter cómo se enfrentó de manera decidida a la insistencia de ejecutivos e, incluso, a opiniones después de proyecciones tempranas que creían necesario “mostrar más” para aumentar la efectividad de la película.

Uno de los recursos más celebrados de la historia que reinventa al enigmático monstruo para una nueva generación, es el hecho que Whannell tomó el riesgo de usar tomar largas y puntuales al vacío, para dialogar con la posibilidad de la existencia del misterioso villano, en lugar de recurrir a efectos especiales para hacerlo. De hecho, su método de efectivos juegos visuales, luces y sombras para ilustrar una narración complicada, es uno de los logros más contundentes del film que sorprendió a la audiencia durante el fin de semana.

Pero además, Whannell decidió ocultar algo más: la violencia infligida contra Cecilia (Elisabeth Moss), personaje central de la trama. La actualización de la novela de ciencia ficción de H.G. Wells es además un alegoría poderosa sobre el poder, el control y la dominación que el director puso en el centro de un argumento cada vez más denso y asfixiante.

Para la ocasión, la historia muestra cómo el personaje de Moss intenta escapar de manera desesperada de la relación que sostiene con Adrian Griffin (Oliver Jackson-Cohen), un poderoso emprendedor tecnológico con múltiples recursos y que además, ejerce el maltrato físico desde lo invisible. El planteamiento es no solo un novedoso giro acerca de la percepción sobre el poder real que sostiene al El Hombre Invisible como símbolo, sino que además avanza y elabora una construcción muy elaborada sobre metáforas acerca de la crueldad y el miedo.

Pero a pesar de su inteligente núcleo narrativo, Whannell recibió algunas notas de ejecutivos —sobre todo después de las evaluaciones de prueba—, que insistían que era necesario ilustrar de manera directa la violencia que Cecilia sufría en el hogar. ¿La razón? Se temían que la breve escena que contextualiza el sufrimiento del personaje — y que muestra su angustioso escape de la casa que compartía con su torturador — no fuera suficiente para explicar los motivos del villano, no muy claro para el público de prueba.

“Recibimos esa nota en el camino. En las evaluaciones de prueba, una cosa que escuchábamos era: bueno, necesito ver más”, dijo Whannell a The Hollywood Reporter. “Casi parecía haber esta necesidad para una escena de ‘Pasemos cinco minutos con ellos antes de su escape’. Y simplemente no quería escribir eso. Nunca iba a poder escribir una escena que hiciera que Adrian fuera tan aterrador como el público lo esperaba. En mi opinión, las reacciones de Cecilia y la forma en que estaba actuando podían contar todo lo que (el público) necesita saber”.

No es la primera vez que el director analiza sus singulares decisiones a la hora de contar una historia que se basa más en un inteligente juego de silencios, ángulos complicados y atmósferas casi Hickconiana que en otra cosa, causando desconcierto por la efectividad que logra con muy pocos recursos. La película —cuyo presupuesto es de apenas 7 millones de dólares— está mucho más enfocada en la forma en que los personajes interactúan con la posibilidad de la amenaza que con lo que en realidad puede verse, algo que para Whannell era imprescindible y, en especial, la base de su idea original. En la misma entrevista con THR, el director deja claro que su prioridad era lograr mucho “sin gastar demasiado”, algo que logra y que además convierte a El Hombre Invisible en una película inmediatamente rentable.

Dinero, ese dinero invisible

Claro está, no es la primera vez que Blumhouse logra un éxito considerable con una inversión mínima: la forma de hacer negocios de la productora no sólo es un ejemplo de buen hacer empresarial sino también, una brillante versión del cine de autor o de clase b, en forma de dividendos considerables.

Whannell asumió la percepción sobre la ganancia de la misma forma que la productora y logró crear una versión de una película mucho más costosa, en un empaque pequeño.

“En primer lugar, tomé 5 millones de dólares estadounidense, que es el presupuesto promedio de Blumhouse y lo extendí con incentivos fiscales y el tipo de cambio. De repente, 5 millones se convierten en 10 millones en Australia, en donde fue filmada la casi totalidad de la película. Además, Whannell, que también es guionista del film, logró construir una estructura de costos que se adecuara a una serie de escenas interiores que le permitieron reducir los costos de manera drástica.

Gran parte del argumento de El Hombre Invisible, transcurre en medio de espacios muy reducidos o en una misma locación, debido a los traumas y dolores mentales del personaje de Elisabeth Moss. La salvedad permitió al director crear atmósferas, antes de construir una versión más opulenta y efectista del inquietante monstruo sin rostro.

Whannell corrió todo tipo de riesgos creativos al momento de ilustrar la extraña interacción entre una presencia latente y los personajes a su alrededor. Según comenta, su intención era crear un tipo de desorientación tan aguda, que sustituyera al terror habitual por una paranoia directa sobre cualquier espacio vacío en pantalla grande. “Nunca podría escribir una escena que sea tan aterradora como lo que Elisabeth puede hacer solo con sus reacciones. Al pasar por Elisabeth, el público completará los espacios en blanco y dirá: “Oh, Dios mío, este tipo es aterrador”. Esa era mi esperanza, de todos modos. No voy a decir que lo sabía con certeza, pero esperaba ocurriera de esa forma”.

Como si todo lo anterior no fuera suficiente, Whannell dio absoluta libertad a Elisabeth Moss para modificar el guion todas las veces que fuera necesario, para aumentar la tensión y la sensación malsana que debía producir las escenas más duras. “Aprendí mucho de Elisabeth sobre decir menos. No es tanto una cuestión de género específico, pero la mayor lección de escritura de guiones que me impartió fue no escribir tanto. He escrito algunos guiones a lo largo de los años, pero más que cualquier otra película en la que haya trabajado, vi cuánto puede hacer un gran actor. Lizzie podría comunicar un monólogo completo con una mirada, y luego, tendríamos esas conversaciones en el set”, cuenta el director que desde el principio admite que Moss fue su elección natural para el papel de la heroína de su película.

El Hombre Invisible logró rebasar los veinte millones de dólares en recaudación durante el fin de semana pasado, lo que la convierte en el primer gran éxito de taquilla del año. Para Whannell se trata de un triunfo de las buenas ideas y para Blumhuose, un logro que demuestra que la productora aún mucho tiene mucho que decir sobre el futuro del género del terror.