La epidemia del coronavirus originado en China —cuyo nombre, covid-19, es un acrónimo del inglés “coronavirus disease 2019”— tiene en vilo al mundo entero. Cada día nos informan de cuántos nuevos infectados hay, el número de fallecidos y de los que han logrado sobreponerse a la enfermedad y hasta dónde llega su rápida expansión hasta el momento dentro de Asia o más allá de este continente. Así, aunque demuestre poseer una tasa de mortalidad bajísima —un dos por ciento—, debido a su alta capacidad de contagio hemos comprendido bien que los terrores que nos mostraban las películas sobre pandemias son muy reales.

Pero precisamente de determinado tipo de estos terrores no se está hablando demasiado; o, por lo menos, fuera de Estados Unidos: los medios de comunicación de aquel país reportan casos indignantes de hostigamiento y agresiones a ciudadanos de ascendencia asiática con el covid-19 como excusa. “Los virus no tienden a discriminar a personas de ciertos orígenes raciales. Pero la gente obviamente puede”, apunta Bruce Y. Lee en la revista Forbes. Porque, a la luz de los hechos, resulta bastante obvio que “esta cepa de coronavirus puede ser nueva, pero el sentimiento antiasiático ciertamente no lo es”.

Y continúa con estas palabras: “Cuando las actitudes antiasiáticas permanecen, basta solo un pequeño suceso, como la retórica de un político, una situación estresante [y a la epidemia del coronavirus podemos considerarla así] o incluso solo un programa de televisión para revelar la intimidación y el acoso”. Y remata: “Como suele decirse, se ve la verdadera naturaleza de las personas en tiempos de coacción”. La que ha sufrido la tailandesa-estadounidense Tanny Jiraprapasuke, por ejemplo, en el suburbano de Los Ángeles: un pasajero furioso se dedicó a despotricar contra los chinos durante diez minutos por su presencia.

“Todas las enfermedades han venido de China, amigo”, aseguraba sin sentido alguno. “Todo viene de China porque son jodidamente asquerosas”. Y, después de aguantar su bilis racista, Jiraprapasuke descubrió la etiqueta global #JeNeSuisPasUnVirus en Internet y que a otros habían padecido cosas peores: los hmong Kao y Lee Lor quisieron hospedarse en dos moteles de Plymouth y se negaron a permitírselo; un hombre golpeó a una mujer con tapabocas en el metro de Nueva York tras llamarla “enferma de mierda”; y unos estudiantes de California atacaron a un compañero al que acusaban de portar el coronavirus.

A raíz de todo lo anterior, los cineastas Michael Tow y Teja Arboleda han decidido burlarse de tamaña paranoia racista en un corto humorístico. El primero ha participado como actor en películas como R.I.P.D. Departamento de Policía Mortal (Robert Schwentke, 2013) o Slender Man (Sylvain White, 2018) y series como Ley y orden: Unidad de víctimas especiales (Dick Wolf, desde 1999) o Blindspot (Martin Gero, desde 2015); y el segundo ha realizado documentales como Crossing the Line: Multiracial Comedians (2008) o Model Minority: Do the Math (2013).

Juntos fundaron la productora Tow-Arboleda Films, y se describen a sí mismos como “narradores con conciencia social y crítica, comprometidos a marcar la diferencia a través de la realización de películas de alto impacto”. Su cortometraje sobre lo que ocurre por el covid-19, con más de 2,8 millones de visionados hasta la fecha, se titula Coughing While Asian (2020), y en sus créditos se refieren al un asiático que murió en Canadá de un ataque al corazón cuando los transeúntes no acudieron en su ayuda porque temían que tuviera el coronavirus. Un suceso trágico más que suficiente para empujarles a rodar este corto.