Hasta ahora, la prueba más extendida para el diagnóstico de coronavirus consiste en la realización de una técnica conocida como RT-PCR, cuyo objetivo es identificar el material genético del virus en una muestra de la garganta o la nariz del paciente. De este modo se identifica si el patógeno está en ese momento en el organismo y, además, se puede identificar cuál es la carga viral. Es una prueba que, en condiciones óptimas, tarda unas cinco horas, aunque con los hospitales y los laboratorios tan saturados como en este momento, lógicamente, se tarda más.

Por eso, hasta ahora este tipo de pruebas se están llevando a cabo preferentemente en pacientes de riesgo o con sintomatología grave. Es una medida acorde a la situación, pero que no cuadra con las recomendaciones de la OMS o los procedimientos de otros países, como Corea del Sur, que realizó una mayor cantidad de pruebas, facilitando el aislamiento de personas que, a pesar de estar muy leves o asintomáticas, podían contagiar la enfermedad. El objetivo es empezar a realizar un mayor número de test y para eso es importante explorar otras opciones, como la presentada por un equipo internacional de científicos, que cambia la RT-PCR por otra técnica, conocida como ELISA, que no localiza el material genético del virus, sino los anticuerpos generados por el organismo ante su presencia.

Cambio de enfoque

La PCR es una prueba muy empleada en biología, por su capacidad para amplificar muestras muy pequeñas de ADN. Muy someramente, se podría considerar como una “fotocopiadora de material genético”, que toma una muestra con una pequeña cantidad de este y obtiene una mayor cantidad de copias, haciendo mucho más fácil su detección. Además, lo hace con secuencias concretas, por lo que es muy útil en ámbitos como el de las ciencias forenses o las pruebas de paternidad.

También se puede usar para identificar la presencia de un virus. Sin embargo, el material genético del SARS-CoV-2 es ARN, por lo que es necesario recurrir a la RT-PCR, una variante que, antes de comenzar el proceso de “fotocopiado”, convierte el ARN en ADN. Sirve para identificar personas que están infectadas en ese momento, ¿pero qué pasa con las que ya se han curado? Cuando se hace el seguimiento de una epidemia, o una pandemia como en este caso, también es importante identificar a estos individuos, pues puede que ellos ya no tengan la enfermedad, pero aquellas personas con las que estuvieron en contacto han podido desarrollarla y, a su vez, contagiar a otras.
Por eso es tan interesante localizar los anticuerpos en suero, pues son los que se quedan en nuestro organismo una vez que hemos vencido al virus. Para eso, estos científicos han recurrido a una técnica llamada ensayo serológico de inmunoabsorción ligados a enzimas (ELISA por sus siglas en inglés).

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Esta es una prueba mucho más rápida y muy común para la detección de moléculas concretas. Para ello, se utilizan anticuerpos específicos para unirse a ellas, que a su vez están ligados a una enzima (un tipo de proteína) que genera una reacción visible, normalmente colorimétrica. Es, por ejemplo, la técnica usada en los test de embarazo, en los que se localiza la gonadotropina coriónica humana, presente en la orina de las gestantes, mediante un cambio de color.

En este caso, como lo que se busca es detectar anticuerpos, se usan antígenos recombinantes derivados de la proteína espiga del SARS-CoV-2.

La función de los test de diagnóstico rápido que está empezando a repartir el gobierno por los hospitales de España es precisamente esa: medir anticuerpos. Estas son pruebas mucho más rápidas que la PCR, pues aportan resultados en solo 15 o 20 minutos, aunque presentan un pequeño inconveniente. Y es que, como explican en la página web de le compañía de Diagnóstico Molecular Empireo, los anticuerpos pueden medirse en el suero del paciente a partir del día 7 de la infección. Por lo general, las personas comienzan a manifestar síntomas entre los días 4 y 14, por los que en aquellos que se encuentren entre el 4 y el 7 se podría obtener un falso negativo. Esto es algo que deben saber y tener en cuenta los profesionales que realicen la prueba, para calcular cuándo sería necesario recurrir a al PCR. Más allá de eso, esta forma de diagnóstico supone una gran ventaja que, si todo va bien, ayudará a hacer un mejor seguimiento de la situación en España.